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14:03h. Viernes, 28 de Julio de 2017

"Las leyes no deben ser sólo comprendidas por los especialistas. Su redacción y su estilo deben caracterizarse por su sencillez y precisión"

 

 

Toda persona en sociedad debe seguir normas para mantener una convivencia armónica. Esas normas pueden estar escritas (las jurídicas) o no estarlo (las morales y de trato). La complejidad de las relaciones sociales obliga a la propia sociedad a tener un grupo de personas que enuncien estas reglas de convivencia (legisladores). De esta forma, la sociedad, acorde con sus expectativas y tradición, establece los marcos en que deben darse los diversos tipos de encuentros entre individuos. Con ello, se busca justicia y equilibrio en la relación entre personas. Por ello todo —o casi todo— se encuentra normado formalmente. Y como las relaciones y encuentros entre personas pueden tener infinidad de alternativas, el cuerpo normativo es muy extenso. Prácticamente cualquier acción o actividad que tenga relación con otra persona o grupo, ha requerido de establecer condiciones de vinculación.

Ahora, dejar de cumplir una norma puede acarrear consecuencias de diversa índole, dependiendo del grado de ofensa a los demás (castigos —administrativos o penales— por faltar a una norma). Por ello, cada individuo debe conocer y comprender adecuadamente la normativa que regula su encuentro con otras personas.

El problema es qué tan claras y comprensibles para el propio individuo han sido enunciadas esas normas. ¿Han sido redactadas para que sean de fácil acceso a los actores, ejecutantes o involucrados en los supuestos que contemplan?, ¿o sólo hubo la preocupación por cubrir la falta normativa? Los legisladores –demás de claridad y precisión para evitar malas interpretaciones– ¿han cuidado que sean asimilables para las personas que se afectarán con ellas? Tengo la impresión que no se toma en cuenta mucho al destinatario, sólo la necesidad de cubrir el espacio jurídico.

Originalmente, esa era la expectativa cuando la propia sociedad empezó a normar su dinámica. Las leyes eran expuestas para que todos tuvieran conocimientos de cómo debían comportarse. La reglamentación era dictada de forma sencilla para que la propia población las comprendiera. Evidentemente, si era confusa o el tipo de voces eran muy complicadas, el ciudadano no las entendería. Su cumplimiento, por tanto, podía ser nulo.

El Código Hammurabi es quizá la norma más antigua conservada (Mesopotamia, 1760 años antes de Cristo). La forma de enunciar cada una de sus 282 leyes es directa, específica, concreta y breve. Aunque dirigida básicamente a quienes debían impartir justicia, a la población no quedaba lugar a duda de lo que enfrentaría si no actuaba acorde con lo establecido.

En la antigua Roma, incluso, las normas eran anunciadas en voz alta fuera del Senado, para que todos los ciudadanos pudieran conocer sus obligaciones y derechos. Es decir, la redacción respondía a que el ciudadano común la entendiera. Los jueces y abogados debían trabajar con base en documentos para todo público, nada extraños al habla.

El Fuero Juzgo –cuerpo de leyes que rigió en la península Ibérica durante la dominación visigoda con verdadera igualdad señala: «(...) á los barones, cuemo a las mugieres, é a los grandes cuemo á los pequennos»– también se preocupó que la gente entendiera la ley: «El fazedor de leyes deve fablar poco e bien; e non deve dar iuyzio dubdoso, mas llano, e abierto, que todo lo que saliere de la ley, que lo entiendan luego todos los que lo oyeren, e que lo sepan sin toda dubda, e sin ninguna gravedumbre».

Las leyes no deben ser sólo comprendidas por los especialistas. Su redacción y su estilo deben caracterizarse por su sencillez y precisión. Así se propiciará que la sociedad acate lo que entiende y no se desenvuelva temerosa de un ambiente incomprensible. Los partidos políticos, en este cercano proceso interno de selección de sus mejores hombres, deberían contemplar o capacitar a quienes surjan como candidatos a regidurías y diputaciones.

Saludo cordialmente a la licenciada Mari Lara Rodríguez que con su encuentro propicio la presente reflexión.