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18:11h. Viernes, 19 de Octubre de 2018

“La esperanza sigue siendo por ahora la forma de crear utopías y resistir…”


 

Requisitos para votar:
Credencial de elector
Memoria
Dignidad

Circula en las redes sociales
 

Señales, muchas
El discurso oficial se desmorona.
No se sostiene la credibilidad de quienes representan a las instituciones del Estado.
El agotamiento del modelo de desarrollo impuesto tiene un dramático saldo social.
La desigualdad social crece sin pudor o arrepentimiento.
La acumulación de la riqueza va más allá de la opulencia y el lujo.
La guerra crece como negocio muy rentable, a corto, mediano y largo plazo.
La vida humana se desprecia.
La dignidad humana se quiere hacer una mercancía.
El individuo se autoproclama vencedor cerrando los ojos.
La sangre se mezcla con el petróleo y carbón.
El hambre desgarra intestinos de niños y niñas.
El poder económico sueña con el control total.
Las redes sociales son territorio para soledades, angustias y vanidades.
Las ideologías se diluyen como líquidos agitados por la plusvalía.
Los pueblos originarios resisten como pueden, aun ante el olvido.
Las mujeres reclaman con justicia sus derechos, que son negados por un poder patriarcal.
Normas y leyes son usadas en favor de quien puede pagar por su uso y para su beneficio.
Nuevas fronteras físicas y legales, la fraternidad boicoteada por nacionalismo y racismo.
Los empleados calificados son la nueva clase obrera que no se sabe clase social.
Las pantallas quieren entretener y distraer sin éxito el dolor y vacío existencial.
Ganar tiempo, hacer todo más fácil y rápido, para perderlo miserablemente.
La pasión se confunde con la adrenalina.
Las y los políticos se deshicieron de la culpa y de la responsabilidad.
El cuidado del cuerpo emerge como tributo al mercado.
Aprender rápido, fácil y sin esfuerzo, es la nueva consigna de la calidad de la educación.
Se privatiza la seguridad personal y familiar.
La naturaleza empieza ser un bello recuerdo que se registra en imágenes que se proyectan sobre muros artificiales.
La historia de la civilización humana se convierte en souvenir.
El éxito también es autoexplotación.
La violencia se instala como método de regulación social; su ilegalidad se lleva la perversión y la atrocidad de lo humano.
La opacidad del trabajo gubernamental brilla por su falta de resultados.
El trabajo se transfiguró en requisito de existencia.
La salud es una dádiva siniestra del Estado y de las farmacéuticas.
La violencia política se convierte en la nueva arena del circo romano.
La impunidad del Estado crea desesperanza.
La maternidad se plantea como condena para niñas y adolescentes.
El agua y el aire serán mercancías en todas sus formas, con empaques y marcas.
La extinción de las especies –plantas y animales- será el nuevo álbum Panini.
La convivencia es un espacio que dura los minutos estrictamente necesarios.
Las y los viejos duran más y le duelen e importan menos a la sociedad.
Las niñas, niños y adolescentes tienen muy pocas oportunidades reales de crecer con dignidad y con pleno respeto de sus derechos.
Los avances en la medicina son el nuevo espejismo de la inmortalidad.
La tecnología y sus pretensiones sueñan con prótesis para el alma.
La verdad es disfrazada en instantes, las fake news y la posverdad venden.
El comercio de personas –bebés, niños, niñas, adolescentes, adultos- nos deshumaniza.
Las creencias matan, los supuestos y la ignorancia también.
Mujeres y hombres creando nuevos oficios: buscadores de desaparecidos, sepultureros de fantasmas, detectoras de fosas clandestinas, cuidadores de padres, madres, hijos e hijas ausentes.
Nuevas categorías sociales emergen desde la impunidad: desplazados, expulsados, refugiados, asilados, huérfanos de la guerra, huérfanos del narcotráfico y del feminicidio, sobrevivientes de atentados, desaparecidos(as) revictimizadas(os), daños colaterales, lugares y tiempos equivocados.
Los cimientos de la sociedad neoliberal tienen daños y fallas estructurales.

Otras señales, pocas

La esperanza sigue siendo por ahora la forma de crear utopías y resistir.
La resiliencia es el nuevo sustantivo para nombrar a la fe.
La inconformidad y la rebeldía subsisten.
El amor todavía tiene atisbos de congruencia, de entrega y renuncia.
La amistad teje redes y crea andamiajes ante la soledad y el vacío.
El arte nos puede devolver la sensibilidad perdida.
La política nos puede pertenecer.
La exigibilidad de los derechos humanos es un camino para andar juntos.
La igualdad de género podrá conformar otro arreglo y acuerdo social.
Aprender de la sabiduría de los pueblos originarios es una oportunidad para crecer como sociedad.
Las y los jóvenes son presente y realidad.
El trabajo humano deberá dignificar la condición humana.
La cultura y deporte nos pueden dar unión, temple e identidad nacional.
El cuidado de la naturaleza es parte de lo que nos hace humanos.
La creatividad y la educación pueden ser el remedio para todo.
La dignidad y el respeto son un punto de partida para la justicia social.
Votar es parte de ese proceso de pensarnos como Nación, si es que la queremos con todo el corazón y con el alma.