Opinión • La vida como escenario • Arturo Mora

“Somos los actores de una obra en la que vamos literalmente improvisando a partir de nuestras ideas…”

Opinión • La vida como escenario • Arturo Mora

La vida se siente con la fuerza de la alegría y del dolor. Las pérdidas de vida y los contagios crecen. Las medidas se tendrán que endurecer. El colapso del sistema de salud es inminente. Por un lado, la tristeza se siente ante la muerte y la enfermedad y por el otro, la alegría por sabernos sanos y que muchas personas se recuperan de situaciones críticas que el covid-19 y otras enfermedades causan.

La vida se presenta como un escenario donde lo importantes es que nosotros somos los actores de una obra en la que vamos literalmente improvisando a partir de nuestras ideas, de muestras creencias, de lo que sabemos y lo que vamos aprendiendo, pero, también a partir de nuestra historia personal y de cómo hemos ido forjando una personalidad propia, en la interacción con los otros. Todo ello en un escenario dinámico en el que vamos tomando decisiones y viviendo. No todas las veces podemos actuar con la claridad necesaria y tomar las mejores decisiones; al contrario, somos muy contradictorios y creamos problemas que afectan la vida y la dignidad de las personas, aun de las que queremos y amamos. Aunque el verdadero reto es buscar la congruencia para poder pensar, sentir y actuar con coherencia, es el desafío humano más importante.

Cada vez más, la vida toma sentido en esta pandemia, ante todo lo que nos está afectando. La incertidumbre crece y las depresiones también, aderezadas de una serie de situaciones humanas que afectan la vida cotidiana de las personas, su salud física y emocional, además de lo económico cada vez más difícil. El dolor esta apareciendo como respuesta al encierro, al miedo, pero también ante la falta de certezas y de seguridad. El dolor es real, pero el sufrimiento es opcional. Habrá que ir viendo cómo ayudarnos a salir de ese sufrimiento y dar paso a las acciones que nos ayuden a superar entre todos esta situación que se va alargando, más allá de lo esperado y de lo deseado.

Entre todo, hay que ir entendiendo que el modelo de desarrollo económico y social que tenemos, tanto como país y como mundo estamos en una crisis profunda. La dinámica económica esta paralizada y las formas de producción vigentes son profundamente cuestionadas ante los efectos ambientales y ante las consecuencias de la desigualdad que el capitalismo ha creado. Esta pandemia puede ser una oportunidad para repensar y rediseñar el mundo que queremos.

Sabemos que todo lo hacemos es un acto político, la forma en que vamos actuando en la sociedad nos lleva a tener una posición política, con conciencia social y de clase, o simplemente porque nos dejamos llevar por el contexto y las circunstancias, sin mucha reflexividad que digamos. Pero al final de cuentas, todo es político, porque estamos en relación los otros —en sociedad-. Más allá de nuestro mundo personal y privado, la vida es una constante relación social y por tanto política, y es a su vez una construcción social.

Ahora toca hacer que la vida sea un escenario de posibilidades para el cambio, para aprender, para la sororidad, para la fraternidad. En ese sentido se requiere desarrollar un diálogo crítico sobre lo que está pasando en país, en el estado, en los municipios. Tenemos la oportunidad de empezar a decir lo que se necesita y lo que demandamos como sociedad, tarea nada fácil, cuando el modelo de mercado ha fincado su éxito en el individualismo, en la fragmentación social y en el consumismo, a la par de que el ámbito político ha sido capturado por grupos y élites con visiones e intereses particulares, que de una u otra manera  usan las necesidades y creencias de las personas con fines electorales para acceder al poder, en el contexto de las democracias que tenemos hasta ahora. Eso ha hecho que la política sea para muchos un tema lejano y ajeno a la vida cotidiana. Los gobiernos representan visiones particulares y tienen compromisos e intereses que, las más de las veces, quedan ocultos a la ciudadanía.

Desde la necesidad del diálogo y la comunicación social tendremos que imaginar escenarios de vida, posibilidades para que la esperanza vaya tomando forma, para que la solidaridad se exprese. Sin embargo, lo que estamos viendo en estos días con la agudización de la pandemia, es un juego perverso del poder para la aplicación de las vacunas, en una dinámica propia del mercado —que no tiene escrúpulos- y que deja a la oferta y la demanda el valor de los tanques y concentradores de oxígeno y aditamentos para los enfermos de covid-19, en el servicio de cremación de los cadáveres, quedando atrapados por el dolor y la angustia y pagando precios desmedidos para obtener un poco de esperanza. Ya algunos gobiernos locales han entrado a apoyar con las recargas del vital gas, pero, la especulación se convierte en algo inmoral, si pensamos que la vida es lo más preciado que tenemos y que ahora queda a expensas a las terribles lógicas del mercado.

Podemos modificar Los escenarios de la acción colectiva. La política debe ser un tema de interés público. Debemos asumir una actitud y un pensamiento critico en todos los sentidos, sobre todo para ir evaluando el desempeño de los gobiernos, del actuar de los partidos políticos, de revisar las acciones y las políticas públicas que se están implementado. De pedir información clara y oportuna, exigir resultados, demandar cambios y sobre todola priorizar la vida de todas y de todos.

La muerte se siente cercana y se van acumulando los cadáveres. Entre ejecuciones, levantamientos y masacres, a las que se suman las muertes por covid-19 y por todas las demás enfermedades que se padecen, cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares e infecciosas. Desde esa realidad humana necesitamos construir un nosotros humano —desde un ser ciudadano y políticamente activo- en el que debemos hablar del “bien común” y refundar un “contrato social” donde la vida, la dignidad y los derechos humanos sean los ejes de un nuevo actuar social, y por lo tanto, político.  

Desde lo más humano tendremos la tarea y responsabilidad de seguir dando sentido y significado a nuestra existencia. Este poema de Mario Benedetti puede ser un punto inicial de reflexión interior, que nos invite a seguir construyendo las salidas colectivas que necesitamos, y a construir nuevos escenarios para que la vida sea y pensar la muerte, desde sentir la vida profunda y plenamente, para actuar en consecuencia y crear escenarios de vida.

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.
luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra
ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.
ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.
luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra
ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.
ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.





 

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