martes. 09.08.2022
El Tiempo

Cultura de la Paz: más allá del discurso y desde León

“…no queremos seguir sobreviviendo con miedo; queremos vivir con dignidad…”

Cultura de la Paz: más allá del discurso y desde León


La gravísima violencia directa y estructural que se vive en nuestro país no se resolverá con la categórica frase que ha pronunciado repetidamente el presidente Andrés Manuel López Obrador al ser interrogado sobre las estrategias diseñadas por el gobierno federal ante la dolorosa situación que le compete resolver: “es un problema de valores”, afirma y, también emplea su multicitado slogan de: “abrazos y no balazos”.

Por sentido común, cualquier persona sabe que la violencia no se va a resolver con más violencia sino con justicia, pero también cualquier persona con sentido común sabe que un problema no se resuelve con palabras sino con acciones, y lo que vemos es que el presidente ha reiterado que “los valores” son la solución al ambiente de violencia en todos los órdenes. En parte tiene razón, pero no hay acciones que respalden dicha afirmación; continúan los homicidios, extorsiones, secuestros, feminicidios, asaltos en una enorme variedad de formas y —por lo que vemos- seguirá la violencia, a pesar de la detención del jefe de algún cártel.

Es preocupante la ausencia de un amplio programa para abatir paulatinamente la violencia, además de que ni siquiera se les ocurra al presidente y al gabinete federal acudir a los expertos en estos fenómenos sociales. Un gobernante no tiene por qué saber de todos los temas, pero sí tiene la obligación de acercarse a los especialistas que le pueden apoyar con un diagnóstico y mostrar las diversas rutas de solución.

Para abatir la violencia se requiere de políticas públicas con programas que abarquen la educación formal, la no formal y la informal, alimentadas con la teoría, los marcos referenciales y las estrategias de campos reconocidos como: la Cultura de la Paz, Educación para la Paz y los Derechos Humanos, Resolución Pacífica de Conflictos, Convivencia Escolar, Reconstrucción del Tejido Social, Autoconocimiento y Comunicación Humana, etc. Estos programas deben conocerse, comprenderse y vivirse desde el hogar, y del preescolar hasta la universidad. Solo así estaríamos en condiciones de vivir “los valores”, palabra que en boca del presidente suena hueca.

La educación encierra un tesoro

Es importante recordar que, en el ámbito docente, se difundió con amplitud el informe oficial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) coordinado por Jaques Delors en 1996, titulado “La educación encierra un tesoro”, cuyo contenido proponía las características que deberían tener los planes, programas y procesos educativos en el siglo XXI, es decir, cuáles serían los fundamentos y objetivos bajo los que se debería desarrollar un curriculum de cualquier nivel y el proceso enseñanza-aprendizaje en la nueva centuria.

La propuesta de la UNESCO abarcaba cuatro pilares que deberían caracterizar a todos los procesos educativos; son cuatro ámbitos de aprendizaje que permitirían a niños y jóvenes adquirir la formación suficiente para enfrentar los retos de los tiempos actuales: 1) Aprender a Conocer; 2) Aprender a Hacer; 3) Aprender a Convivir con los demás, a Vivir juntos; y 4) Aprender a Ser.

En los últimos años del siglo XX ya contábamos con la facilidad para comunicarnos y desplazarnos por todos los países del mundo interactuando con personas de muy diversas culturas, ideologías y cosmovisiones, al mismo tiempo que se constataba el avance de la globalización en todos los órdenes de la vida pública, por lo que el tercer pilar enfatizaba el aprender a vivir con el diferente en el respeto y la tolerancia, con actitudes y conocimientos para resolver los conflictos pacíficamente, considerando los derechos humanos.

Mientras que el cuarto pilar, el aprender a ser, se refería al desarrollo de nuestras potencialidades para alcanzar la responsabilidad, la conciencia y la autonomía que nos permiten integrar los cuatro pilares en un compromiso consigo mismo y con los otros, para aprender a aprender a lo largo de la vida.

Esta perspectiva internacional sirvió como base para desarrollar propuestas curriculares en varios países, sobre todo a través del Enfoque de Competencias, el cual mostró grandes ventajas hacia la comprensión del fenómeno educativo por parte de los sujetos involucrados, toda vez que se dejó atrás la visión conductista que pretendía “trasmitir contenidos”, para centrar ahora la atención en promover el desarrollo de habilidades, destrezas, conocimientos, actitudes y valores, en congruencia con los cuatro pilares mencionados.

En la línea del tercer pilar, como condición para promover una educación pertinente para responder a las necesidades sociales en el siglo XXI, tanto a nivel internacional como nacional y local se fueron reconociendo varias propuestas que ya se venían trabajando y difundiendo desde los setenta y los ochenta, como la de Paco Cascón Soriano y su acertadísima visión para conceptualizar una “Educación para la Paz y los Derechos Humanos” y “Educar en y para el Conflicto” a través de un universo pedagógico de charlas, cursos, conferencias, libros, artículos, seminarios, manuales, juegos didácticos, etcétera.

Muy lejos de pretender sistematizar los aportes locales a la Cultura de la Paz, el Aprender a Convivir y el Respeto a la Naturaleza por parte de investigadores sociales y académicos comprometidos, quiero citar sólo algunos ejemplos de productos de difusión y de divulgación de mi contexto más inmediato y que personalmente aproveché en mi experiencia docente, como formadora de formadores.

Menciono algunos casos que de ninguna manera son homogéneos, pues pertenecen a categorías muy diversas y fueron generados en una amplia diversidad de tiempos, espacios e intencionalidades, con recursos y fines específicos variados. El común denominador es que me refiero a personas que han trabajado por hacer aportes relevantes para la Cultura de la Paz. En la ciudad de León hemos contado con varios grupos de expertos en esta temática.

Sobre la Cultura de la Paz

A manera de ejemplos en este contexto local, puedo citar los aportes siguientes.

Con una primera edición en 1981, encontramos los cuentos creados, producidos y grabados en CDROM por los académicos David Herrerías Guerra, Clara Azcué y Raúl Azcué. Este primer volumen se titula “Cuentos para la paz. Ocho relatos sonoros para niñas y niños”… de 4 a 10 años, pero comprobado está que son disfrutados también por niños mayores a esa edad y aun por adultos. En la contraportada especifican los autores que abordan temas relacionados con la dignidad, la tolerancia, la libertad de expresión, la igualdad, la justicia, la cooperación y el tiempo para descansar.

Los ocho excelentes y divertidos cuentos son: “El niño llorón”, “El señor que se convirtió en gallina”, “Beto pautado de la raya. Un músico de buen timbre”, “La tortuga porada”, “El niño gigante”, “El lobo maligno”, “El loco” y “Polvos para sopa”. Este material incluye sugerencias didácticas para que los educadores aprovechen los cuentos en el aula.

El mismo equipo de académicos artistas publicaron el CDROM[1] con temas científicos “Cuentos Bichofónicos”, acompañado de un folleto con guías didácticas que abarcan objetivos, una síntesis, preguntas generadoras, actividades sugeridas y otros elementos que enriquecen el uso de relatos tan atractivos como: “El Babalusco”, “El Hoyo Yoy”, “La Cochinata”, “El Castillo de Oxis”, “Teoría de Bolitas” y “La torta cuántica”.

Un tercer CD editado por David Herrerías[2] y los hermanos Clara y Raúl Azcué se titula “A todo pulmón”. Contiene siete ecocuentos y un libro de 54 páginas con actividades divertidas para que los docentes trabajen en el aula. Las temáticas van desde el abuso actual del confort y el consumo, hasta la cadena alimenticia y la alteración humana de los ecosistemas.

Estos tres discos son enormes regalos que los alumnos y los maestros podemos disfrutar, al tiempo que tomamos conciencia de nuestros valores, los cuales se reflejan en lo que decimos y hacemos, en nuestra forma de mirar, hablar, decidir, convivir, etcétera.

Otro ejemplo de equipo de investigadores que han hecho una aportación valiosa a la temática en cuestión estuvo integrado por Patricia Carbajal, Victoria Vidargas, David Martínez y David Herrerías, quienes adscritos a la Universidad Iberoamericana (UIA) León produjeron tres volúmenes titulados “Eduquemos para la Paz y los Derechos Humanos. Manual de apoyo docente”, para cuarto, quinto y sexto de primaria, con la finalidad de que los profesores aprovecharan esta propuesta teórico metodológica para la formación valoral de sus alumnos, a partir de los programas curriculares vigentes en la década de los noventa, en todas las áreas y asignaturas. La tercera edición apareció en el año 2002 y consistió en un libro acompañado de un CD con el mismo contenido.

Este material posee una inmensa riqueza pedagógica, pues nos muestra cómo la educación para la paz y los derechos humanos debe tener una presencia transversal en todas las asignaturas. Inicia con fichas de trabajo sobre los Derechos Humanos (participación, vida digna, igualdad, libertad, justicia, soberanía, paz, identidad cultural), relacionándolos con los contenidos programáticos y las materias curriculares de primaria. También presenta “la escalera” o los siete niveles secuenciales del proceso para la resolución de conflictos, ofreciendo divertidas pero muy significativas dinámicas, donde los alumnos van experimentando cada uno de los niveles en el aula, pero también los pueden vivir en familia, en los diversos entornos donde se desenvuelven[3].

Una académica investigadora que ha realizado aportes muy relevantes a la temática tratada es la Dra. María Cecilia Fierro Evans, quien obtuvo el doctorado en el Departamento de Investigación Educativa del CINVESTAV del IPN con la investigación “Conflictos morales en el ejercicio de la función directiva del nivel básico”, dirigida por la Dra. Ruth Paradise Loring. Desde hace varios años es miembro del Sistema Nacional de Investigadores y cuenta con una amplia trayectoria de productos en el ámbito de la Convivencia Escolar, libros, capítulos de libros, artículos, dirección de tesis de posgrado, investigaciones en diversos países. Fue miembro fundadora y directora de la Red Latinoamericana de Convivencia Escolar (RLCE), ha sido consultora externa de diversos proyectos nacionales para la SEP México, así como colaboradora en estudios internacionales.

En la actualidad, la Dra. Fierro Evans está investigando las “Prácticas pedagógicas y de gestión que construyen convivencia en entornos de exclusión y violencia. Estudio de casos en el municipio de León”, así como la segunda etapa del International Study of Teacher Leadership (ISTL). Todos sus trabajos constituyen un material indispensable para la formación de formadores y para quienes toman las decisiones en el ámbito educativo.

Referencia obligada en nuestro entorno es el de la Mtra. Marigú González Garza, quien como psicóloga educativa se ha ido capacitando a lo largo de su vida profesional directamente con Paco Cascón Soriano y una multitud de personajes destacados a nivel internacional en la Educación para la Paz y la Resolución de Conflictos. En 1992 fundó el Instituto Villa Educare, escuela socio-constructivista, humanista e integradora en León, que en 2008 fue reconocida por la UNESCO como “Escuela Promotora de la Cultura de la Paz”. En 2013 obtuvo un reconocimiento especial por el proyecto “Valores que se viven en las prácticas de convivencia” y en 2019 Villa Educare recibió el cuarto lugar con el proyecto y evidencias de “Prácticas de Convivencia Escolar desde una perspectiva formativa”, entre otros reconocimientos.

Por el dominio que posee, Marigú González Garza también ha impartido cursos de capacitación a profesores y personal directivo de diversas instituciones. Evidencias de que su instituto ha estado formando a varias generaciones en la Cultura de Paz las encontramos en cada uno de sus alumnos actuales y egresados a través de los años. Aquí el ejemplo de un alumno que le formula una entrevista, respondiendo a una actividad solicitada por el Grupo Scout de León.

En un plano muy diferente, existe una notable aportación de un grupo de jesuitas que han diseñado, aplicado, vivido y evaluado en comunidades (en 14 barrios en situación crítica) una propuesta teórico-metodológica para la reconstrucción del tejido social y quienes han impartido seminarios en varias instituciones del sistema educativo jesuita. Me refiero a Gabriel Mendoza Zárate y Jorge Atilano González Candia, autores del libro “Reconstrucción del Tejido Social: Una Apuesta por la Paz”, en el que descifran las claves del Buen Convivir desde lo personal, familiar, comunitario, con vecinos, autoridades, edificación de una cultura del cuidado, actitudes de inclusión, respeto y solidaridad, así como la organización de un gobierno comunitario y una economía que supere el mercantilismo y el consumismo.

Hace varias semanas escuché a dos gobernantes que hablaban de la reconstrucción del tejido social, lo cual me provocó —con perdón de los tres lectores de este texto- una discreta sonrisa pues no tienen la menor idea de lo que están diciendo. Atribuyen a esta perspectiva un significando erróneo, con lo que se corre el riesgo de que este concepto ingrese al vocabulario de los políticos, para que en ese entorno pierda su referente real y se mercantilice.

Así pues, estos son algunos ejemplos de mi entorno inmediato de académicos e investigadores que se dedican al tema de la Educación para la Paz y los Derechos Humanos desde diversas perspectivas y aristas disciplinares. Desde luego que cada institución de educación superior pública y privada tiene un cuerpo académico y/o líneas de investigación sobre estas áreas, amén de las perspectivas de las ONG y propuestas de la sociedad civil.

Educación formal, no formal e informal

Si en México queremos erradicar la violencia, debemos comenzar por los primeros años de formación de niñas y niños, y para ello es inevitable acudir a los expertos; no es suficiente repetir el dicho del presidente: es un problema de valores. Esta situación equivaldría a que ante el covid-19, AMLO dijera que con buenas intenciones se resolvería, prescindiendo del amplio conocimiento, las decisiones y las acciones responsables de todo el aparato de salud público y privado. La violencia también es una pandemia; los investigadores en ciencias sociales reconocen que el primer poder fáctico en México lo tiene el crimen organizado, a partir de lo cual se deriva el multifacético atropello a nuestros derechos.

La solución está en ir a la raíz de los hechos: a la educación. Para contrarrestar la violencia en México necesitamos políticas públicas y programas que atraviesen en manera transversal todos los procesos e interacciones de la vida nacional, con una estratégica planeación que abarque los tres ámbitos de  la educación: la formal, la no formal y la informal.

Aunque en las últimas décadas se han ido incorporando recursos digitales, recordemos que la educación formal está altamente estructurada, graduada e institucionalizada. Su universalidad se limita a quienes están inscritos al sistema educativo nacional, y su duración es determinada y normada por instancias públicas que le dan validez oficial (educación básica, media, media superior, superior, posgrados).

La educación no formal, en cambio, no está graduada, y en general no depende de las instancias públicas sino de los agentes responsables de programa; corresponde a los cursos, talleres o diplomados en temas como el manejo de nuevas tecnologías, idiomas, marketing, actividades artísticas, deportivas, etc.

La educación informal no está estructurada ni institucionalizada, es ilimitada, pues abarca toda nuestra vida y es universal (para toda la población). La educación informal se recibe en la calle, en las redes sociales, en la televisión, con los amigos y pandillas. No podemos negar que niños, jóvenes y adultos estamos notablemente influidos por nuestras redes, familiares, compañeros, programas o series de televisión abierta o cerrada, interlocutores, lecturas y  espacios donde convivimos y nos divertimos.

En los tres ámbitos necesitamos actuar para formar ciudadanos para la paz. Sabemos que la paz no es lo opuesto a la guerra como conflicto armado. La paz implica la armonía personal y relacional, el respeto a la dignidad humana, la justicia, el diálogo, la ausencia de todos los tipos de violencia.

¿Cómo queremos vivir?

Los 127 millones de mexicanos estamos esperando cuándo el presidente deje de sentirse todólogo para que acuda a los especialistas del tema, quienes lo pueden orientar al respecto, para que deje atrás esa actitud simplista de insistir en que “es un problema de valores”.

El 16 de marzo de 2020, el presidente López Obrador afirmó textualmente en Palacio Nacional: “¡Hay qué querernos, respetarnos, no desear mal a nadie!”. Y refiriéndose a los cuidados preventivos ante el covid-19 aseveró: “No le hagamos caso a un diputado, a un político, hagámosle caso a los expertos, cada quien en lo que les corresponde”. Tiene mucha razón. Como dice el dicho popular: “Zapatero a tus zapatos”. Entonces, ¿por qué no aplica él mismo la recomendación que da a todos los mexicanos? Gran parte del problema de la violencia se resolverá con educación, o no se resolverá.

No estoy proponiendo soluciones aisladas como contar los cuentos aquí mencionados en los preescolares del país. Se trata de que los expertos realicen un diagnóstico y diseñen una política pública de largo alcance, en la que todos podamos participar, desde el respeto mutuo y la responsabilidad colectiva. Los ejemplos mencionados son destacados materiales didácticos que deben ser usados con la planeación consciente de expertos.

Recientemente, el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, pronunció un discurso histórico que todos los ciudadanos del mundo deberíamos conocer, para identificar qué podemos hacer desde nuestra particular condición.

La crisis de la educación ya existía mundialmente antes de la pandemia, y Guterres menciona que Ahora nos enfrentamos a una catástrofe generacional que podría desperdiciar un potencial humano incalculable, minar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades arraigadas...

Se agrava una crisis en todos los órdenes. En México urge atender el problema de la violencia. El camino es la educación. Esperamos que el presidente acuda a los expertos en la Cultura de Paz que hay en todo nuestro país, quienes le pueden asesorar acerca de las formas de revertir la violencia. Estamos ante un problema multicausal donde la corrupción es protagonista: no nos podemos quedar de brazos cruzados; debemos formar sujetos conscientes, íntegros, responsables, auténticamente humanos. Los mexicanos no queremos seguir sobreviviendo con miedo; queremos vivir con dignidad.




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María Esther Bonilla López es licenciada en Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guanajuato, maestra en Desarrollo Educativo, doctora en Educación en la Universidad Pedagógica Nacional.

 

[1] La tercera edición es del año 2005.

[2] El Mtro. David Herrerías Guerra ha desempeñado un papel social y educativo fundamental en nuestra región. Actualmente es presidente de Autogestión y Educación Comunitaria A.C. (AUGE)

[3] Este material y estas dinámicas, en lo personal las he aplicado con mis grupos de alumnos de maestrías en educación, en tres instituciones diferentes de la ciudad de León. No son exclusivamente para primaria; se pueden adaptar a cualquier nivel para provocar una reflexión y conciencia de nuestro ser y estar en el mundo.

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