Opinión • AMLO sin cubrebocas… ¿Libertad de expresión? • Gabriela Irastorza

“…no estamos hablando de un tema de mera libertad de pensamiento: es un asunto de salud pública.”
Opinión • AMLO sin cubrebocas… ¿Libertad de expresión? • Gabriela Irastorza

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, hizo su reaparición pública el lunes 8 de febrero tras recuperarse de covid-19.

Según el portal informativo “Animal Político”, la primera prueba de antígenos del presidente resultó negativa. Posteriormente, el domingo 24, al regresar a la Ciudad de México tras una gira por Nuevo León y San Luis Potosí, el mandatario se hizo una segunda prueba rápida que también salió negativa. Sin embargo, su prueba PCR fue positiva.

Tras su recuperación, el presidente fue cuestionado sobre la recomendación del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell para que las personas que padecieron covid usen cubrebocas, López Obrador contestó que respeta mucho al doctor, pero no tomará ese consejo. También refirió que el uso de cubrebocas en México seguirá siendo voluntario, ya que su gobierno no es autoritario.

“Lo más importante es la libertad y cada uno debe asumir su responsabilidad (…) sólo hay que seguir cuidando la sana distancia, no hacer actos masivos y cuidarnos hasta de reuniones familias”, dijo el actual mandatario.

Ante esta posición, las críticas no se dejaron esperar. Los comentarios del presidente en torno al uso de cubrebocas no se mantuvieron en lo expresado en la “mañanera”: medios nacionales e internacionales, con posturas mayormente informativas, se encargaron de esparcir la noticia.

Por otro lado, los comentarios de desaprobación ante la actitud del presidente se dejaron entrever en las redes sociales. Ciudadanos mexicanos señalaron a Andrés Manuel como irresponsable, y como culpable de cierto número de contagios a lo largo de la gira previa que tuvo a su diagnóstico. Aunque en contraste con esto, hubo también quienes se pronunciaron, si no a favor, sí indiferentes, expresando que el mandatario no envía un “mal mensaje” al expresar públicamente su decisión de no utilizar un cubrebocas en medio de una contingencia sanitaria de carácter global.

La cuestión que se plantea aquí es: ¿está el presidente sólo haciendo uso de su libertad de expresión? ¿Incurre en un error moral, o incluso legal, al tratarse dicha opinión de un asunto de salud pública? ¿Impacta esta situación, o no, la perspectiva de los ciudadanos en torno a las medidas sanitarias?

La libertad de expresión no es sólo un derecho fundamental. El ejercicio de expresar lo que pensamos, sentimos y opinamos, permea gran parte de nuestra realidad. Prácticamente toda la información y las ideas a las que hoy tenemos acceso en los medios y en las redes sociales, se derivan de la creciente cotidianidad que esta práctica representa en los tiempos contemporáneos.

Por ende, es el derecho que en gran medida nos define como seres humanos, ya que todas nuestras facultares carecerían de valor si dentro de estas posibilidades no estuviera la de comunicarnos. Gracias al libre flujo de ideas hemos podido desarrollar una civilización como la que tenemos hoy.

No obstante, la libertad de expresión es, de los derechos, el más incómodo, e incluso ha sido señalado como peligroso. Eso se debe a que a pesar de que todo ser humano defienda fervientemente su derecho a ejercerla, pocos son los realmente capaces de asimilar todo lo que hacer uso de ella implica.

Según John Stuart Mill y Norberto Bobbio, la libertad de pensamiento y la libertad de expresión de relacionan ampliamente. Y siendo libertades negativas, suponen que ningún poder debe ejercer impedimentos y constricciones a la acción individual. Una postura parecida a del discurso actual de López Obrador, en la que justifica su postura ante la no intervención al libre albedrío de los ciudadanos mexicanos: así como Mill y Bobbio, considera que la libertad individual será más grande en la medida en que el área de “no interferencia” sea más amplia.

Pero si ahondamos un poco más en la postura de Mill, encontramos que su principio de libertad sugiere que el individuo tiene libertad de acción sobre todo aquello que no afecte a los demás y por eso, en lo que no importa a nadie más que a uno mismo, la libertad de acción es absoluta.

Si contextualizamos la postura de López Obrador dentro de las circunstancias actuales en las que éste ejerce su “libertad de expresión”, ¿podríamos estar seguros de que su postura no afecta a terceros?

En medio de una pandemia en que la enfermedad en cuestión se transmite a través de gotículas, secreciones respiratorias y aerosoles, y donde lo más recomendable es utilizar cubrebocas para mitigar el incremento en contagios, no estamos hablando de un tema de mera libertad de pensamiento: es un asunto de salud pública, donde el mandatario del país se ha pronunciado en contra de apegarse a las medidas sanitarias recomendadas globalmente. Esta postura impacta no sólo en la opinión pública, sino en la percepción que gran cantidad de mexicanos tienen en torno a las medidas sanitarias.

La libertad de expresión no es sólo libertad de pensamiento: es la puesta en acción de un pensamiento. Si las ideas no pretendieran ser externadas, no habría que limitarles, pero dado que la expresión no es sólo verbal o simbólica, sino que se ejerce un acto —en este caso, al no usar cubrebocas-, dicho principio de libertad de expresión puede extenderse, ya no sólo a influir en la opinión de las personas, sino a atentar contra su salud.

El Artículo 13 de Libertad de Pensamiento y de Expresión de la Convención Americana sobre Derechos Humanos denota que el ejercicio de este derecho no puede estar sujeto a previa censura, pero sí a responsabilidades ulteriores como el respeto a la reputación de los demás, la protección de la seguridad nacional, el orden público o la moral pública, prohibiendo toda propaganda en favor de la guerra y apologías del odio nacional, racial, o religioso que constituyan incitaciones a la violencia.

¿No está AMLO arremetiendo contra la seguridad nacional en materia de salud? Su posicionamiento y acción, ¿no están alterando el orden público? ¿Su postura no se considera completamente inmoral en el ámbito público, en correspondencia con las recomendaciones que su mismo gobierno ha hecho?

Yo diría que sí. Hay un abismo entre decir que “no usa cubrebocas y no obliga a nadie a hacerlo porque no es autoritario”, y enviar un fuerte mensaje simbólico, discursivo y pragmático, menospreciando medidas sanitarias que pueden salvar miles y millones de vidas, en este país y en todo el mundo.

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