Realidades

“Lo real es que la pandemia nos muestra la ficción del llamado desarrollo…”

 

 

Pensar es pensar la incertidumbre.
Jorge Wagensberg

Odio la realidad, pero es en el único sitio donde se puede comer un buen filete.
Woody Allen

El confinamiento no es más que caer en cuenta de que convivir contigo mismo ha sido la peor de las etapas, porque si a nadie le gustaba como éramos antes de esto, nosotros mismos hemos ido desempolvando aquel demonio que cargábamos con nosotros.
 Karina Varas Sares

La lógica y la razón quedan rebasadas. No hay ninguna lógica para ponerse en riesgo ante la pandemia. La razón toma sentido desde los actores sociales que están en la fragilidad de la dependencia económica y de la subsistencia.

“La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en México, reportó que en el sector informal se sumaron 31.3 millones de personas, cifra 2% mayor que en 2018. El informe refirió que respecto a la Población Económicamente Activa (PEA), el indicador alcanzó 57.7 millones de personas de 15 años y más (33.7 millones son hombres y 22 millones son mujeres), cantidad que fue superior en 1.5 millones de personas en comparación con el mismo periodo de octubre a diciembre de 2018”.[1] Hay una realidad para comprender a las personas que se trasladan en el transporte público, o en los tianguis y mercados, en los cruces de calles vendiendo o haciendo malabares, o que tienen que ir a sus empleos. El hambre duele.

La pandemia tiene su expresión en la vida económica. La estrategia aplicada para el manejo del Covid-19 busca aplanar la curva, para evitar una severa crisis del sistema de salud. México apostó por un modelo intermedio de contención de los contagios, como una invitación a quedarse en casa y la aplicación de las medidas sanitarias de “sana distancia”, sin detener toda la economía, como sucedió en otros países. El costo total de la estrategia no lo sabemos aún, pero ya tenemos 40,000 defunciones por Covid-19.

Algunos datos van apareciendo. El número de empleos formales que se han perdido, al 30 de junio de este año 2020 es 921,583 -ya ronda en el millón de trabajadores despedidos-. La inflación creció en 3.33%. Por otra parte, pese a las medidas de austeridad anunciadas por el gobierno federal, la deuda pública creció en 11.3%. Se estima que 3 millones de personas ingresaron a la categoría de pobreza en lo que va de la pandemia. A su vez, se estima que entre 9 y 12 millones de mexicanos ingresaran a la categoría de pobreza extrema, como producto de los efectos económicos de la estrategia de contención de la pandemia. La crisis económica, consecuencia de la pandemia, demuestra que ésta no es democrática: afecta a los más vulnerables, se ensaña con los más pobres.

En el nivel mundial los efectos son muy fuertes. Las cadenas de valor de una producción globalizada han sido impactadas, y con ello los empleos y las ventas. El paro de una fábrica en México tiene consecuencias en otra parte del mundo en la cadena de suministros, y viceversa. Se ha puesto en jaque la estrategia internacional de negocios. Un ejemplo de esto son las aerolíneas en el mundo. Los anuncios de quiebra están a la orden del día y la nueva normalidad para el turismo mundial será más que un desafió comercial. En los países más pobres el efecto del Covid-19 será también una expresión de la desigualdad. El refrán de que al perro más flaco se le suben las todas las pulgas se hace realidad una vez más; ahí está el caso de África.

Entre todo esto, la pregunta por la salud física y mental, así como el bienestar de las personas es más importante que nunca. La realidad del covid-19 permite pensarnos desde la incertidumbre y sobre lo que es la realidad humana. Situación nada fácil desde la complejidad misma que nos define y nos pone en la permanente contradicción de lo humano, junto con los problemas de comunicación y los pocos recursos —competencias socioemocionales- que tenemos para expresar de forma adecuada lo que pensamos y sentimos.

Las expresiones de esta realidad están aflorando —ansiedad, soledad, depresión, angustia, miedo, ira, irritabilidad- y afectan la salud mental de las personas. Las manifestaciones y cambios en la conducta humana no son producto de la pandemia en sí misma. Al contexto inédito del confinamiento, la cuarentena de los infectados asintomáticos, de quien tiene el virus y está hospitalizado, además de su temor al contagio o a contagiar, se suma el miedo a la muerte y el terror a morir en soledad y a saber que no se tendrá un velorio de despedida, y lo que llevaría a los “duelos en el vacío y en la ausencia”.

Todo esto trastoca profundamente las emociones y los sentimientos, creando la urgencia de devolver el valor a la palabra y a la cercanía, aun en la distancia y en la virtualidad, para con ello dar paso a la amistad, al cariño, la ternura, la fraternidad, la sororidad y el amor, para encontrar junto con otros las salidas posibles a todo este caos, y que en el mejor de los casos seamos mejores seres humanos después de la pandemia.

Las relaciones humanas en la familia, en la pareja, con los amigos, se han puesto a prueba. Las tensiones y conflictos han aflorado. Muchos de ellos también tienen su base en la realidad social, además de los rasgos de personalidad de cada persona, que se conjuga con la realidad social y en la estructura económica, dentro de una cotidianidad que promueve un modelo de sociedad que ha creado la ilusión de la felicidad individual, como única posible, en la que se aspira como único mandato a ser un excelente consumidor, aun bajo el esquema de vivir endeudado de por vida.

Una realidad donde la sociedad de mercado ha instalado patrones dominantes de comportamiento, y en que la sociedad de consumo se erige como el nuevo paraíso terrenal, donde el capitalismo ha creado demandas y necesidades artificiales a costa de la explotación irracional del medio ambiente y de las personas, en la que se montan estándares de consumo sobre lo que somos y lo que deseamos ser, complejizando aún más lo que somos.

Lo real es pese a nosotros. Lo real es que la pandemia nos muestra la ficción del llamado desarrollo económico y de la falsa promesa de la felicidad que anuncia el capitalismo de mercado. Lo real también nos pone ante la evidencia de la fragilidad humana y social. Pero es sólo desde la realidad por dura que sea, el que se puede actuar para revertir los efectos de la crisis que tenemos y sólo desde el reconocimiento del otro, como real, con su dolor y sus síntomas, es que podemos avanzar y buscar formas de sanar emocionalmente. El desafío es múltiple, nada sencillo. Implica un esfuerzo individual sin duda, pera la realidad nos dice que sólo puede salir bien librada la sociedad con ayuda de unos a otros; la salida es colectiva. Juan Rulfo escribió: “Nos salvamos juntos o nos hundimos separados”.

 

[1] https://www.infobae.com/america/mexico/2020/02/23/empleo-informal-en-mexico-suman-ya-313-millones-de-personas-en-ese-sector/

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