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07:16h. Domingo, 18 de Noviembre de 2018

El reciente deceso del cronista de la ciudad de Guanajuato, Isauro Rionda Arreguín, presidente fundador de la Asociación de Cronistas del Estado de Guanajuato A.C., puso sobre la mesa de discusión un asunto de gran importancia para la preservación de la memoria histórica de las ciudades de nuestro país, en particular de aquéllas que exhiben una amplia trayectoria de cuatro, cinco o hasta más siglos de existencia. El asunto es el de la tarea misma del cronista: la amplitud de perspectivas historiográficas que se abren es cada día más amplia, y los procesos sociales más complejos. Hasta hace relativamente poco tiempo, el cronista podía ser un personaje que de manera individual, incluso aislada y sin apoyos, mantenía y cultivaba esa memoria parroquiana, apoyado más en el amor al terruño que en la disposición de herramientas de la ciencia y la teoría de la historia.

Los pueblos y villas dejan de serlo y se transforman en ciudades, y luego en metrópolis. La ciudad de México, por ejemplo, tuvo cronistas individuales desde el siglo XVI, como fue Francisco de Cervantes y Salazar. Pero el cargo se formalizó hasta el siglo XX, cuando fueron cronistas de las ciudad el guanajuatense Luis González Obregón, desde los años veinte hasta su muerte en 1937; le sucedió Artemio de Valle Arizpe hasta su propio deceso en 1961. Continuó el poeta Salvador Novo, hasta que murió en 1974 –recuerdo mucho sus crónicas televisadas-. Luego Miguel León Portilla se hizo cargo de la crónica entre 1974 y 1975, para ser sucedido por José Luis Martínez de 1975 a 1985, cuando renunció por cansancio.

Le sucedió Guillermo Tovar y de Teresa quien, ante la complejidad creciente de la tarea, planteó la necesidad de establecer un Consejo de la Crónica de la Ciudad de México (CCCM). Este organismo fue instalado en 1987 por decreto 18 de febrero del presidente Miguel de la Madrid, y era presidido por el propio Tovar y de Teresa; como secretario fungió Héctor Vasconcelos, hijo de José Vasconcelos y exdirector del FIC.

El 18 de abril de 1990 se establecería una asociación civil denominada Asociación de Cronistas del Distrito Federal y Zonas Conurbadas A.C. (http://www.cronistasdf.org.mx/) que ha mantenido presencia activa hasta la actualidad, aunque de manera paralela al consejo “oficial” establecido en el decreto presidencial. Hay colaboración entre ambos organismos, pero la asociación se enfoca más en las delegaciones y la microhistoria del DF.

El CCCM se transformaría, a su vez, en una asociación civil el 19 de febrero de 2007, otra vez a iniciativa de Guillermo Tovar, quien la presidió hasta 2010. Cuenta con 99 cronistas consejeros, y con delegaciones de la crónica en cada una de las 16 delegaciones. (La Jornada, 20/febrero/2007, nota de Mónica Mateos y Bertha Ramírez).  “Entre los integrantes del Consejo de la Crónica, que hoy en día preside el cronista Román Sánchez Fernández, se encuentran escritores, intelectuales, académicos, periodistas, críticos y artistas como Jacobo Zabludovsky, José Luis Cuevas, Alfredo López Austin, Eduardo Matos Moctezuma, Miguel León Portilla, Vicente Leñero, Raquel Tibol, Francisco Toledo y Enrique Florescano” (nota de Abida Ventura para El Universal, 20/marzo/2012).

La nota reproduce la opinión de Alfonso Hernández Hernández, cronista y “hojalatero social” de Tepito: “La cuestión es que los de la talacha, los que somos oriundos de los barrios y pueblos que hacemos crónica, somos los de la Asociación de Cronistas. En el Consejo de la Crónica hay gente que ha hecho estudios sobre Coyoacán, sobre Xochimilco, pero no son nativos del lugar. Son académicos, pero no tienen el arraigo, ni el compromiso de estar junto con su propia gente defendiendo lo que está pasando en la ciudad con tanto urbanismo depredador”.

La cronista del Centro Histórico, Ángeles González Gamio, opina que “Cada delegación tiene sus fiestas, sus mayordomías, sus tradiciones que se siguen conservando. Los cronistas de cada barrio o colonia recogen todo eso. Son custodios de la memoria histórica en la ciudad de México, que, como siempre lo digo, es una ciudad de ciudades”. (Ibidem).

La ciudad de Guanajuato debe aprender de la rica experiencia de la ciudad de México. Debemos avanzar hacia un consejo de la crónica donde participen tanto académicos expertos en la construcción de historiografía objetiva, como los cronistas de corazón que existen en cada barrio o comunidad, esos que narran sus memorias colectivas desde la óptica del cariño parcial y comprometido. Ambos componentes son esenciales para construir la identidad colectiva a la que contribuye la historia social.

Antropólogo social. Profesor investigador de la Universidad de Guanajuato, Campus León. luis@rionda.net – www.luis.rionda.net - rionda.blogspot.com – Twitter: @riondal