Arturo Mora Alva
08:51
23/03/20

Serenidad y Sinceridad

“…la ciudadanía nos aflora cuando somos víctimas del abuso, del crimen, del delito, de la injusticia y de la impunidad…”
Serenidad y Sinceridad

Por más espesas y negras que estén las nubes sobre nuestras cabezas, el cielo allá arriba estará permanentemente azul.
“Todos los días se comienzan cosas, pero, tarde o temprano, todas acaban.
La vida, parece una línea recta, pero no lo es. Construimos nuestras vidas en tan sólo un cinco por ciento, el resto se hace a través de los demás, porque vivimos con los demás y, a veces uno contra el otro. Pero este pequeño porcentaje, este cinco por ciento, es el resultado de la sinceridad con uno mismo.

José Saramago

No cabe duda, somos un pueblo que no quiere crecer, como nos logró identificar Ikram Antaki al conocer y analizar nuestras prácticas sociales, así como nuestras maneras de asumir la realidad y crear dese ahí una serie de recursos sincréticos para defender nuestra idiosincrasia. Ahí está como ejemplo el Presidente, que se mueve entre la vida política y las decisiones a tomar y entre las ocurrencias y desatinos -estampitas y billetes milagrosos-, lo que no es de extrañar, ya que él representa una buena parte de ese México surrealista, el del pueblo que se mueve entre el pragmatismo del día a día y la buena esperanza convocada al amparo desortilegios, mandas, amuletos y remedios caseros para defenderse de la delincuencia, para encontrar algún trabajo o para encontrar a sus familiares desaparecidos.

Al mismo tiempo, somos una nación con una buena parte incredulidad para con los gobiernos en turno y dicho sea de paso, con un poco o un mucho irresponsabilidad institucionalizada. No nos fiamos de nadie y casi no nos hacemos cargo de nuestras obligaciones ciudadanas. Pero eso sí, la solidaridad nos define, pero ésta brota sólo hasta que aparecen las crisis —terremotos, masacres, inundaciones, huracanes y ahora pandemias-, y la ciudadanía nos aflora cuando somos víctimas del abuso, del crimen, del delito, de la injusticia y de la impunidad. Parece que eso nos vincula, nos hace sentir equívocamente iguales: “mal de muchos consuelo de tontos”, dirá el refrán popular.

Las redes sociales, son en parte un nuevo territorio de disputa de las creencias, de las ideologías y de algunas pseudoteorías, muchas de ellas propias de la especulación, la intriga y la sospecha. Habitamos el ciberespacio entre información y argumentos sólidos y científicos, y así comocadenas de oración, remedios mágicos, noticias falsas, propagación de rumores y de algunos textos de insignes analistas, donde la confusión reina y la desinformación se instala como criterio de verdad, donde el miedo y la ignorancia son terreno fértil para el desánimo y la anomia social.

Hay esfuerzos ahora para verificar la información respecto al Covid-19, porque la que se genera y se socializa en las redes sociales está saturada de reclamos políticos, con una carga politizada de crítica al Estado —con razón y sin razón-, con información y argumentos poco o nada científicos y, en mucho, capitalizando el temor de la población ante la pandemia del Coronavirus SARS -CoV-2, para vender remedios inútiles y para beneficiarse de la ignorancia y de las creencias de muchas personas y para llevar agua a su molino —por ejemplo, algún diputado panista regalando bolsitas de gel antibacterial con su nombre impreso.

En los próximos días estaremos entrado, desde la perspectiva de epidemiología, a la fase 2 de contagio del Covid-19, esto es, la propagación o trasmisión comunitaria, lo que implicará un mayor riego de contagio. El reto será evitar lo más posible esto, y la única manera es cuidado los aspectos de higiene, lavando de forma adecuada y de manera regular las manos, a la vez que tocar nuestra cara, boca y ojos con las manos limpias y estableciendo una sana distancia, en un perímetro de 1.5 a 2 metros. También es importante desinfectar con agua y jabón superficies de contacto en las que pudiera haber sido esparcido el virus, y se invita a un resguardo voluntario para disminuir sustancialmente los posibles casos de contagio. En el caso de los afectados,deberán ser atendidos por los servicios de salud y permanecer en resguardo al menos por 15 días, hasta que se genere la respuesta inmunológica. 

Lo cierto es que la vida parece seguir igual para muchas personas. Más allá de las actividades indispensables, la vida social sigue, las plazas y calles siguen habitadas, tal vez no con una afluencia regular de personas, pero siguen abiertos muchos establecimientos y hasta se escucha decir que lo del virus es algo inventado; esa vocación por la incredulidad nos gana.

Ante el pánico que las redes sociales promueven, lo que toca es apelar a la serenidad. Una serenidad que reclama un actuar racional, con un temple que ayude a desmotar la paranoia y controle los impulsos y emociones que se anclan en la ignorancia y el miedo. 

Por otra parte, se requiere apelar a la sinceridad, esa que se nutre de la verdad, y que integra lo que se siente con lo que se piensa, en consecuencia, con lo que se hace. Así mente, corazón y manos, se hacen uno y se logra la coherencia que sólo la sinceridad produce.

Nos toca actuar la serenidad y la sinceridad ante esta crisis de salud pública y vulnerabilidad. Nos toca apelar a estos dos atributos únicos de los seres humanos. Ambos conceptos sólo los son a partir de estar con otros —de la otredad como principio ontológico-. Ambos son expresiones producto de la cultura y de una perspectiva ética en la construcción del bien común. sólo si nos damos la oportunidad de reconocer y aceptar que somos seres sociales, que somos individuos, pero que somos una especie como muchas otras y que enesta triada, en la que se juegan las posibilidades de la supervivencia de la especie humana en los próximos años—esto es, después del virus-, habrá lugar para la esperanza de algo nuevo como civilización.

Es necesario empezar a hacernos preguntas desde la serenidad y la sinceridad, sobre el futuro humano en todas sus dimensiones: en lo social, económico, ambiental, cultural, psicológico, biológico y político de la civilización. Sólo desde ahí habrá una ventana de oportunidad para poner las bases de un nuevo acuerdo mundial de convivencia,cooperación y solidaridad entre pueblos y naciones. 

El virus está haciendo lo suyo; nos toca hacer lo nuestro. Serenidad y sinceridad son punto de partida para iniciar el proceso de hacernos las preguntas necesarias, pertinentes y urgentes, y al mismo tiempo revisar la forma en que quisiéramos responderlas. La serenidad y la sinceridad nos pueden ofrecer un camino; ojalá nos a atrevamos a caminarlo juntos, con todos en la escala planetaria.

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