Vivos

"Eso de vivir se hace tan común que a veces despreciamos la vida misma..."

 

“Tal vez las palabras sean lo único que existe en el enorme vacío de los siglos
que nos arañan el alma con sus recuerdos”.

                                                                              Alejandra Pizarnik


“Saber mucho no es la mismo que ser inteligente.
La inteligencia no es información, sino también juicio para manejarla.”

                                                                                   Carl Sagan

Nos queremos vivos. Queremos que las personas estén vivas. Queremos que las familias de las y los desaparecidos los encuentren vivos. Queremos que la vida se exprese. Queremos sentir la vida y apreciar la vida en uno mismo y en los demás.

La experiencia de la vida la hemos normalizado muy rápido y tenemos que hacer alguna pausa de vez en vez, para reconocer nuestra propia respiración, sentir los latidos del corazón, percibir la ropa que pesa sobre el cuerpo, hasta poder sentir el transcurrir del tiempo o darnos cuenta de la vida que está alrededor de nosotros. Eso de vivir se hace tan común que a veces despreciamos la vida misma.

André Comte-Sponville dice que la más hermosa definición que conoce es la Bichat: “La vida es el conjunto de funciones que resisten a la muerte” y aplica a todos los seres vivos, pero también dice que “Vivir es realizar el esfuerzo de vivir: el duro deseo de durar es el verdadero sabor de la vida en nosotros” y ahí aparece lo humano: la voluntad, la libertad y el deseo de vivir.

En nuestro lenguaje cotidiano usamos el “no te pases de vivo” como expresión sobre alguien que se aprovecha las situaciones, o usamos “muy vivo, muy vivo” en el mismo sentido, haciendo referencia a quien se pasa la raya de lo permitido, que se muestra  “gandalla”, que es el tratar de sacar ventaja para resolver una situación, puede ser interpretado como ser más listo, vivaracho u oportunista, o bien, el que se aprovecha de los demás, que es malo y abusivo. El uso de “vivo” en un país que parece que no le teme a la muerte tiene cierto sentido, si observamos que para muchos el COVID-19 un invento de las fuerzas más oscuras del mundo y que no les importa respetar y cumplir las indicaciones de sanidad necesarias para “salir” lo mejor librados de pandemia.

En los últimos años el territorio nacional se ha convertido un gran panteón. Alguien ha escrito que estamos en duelo permanente y de guardar luto todos los días. El crimen organizado y  la delincuencia son n parte responsables de ese saldo rojo y cruel, pero también son la ineficacia y omisión por parte de las autoridades del país, de los estados y de los municipios. No logran ver que en cada cifra que dan,  ahí está una persona y que tiene una familia, padres, madres, hijos e hijas, una familia extensa y que esa muerte es de un ser querido para alguien. Hay muchas excusas y argumentos para justificar el país de guerra y muerte que tenemos desde hace tres lustros, pero todos esos discursos son inaceptables.

Pero también, esta nación está en duelo permanente por el descuido en la salud y por los efectos del mercado y el consumo en la alimentación –comida chatarra y refrescos con alto contenido de azucares por ejemplo- y con ello las enfermedades, con el incremento sistemático de las enfermedades crónico degenerativas. Las de mayor prevalencia son las isquemias del corazón y las hipertensivas 26.1%, ambas relacionadas con el sobrepeso y la obesidad junto con la presión alta. La segunda en importancia es la diabetes mellitus tipo II que tiene que ver también con los malos hábitos de nutrición y la falta de una adecuada actividad física con 16.2%. En tercer lugar están los diversos tipos de cánceres 12.8%. En cuarto y quinto lugar las enfermedades del sistema digestivo 9.5% y las del sistema respiratorio 9.2% respectivamente.

La vida busca como el agua encontrar su propio camino. La organización social y económica apunta a buscar sobrevivir lo más posible y ha creado todo un negocio con la salud humana. Como sociedad en general, se ha duplicado la esperanza de vida en poco más de 100 años, que entre higiene, vacunas, mejoras en las prácticas médicas y en el desarrollo de la tecnología y la farmacología se ha logrado. Pero, al parecer no basta para valorar la vida. Despreciamos la vida. Hacemos de la vida misma una contradicción, la deseamos, pero al  mismo tiempo no la cuidamos. Es  como caminar cuerda floja sobre un precipicio, con los ojos vendados, con lluvia y viento de tormenta, creyendo que no pasara nada y nos olvidamos de sentir la vida.

La pandemia hoy hace visible el problema de la salud mental, no es nuevo, sólo que ahora se logra ver, se empieza a reconocer y se habla de los problemas emocionales. Un país que se va llenando de casos y situaciones en donde la condición humana se ha visto expuesta desde el encierro, -la cuarentena-, y aparece el estrés, la angustia,  la depresión,  los intentos suicidas, la violencia intrafamiliar,  los homicidios y  los feminicidios y el suicidio mismo. Una realidad social se ha visto presionada y modificada radicalmente en semanas, en meses.

Despidos, homeoffice, disminución de salarios y de ingresos, hijos e hijas en casa, con cargas de estudio exageradas para ellos y ellas, con cambios en los hábitos alimentarios, cambios en los patrones de convivencia, desajuste de  rutinas, insomnios, cansancio crónico y sin poder descansar, dificultad para expresar y controlar las emociones. La pandemia nos vino a recordar de tajo, que esto de estar vivos no es sólo respirar, comer o dormir, sino es estar con otros, es interacción, es comunicación, son prácticas culturales, es educación en acción, es tolerancia y respeto.

Es tiempo de pensarnos como sociedad, es momento de dar valor y significado a la vida. Porque al final de cuentas en la vida, esto sería lo que debería importar. Una vida con calidad y dignidad, con las condiciones materiales básicas y universales para todas y todos.

Nos queremos vivos. Deseamos la mejor vida para las personas que amamos. Tenemos la esperanza de que las familias que buscan a sus desaparecidos y desaparecidas,  con vida los encuentren. Queremos que la vida gane y se exprese con todas las capacidades humanas, con arte y cultura, con solidaridad, con amor, con ternura, con cariño, con reconocimiento y aceptación a lo diferente, a la diversidad humana. Queremos sentir la vida en la piel, con el corazón, con la mente, con las manos, y que podamos apreciar y reconocer la vida en uno mismo, para vivir con intensidad y con pasión, pero sobre todo en una nueva sociedad -que nos falta construir-, en donde se respeten los derechos humanos y la dignidad humana, para poder ser y estar junto con la otra, con el otro, con los demás y que estemos y nos sintamos vivos.

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