¿Y el medio ambiente?


“En el contexto de las campañas electorales en nuestro país, el tema ambiental se desdibuja, se esconde, se olvida, se obvia, se evade, se elude, no se nombra….”

¿Y el medio ambiente?

 

“Nada se restituye, nada otorga
el verdor a los
campos calcinados”.
José Emilio Pacheco, Los elementos de la noche (fragmento)

El calor que se sintió en estos días nos alerta y abre ventanitas a la conciencia ambiental -al menos eso sería deseable-, en relación con la importancia que debe tener el factor de la  ecología en nuestra sociedad y en el futuro inmediato.  El saldo civilizatorio está en números rojos y debe  llevarnos  a preguntar: ¿Cuánto más podremos degradar al planeta? ¿Cuánto más resistirá ante los embates del llamado desarrollo económico? El costo del desastre ambiental es profundamente doloroso y trágico, si es que somos capaces de  dar un real  valor a cada uno de los seres vivos,  a  esos seres a los que hemos arrancado de tajo su entorno, su hábitat, su alimento  y sus posibilidades de existir.

El tema del medio ambiente se convierte en relevante para el mundo. La postura de Donald Trump raya en la demencia al plantear que el cambio climático es solamente un invento para elevar costos de la producción industrial  norteamericana. Como consecuencia de esa visión obtusa, el gobierno de Estados Unidos abandonó el Acuerdo de París, con lo que se ha permitido que los estándares y normas de protección  ambiental para la producción industrial sean desatendidos y abandonados, con desastrosos efectos en el medio ambiente. El calentamiento global sí existe.

En el contexto de las campañas electorales en nuestro país, el tema ambiental se desdibuja, se esconde, se olvida, se obvia, se evade, se elude, no se nombra.

El tema  de la calidad del aire no es mencionado por nadie, siendo México, según la OMS (Organización Mundial de Salud) un país que tiene  6 de las ciudades más contaminadas del mundo y cuatro de ellas están en Guanajuato. (León, Salamanca, Silao, Irapuato) según reporte de febrero de 2018 y que conste que: “no es sólo  polvo que se levanta con el viento”.

El tema de agua potable y la contaminación del agua es un gran problema. El abasto de agua potable a las ciudades es cada vez más difícil y cada vez más caro. Tenemos el caso en Guanajuato  del proyecto de la presa el Zapotillo y sus efectos en el pueblo de Temacapuilin en Jalisco, que nos muestra un ejemplo de los absurdos institucionales y de los costos cada vez más altos de una obra que parece inacabable y donde el dinero es del erario público, que se va como el agua entre la manos. Por otra parte, en lo que fue llamado el granero de México, el Bajío guanajuatense,  se tienen perforados más del 60% del total de pozos que existen en todo el país y el uso de esa agua potable se destina en un 70% al riego, un riego ineficiente, se rueda el agua sin mayores controles, beneficiando a las empresas agroexportadoras principalmente que están instaladas en el sur del estado. El agua limpia literalmente se desperdicia sin ninguna consecuencia, que se suma a la  existencia de un mercado negro de venta de permisos y concesiones de explotación de pozo por fuera de todo criterio ambiental. Se trafica con el agua casi como si fuera huachicol.

En el caso de bosques, zonas de matorrales xerófilos, selvas y selvas altas, estas últimas en vías de extinción en México, con  las que pocas hectáreas que ya quedan, es otro de los saldos ambientales que se dejan en el olvido.

Áreas Naturales Protegidas, Parques Nacionales, Zonas de conservación y protección ambiental, reservas territoriales, todas ellas que no son objeto de una inversión real  para realizar estudios científicos sobre la flora y la fauna, con la falta de operación eficaz de programas de manejo de bosques y selvas con proyecciones  de mediano y largo plazo, junto con la ausencia de acciones permanentes  para desalentar la caza furtiva, la pesca irregular, la colecta ilegal de huevos de tortuga, la irracional tala de bosques y selvas o el mercado negro de animales exóticos y de plantas endémicas, en un país como es México, que es uno de los 5  sitios de mega-diversidad en el mundo, en donde se alberga entre el 10y 12% de las especies de plantas y animales del planeta. Contamos con 439 especies de mamíferos, 705 reptiles, 289 anfibios, 35 mamíferos marinos, 1061 aves y miles de insectos, -mariposas, escarabajos, arañas, entre muchos otros organismos vivos, así como variedades de líquenes, musgos, hongos, arbustos, cactáceas, suculentas, helechos, junto con variedades de pinos y árboles de maderas preciosas, como la caoba, el ébano, la parota, etc., pero en donde más de la mitad de todos esos seres vivos están  en peligro de extinción.

Si a esto le agregamos el fatídico efecto de la industria minera,  tanto por la explotación que hacen las mineras canadienses principalmente, así como, de las  mineras mexicanas como las del Grupo México, que por cierto son los beneficiados por el gobierno de Guanajuato de la concesión de la construcción y cobro del libramiento Silao-San Felipe- y  que son responsables de verdaderas tragedias ambientales de secuelas largo plazo, producto de los derrames de  residuos tóxicos que contaminan la tierra y el agua durante periodos de tiempo de más de 150 años, junto con los efectos que causa  la minería a cielo abierto sobre la flora y la fauna, además de los daños que causa la minería subterránea que no se ven pero que cambian las condiciones ambientales de amplias zonas naturales, tenemos un desastre ambiental mayúsculo.

El manejo de los residuos sólidos en las ciudades es fatal: la contaminación por plásticos, los neumáticos inservibles, los pañales desechables, el aceite doméstico y el aceite quemado de automotores, la tecnochatarra y la basura electrónica, las pilas, los desechos y residuos industriales, los residuos infecciosos, los desechos de animales y el  pésimo manejo de los residuos orgánicos, ponen en situación de alto riesgo a la población, alterando la salud y dañando la vida y el entorno ecológico en su conjunto.

Es muy significativo que sólo se hable en las campañas, de desarrollo económico, de  economía global, de las reglas del comercio internacional, de las propuestas en contra de la corrupción y la impunidad, del empleo, y aún del futuro de la infancia, de las y los jóvenes, de la violencia y la impunidad, de las drogas y de ofertas de construcción de puentes, de promesas de miles de kilómetros de carreteras, de pavimentación de calles, de hacer miles de metros lineales de banquetas. ¿Y el problema ambiental en dónde queda? ¿A quién le importa?

La OMS señala que debemos tener por lo menos 16 metros cuadrados por habitante de áreas verdes en las ciudades. ¿Qué candidata o candidato a presidente de la república, gobernador, senador, diputado o alcalde se ha comprometido en  algo tan concreto como sería que al menos tengamos 9 metros cuadrados de áreas verdes por habitante en cada ciudad en el corto plazo? Mayo, junio y el verano que vendrá, seguirá mostrado los efectos en el clima y los resultados de la irresponsabilidad política y humana sobre el medio ambiente.

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