El derecho a recordar y ser recordado

“…ha sido retirada de su sitio la placa develada en 2015 al imponer al AHML el nombre de su fundador, y su nombre ha sido borrado también del institucional. El archivo vuelve a ser nuevamente y solamente “Archivo Histórico Municipal de León…”

El derecho a recordar y ser recordado

El Archivo Histórico de León fue fundado en 1948 por Don Vicente González del Castillo, quien trabajó hasta su muerte en la organización de lo que hoy es orgullo de muchas generaciones de leoneses. Es una institución sólida gracias al trabajo de los ilustres leoneses que lo han dirigido, comenzando con su fundador y seguido por quienes lo han conducido sucesivamente: Don Timoteo Lozano; el Lic. Eduardo Salceda López, el Lic. Carlos Arturo Navarro Valtierra, etcétera.

Lo anterior es un hecho histórico irrefutable. Pero la historia no es sólo el hecho del pasado, es también el presente. Gramsci afirma que “la historia es siempre contemporánea, es decir, política”, esto significa que la memoria en la que se sustenta la historia es un proceso que traduce las vivencias, las contradicciones, los momentos que permiten la construcción de la propia historia como saber o sistema de experiencias institucionalizadas sobre el pasado, pero también como narrativa o recuperación discursiva en el presente respecto del propio pasado.

Uno de los temas de debate actual en torno al fenómeno urbano es sobre el derecho (y su cumplimiento) que todos tenemos a vivir la ciudad en un mundo predominantemente urbano: derecho a la seguridad, a la libertad en el espacio público, derecho a salud o a la vivienda, a la democracia, etc. Jordi Borja anota uno de los derechos más importantes relacionados con la conquista ciudadana de su propia ciudad: el derecho a recordar y a ser recordado, es decir, el derecho a no permitir el olvido-mentira (Borja) que proyecte al futuro un mensaje de la memoria que no la reconozca. En el caso de León, no olvidar lo que los leoneses por nacimiento o por adopción han hecho en la ciudad del pasado que se hace presente. El derecho a la memoria incluye el reconocimiento, registro y conservación de los elementos materiales e inmateriales de lo que llamamos patrimonio cultural, que puede ser un edificio relevante, la obra artística o literaria sobresaliente, nuestra cultura vernácula, patrimonio intangible, etcétera.

El derecho a mantener nuestro patrimonio, a recordarlo y a que éste sea recordado por las siguientes generaciones, es parte de los compromisos que todos tenemos. La preservación de la memoria tal vez evitará la pérdida de nuestros referentes de identidad, tan amenazados en este tiempo por tantos materiales culturales externos de lo que llamamos globalización.

Estas reflexiones sobre la historia y sobre el derecho a recordar y ser recordado, motiva las siguientes notas sobre lo que ha ocurrido recientemente en el Archivo Histórico de León, institución que por definición debiera ser garante de nuestro derecho a mantener vigente nuestra memoria y nuestro patrimonio cultural, nuestro derecho a no olvidar, menos a ser olvidados, pero que en este momento pareciera que actúa para negar el derecho a ser recordado, a olvidar nada menos que a su fundador, al leonés por adopción a quien le tocó escribir en los hechos la página con la que inicia la historia del archivo.

En el boletín conmemorativo del IV Centenario de la fundación de León, publicado por el Archivo Histórico en 1976, se puede leer una excelente crónica de Luz Victoria Lozano sobre la fundación del propio archivo:

El Lic. Rodrigo Moreno Zermeño, en julio 8 del mencionado año de 1948, dictó el acuerdo verbal para que el Maestro González del Castillo, se hiciera cargo de la catalogación de los documentos que en informe montón yacían en el suelo de oscura bodega de la Casa Municipal…

Durante dieciséis años, el Maestro González del Castillo trabajó en la ordenación y catalogación de los expedientes, dando forma a una cronología cuyo índice comprende ahora (1976) 16 tomos con la relación de 32,400 documentos de los años 1580 a 1872.

Vicente González del Castillo, junto con otros connotados leoneses (dice la misma crónica) como don Timoteo Lozano, Wigberto Jiménez Moreno y Eduardo Salceda López, en su condición de leoneses preocupados por su presente y su futuro, vivían la necesidad de rescatar la memoria de la ciudad plasmada en documentos que se encontraban entonces en grave riesgo de pérdida, como condición necesaria para la afirmación de la identidad leonesa y la recuperación de su historia. Formar un archivo histórico era parte importante de su visión que se traducía en tarea cotidiana.

En el archivo histórico de León se puede encontrar también en un periódico del 15 de septiembre de 1965, a un poco más de un año de la muerte de su fundador, un texto que se transcribe íntegro para dar contexto a lo que se anota posteriormente:

La ciudad de León y principalmente la Administración Pública, está hondamente comprometida con el vate francorrinconense don Vicente González del Castillo ya que a él se debe la fundación del Archivo Histórico municipal de León y quien como su Director, trabajó arduamente hasta su muerte, por tal motivo, se solicita de las autoridades municipales, que se imponga su nombre y se coloque una placa alusiva en el recinto en donde se encuentra perfectamente controlada la historia de nuestra ciudad.

Tal es la primera iniciativa que presenta el periódico PRESENTE, y que pone a consideración de todas las clases sociales, de los organismos sindicales, de los clubs de servicio y de las diferentes asociaciones de esta población, a fin de que cuanto antes se tramite lo correspondiente y se celebre un acto en su honor en el lugar mismo donde trabajara por varios años.

     Tiene la palabra el C. Angel Vázquez Negrete, actual Presidente Municipal de León, para que por conducto del actual Director del Archivo Histórico Municipal Sr. Lic. Don Timoteo Lozano, informe sobre las posibilidades y el acuerdo correspondiente, para que se lleve a cabo dicha iniciativa.

El 8 de Septiembre de 2015 se realizó un acto solemne, ante la presencia de autoridades municipales, descendientes, alumnos, amigos del fundador, y muchos leoneses como testigos, acto en el que se colocó una placa y se impuso al Archivo Histórico Municipal el nombre de Vicente González del Castillo.

Parecía que finalmente, después de ¡Cincuenta años, medio siglo! de la publicación-solicitud anotada, se había subsanado una omisión histórica y se había, por fin, realizado un acto de justicia para con la memoria y el patrimonio histórico de León. En el acto protocolario, el Presidente Municipal de León, sucesor de aquel a quien estuvo dirigida la petición de 196,5 dijo:

El Archivo Histórico de León encierra en sus paredes escritos que dan testimonio de nuestra historia. Esto no sería posible si el poeta y maestro don Vicente González del Castillo no se hubiera atrevido a rescatar una montaña de papeles que se venderían como desperdicio.

Finalmente se había concedido al fundador del archivo histórico el derecho a ser parte de la memoria histórica de los leoneses, quienes no olvidaríamos así a quien hizo posible el rescate y la existencia de una institución noble, custodio de nuestra memoria.

El Archivo Histórico Municipal de León Vicente González del Castillo tomaba el nombre de su fundador después de 67 años de existencia, algo muy simple, algo muy justo. La historia de las instituciones se forma de la vida que se anima en la dinámica de cada tiempo y de los hombres que forman parte de este tiempo, a los primeros dieciséis años del archivo fundado y dirigido por don Vicente González del Castillo, se sumaron posteriormente los años de don Timoteo Lozano, se hilvanaron los que Eduardo Salceda dedicó con su talento y su empeño, luego vinieron los fructíferos años del Lic. Carlos Arturo Navarro Valtierra, a los que se suman los tiempos de dos últimos directores: José Abraham Hernández Soria entre junio de 2015 y febrero de 2016 cuando asume Martha Padilla Gaona, actual Directora. Todos ya, nombres, tiempos, memoria y presente inscritos en la misma historia.

Cada uno de los directores habrán puesto el mejor de sus empeños y en cada etapa, lo mejor de su propio tiempo: publicación del boletín, nuevas técnicas de catalogación y organización, incremento de los acervos, incorporación de nuevas secciones y salas, construcción o deconstrucción de instalaciones, etc. el archivo habrá dado un paso cada vez para consolidarlo y llevarlo a ser la institución que es hoy. El tiempo que cada Director dedicó a la institución es circunstancial, sólo la muerte del fundador le impidió seguir acumulando años de servicio, o solamente una circunstancia muy particular permitió a alguno de los siguientes directores asumir el cargo, o mantenerse o separarse de él. Todo eso es parte del proceso de la propia historia de la institución. Cada Director es y será recordado por su condición de leonés distinguido que ha sido honrado con la alta misión de preservar la memoria de todos, de mantener vigente el derecho de los leoneses a no olvidarse de sí mismos.

Pero ha sido retirada de su sitio la placa develada en 2015 al imponer al AHML el nombre de su fundador, y su nombre ha sido borrado también del institucional. El archivo vuelve a ser nuevamente y solamente “Archivo Histórico Municipal de León”, en espera tal vez de que se le agregue otro nombre que aspira a ser recordado con más derecho que el propio fundador. ¡Así! Simplemente parece que se da marcha atrás, o se quiere dejar al olvido un acto que en su momento pareció sólo uno de justicia o de rectificación a un olvido guardado en un cajón del archivo durante cincuenta años. |

El derecho a la memoria leonesa, la incorporación del recuerdo a su patrimonio cultural, es algo que trasciende o debiera trascender a la actuación circunstancial de cada uno de los actores de cada tiempo. Todos debieran tener a salvo su derecho a ser recordados, pero la historia como sistema de experiencias vividas, debe dar cuenta del sitio que cada actor merece en el devenir de los sucesos que deben ser recordados. La historia como práctica discursiva contemporánea, como recurso de la política, puede llevar al cajón del olvido por siglos, algún dato de la memoria que mereciera ser incorporado al patrimonio, y eso, sería negarnos el derecho a recordar y a ser recordados. Esto es posiblemente lo que puede estar ocurriendo en el Archivo Histórico de León Vicente González del Castillo, esto es lo que no debiera ocurrir.

El Archivo Histórico de San Francisco del Rincón lleva el nombre de Vicente González del Castillo; le impusieron este nombre porque Don Vicente nació en aquella ciudad, no en León, aunque su familia se haya trasladado a vivir a esta ciudad el mes de la gran inundación de 1888, cuando Vicente tenía sólo cuatro meses de vida. Nació en San Francisco del Rincón, pero vivió siempre en y para León, fundó el archivo histórico, participó activamente en la vida cultural de León, vio nacer a sus hijos y nietos y murió en León. Uno de los argumentos para retirar su nombre al archivo de León parece ser precisamente, que el de San Francisco del Rincón ya lleva su nombre.

Si en aquella ciudad se han permitido el derecho a recordar que allá nació, ¿bastaría este solo hecho para permitirnos el derecho al olvido de lo que aquí realizó?. Dar el nombre del fundador parece justo, parece un acto de verdad para la historia, parece un acto de honestidad para con la memoria, un acto de preservación cultural de los leoneses. Si hay una escuela u otra institución que lleve el mismo nombre, no debiera ser argumento para el egoísmo, entendido como lo define la Real Academia, como la atención al propio interés sin cuidarse del de los demás. En este caso, los demás somos todos los leoneses, por nacimiento o por adopción, quienes debemos buscar mantener nuestro derecho a recordar que Don Vicente González del Castillo, ilustre leonés cuya obra es patrimonio cultural nuestro, fundó el archivo que hoy lleva y debe mantener su nombre, porque quitar una placa no borra nuestro derecho a recordar.

Arcelia Becerra escribió en 1994, en el periódico a.m., recordando el vigésimo aniversario de su muerte, un texto que tituló: Don Vicente González, el maestro poeta que cantó a la bondad y a la nobleza. En este texto lo definió así:

Era un Maestro-Poeta, Historiador-Poeta, Pensador Poeta, buscando en todo el lado fino de la vida, eternamente cantó a la belleza, a la bondad, a la nobleza, a todo lo limpio y recto. Anotó un verso escrito por el poeta:

La vida y la verdad van en el alma
Pero en el alma propia
No en la boca de todos

Porque los hombres de su tiempo tenían en la verdad, en lo limpio y lo recto, la marca de su camino; la entereza y la honestidad eran valores sólidos, el respeto a la palabra empeñada, a la promesa ofrecida, el reconocimiento del honor ajeno era parte del compromiso de cada uno, del alma propia.

Con este empeño fundó el archivo y vivió para hacerlo sólido, parte de su alma.

Pero después vinieron tiempos en los que al parecer, todo lo sólido se desvaneció en el aire (Berman), el honor se hizo depender de la boca de todos hasta llegar al actual tiempo líquido (Bauman) donde todo fluye restándose posibilidad a lo sólido, donde lo banal se impone a la palabra empeñada o al recurso de la memoria, del compromiso, donde la historia y todo se vuelve líquido, se desvanece en el aire como la placa colocada y retirada del archivo histórico, como un afán de apostar al olvido para un acto de justicia, como si en nuestra boca fuera el alma de los demás. El acto de septiembre de 2015 simplemente se desvanece, no pertenece a nuestro honor, no es nuestra palabra de leoneses, no pertenece a la historia.

Me cuentan que el retiro de la placa se debió a trabajos de resane y pintura del muro, para volverlo limpio. La limpieza del discurso que se construya como historia propia, dependerá de su apego a los valores que hicieron posible la creación del archivo histórico, valores compartidos por personas como Wigberto Jiménez Moreno, Eduardo Salceda López, Timoteo Lozano o Vicente González del Castillo, cuyos nombres no se pueden desvanecer en el aire, porque su solidez debe ser más fuerte que el aire que hoy sopla y decide. Recuperar la memoria, evitar el olvido-mentira de la que habla Jordi Borja, es un compromiso que tiene nuestra generación de leoneses.

En una exposición que conmemora el aniversario 69, que podemos ver hoy montada en una de sus salas, en el texto que abre la presentación de la exposición, se omite el nombre de Vicente González del Castillo, como se omite también en un video conmemorativo que se puede ver en redes sociales, ambos dicen que el archivo (Archivo Histórico Municipal de León, así está anunciado, sin el nombre del fundador), fue “Establecido en 1948 por el presidente Rodrigo Moreno Zermeño”. Esto es cierto, es parte de la historia, pero decirlo así parece más un hecho destinado a ejercer la operación que consiste en hacer de Alguien, Ninguno… (Octavio Paz), hacer a un lado la figura del fundador, hacerla que se desvanezca en el aire, que desaparezca, como si su presencia fuera posible sólo mediante una placa y no en el hecho histórico objetivo de ser el fundador. Que eso ocurra no lo merece una institución que debe ser noble por definición, ¡le hace daño!.

Me dicen también que oficialmente el archivo mantiene el nombre de Vicente González del Castillo. Pero en nombre ha sido borrado, la placa se ha retirado, todo indica que se ha decidido, o alguien ha sugerido, que es mejor apostar al olvido, negar el derecho a recordar al fundador. Don Vicente González del Castillo, reitero, es el fundador del archivo histórico de León, trabajó hasta su muerte para poner los cimientos de un edificio fuerte, donde hoy habita algo o alguien que en vista de estos hechos parece que insiste en ser recordado como lo que quiso negar a los leoneses el derecho a la memoria, queriendo dictar la memoria a partir de visibilizar o invisibilizar hechos, personajes o pasajes que son simplemente nuestra historia, que no se podrá desvanecer en el aire porque el tiempo y la historia de todos los leoneses es mucho, mucho más que el tiempo de cada uno de nosotros con todo y nuestra individual importancia.

Es muy posible que este texto vaya al olvido. Por supuesto, es seguro que no irá a ningún cajón del archivo por los próximos cincuenta años, pero aun así me tomo el atrevimiento de parafrasear el texto que en 1965 se puso a consideración de todas las clases sociales en León: ¡Alguien tiene la palabra!

N. del E. Aquí, el artículo en que el autor promovía la asignación del nombre "Vicente González del Castillo" para el Archivo Histórico Municipal de León.

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