Jueves. 20.02.2020
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Blanca Parra
02:55
23/02/14

Serrat en León

Asistí al primer concierto que Joan Manuel Serrat ofreció en México, en el Palacio de Bellas Artes, en noviembre de 1969. Como él mismo lo dijo este jueves 20 de febrero, “las lágrimas por Tlatelolco todavía estaban calientes”.

Yo tenía 19 años, y era (soy) sobreviviente de Tlatelolco. Las canciones de Serrat con las letras de Machado (cuyo aniversario luctuoso celebramos este 22 de febrero) eran como himnos. Hasta el día de hoy, Cantares es una de mis canciones favoritas. De La Saeta deriva un poco mi actitud ante el catolicismo en el que fui educada por mi madre y mi abuela Hilaria (mi padre era agnóstico).

Así que 45 años más tarde vuelvo a escucharlo en vivo, esta vez en el Teatro Manuel Doblado, en León y, como aquella primera vez, en lo más alto del recinto.

Serrat cuenta historias antes de interpretar algunas de sus canciones; un poco creando una complicidad con el público, un poco para situar al personaje como cuando canta Benito. Pero también para contarnos de su dualidad con Tarrés, su alter ego, y por qué no pueden separarse. “Tarrés saca de noche a Serrat para mostrarle que lo sublime y lo sórdido caminan juntos”, diría en alguna ocasión.

Así, subrayó que es catalán y bromeó diciendo que sabe que todos en León hablamos y entendemos su lengua, pero que traduciría la canción antes de cantarla porque, seguro, los de Irapuato no hablan catalán, antes de cantar Pare.

Cada uno de nosotros tenía una canción que pedirle; imposible que lo pudiera atender. Su selección intercaló canciones intensas con otras más suaves. Y la energía del canto fue subiendo conforme avanzaba el concierto. De las más solicitadas fue Penélope, que sí cantó. Ya en la última canción, en los encores, cantó Pueblo Blanco, que alguien del balcón había pedido a gritos.

Respondió a la larga lista de peticiones agradeciendo que la gente conozca lo que canta, pero pidiendo que reconociéramos que su selección era muy buena. Aseguró que le gusta lo que hace y hace lo que le gusta, y nos deseó que tuviéramos esa misma suerte.

En Cantares nos unimos todos los que asistimos, con Mediterráneo pasó casi lo mismo. Pero seguramente todos cantamos, aunque haya sido quedito y con alguna lágrima, Un mundo raro. Recordó el apoyo mexicano desde su primera visita, el asilo, su aprendizaje de nuestra manera de hablar, el gusto por nuestras comidas y, por supuesto, por la música de José Alfredo, Chava Flores y Crí-Crí. Reconoció que deja siempre algo en nuestro país para tener el pretexto de regresar.

Fue amable con una joven que le regaló una rosa y la ayudó a subir al escenario para el abrazo. Pero rehusó la firma de autógrafos antes de terminar la presentación.

Fue puntual a la cita, acompañado por excelente músicos. Y regresó en dos ocasiones a agradecer las ovaciones. En el primer encore cantó Esos Locos Bajitos y La Fiesta. Regresó para cantar Pueblo Blanco.

Fue una gran noche, aunque a mí me quedó a deber una de las canciones de uno de sus primeros discos, en catalán: Paraules d’amor. Lo bueno es que hay innumerables play list en You Tube para escucharlas todas.

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