Transformar la realidad, salir de nuestra cárcel

 “…los señalados en la UG por hostigamiento, acoso sexual o académico, y otros que aún no lo han sido, se sentirán ahora presos de esa cárcel construida con sus actos desde un lugar en el que se pensaban inmunes, impunes…”

Transformar la realidad, salir de nuestra cárcel

A veces siento que la tristeza me tiene presa.
Quiero ser libre,
quiero escapar de esta cárcel
que está en mi cabeza

​Mural del movimiento de los estudiantes  en la UG Campus León

 

 

El epígrafe para este texto, como el movimiento mismo, deben motivar a muchas reflexiones en torno a la forma cómo la reciente y vigente protesta de los estudiantes de la Universidad de Guanajuato ha impactado a los miembros de su comunidad y al entorno social general.

En 1880, cuando estaba buscando respuestas a lo que podría hacer con su vida, Vincent Van Gogh escribió algo similar en una carta a su hermano: […] los hombres se hallan a menudo en la imposibilidad de hacer nada, prisioneros en no sé qué jaula horrible, horrible, muy horrible.

Algunos de los señalados en la Universidad de Guanajuato por hostigamiento, acoso sexual o académico, y otros que aún no lo han sido, se sentirán ahora presos de esa cárcel construida con sus actos desde un lugar en el que se pensaban inmunes, impunes. Ellos, en razón de sus actos, pudieran bien acabar en una real prisión.

Pero otros se sentirán presos y se sabrán incluidos en esa condición, en esa jaula horrible, sin más razón que por estar en la mira de alguien o de algunos que aún se saben impunes y dispuestos, mediante un señalamiento falso, a deshacerse de quien a sus ojos y su cortedad de miras, estorba su comodidad académica, su zona de control o su intimidad personal. Ellos, los inocentes, debieran ser reivindicados por la institución, que tiene por un lado el compromiso de atender las demandas legítimas de sus estudiantes y por el otro, el compromiso de no poner bajo la misma cárcel a quienes sí y quienes no la han merecido. La comunidad finalmente sabrá o deberá saber quién es cada cual.

Las instituciones (el Estado, el Municipio, la propia Universidad) acaso se encuentren hoy en la cárcel de sus propios espacios de privilegio y control, que lo más que han logrado es construir una realidad en la calle, en la plaza, en el campus, cada vez más incierta y más violenta, no sólo para los estudiantes sino para toda la sociedad, para los jóvenes, —significativamente las mujeres- pero también para los padres de familia, los obreros, los empleados, colectivos sociales, etc., para que se comiencen a ver en el mismo espejo a partir del movimiento universitario.

Con su actuación reciente los estudiantes han dado el primer paso, entendiendo la importancia de conectar sus mentes y su libertad, buscando construir mejores espacios para la cotidianidad, pero también buscando mover a sus instituciones, actuando como ciudadanos insurgentes, que se quieren comprometer ante las condiciones actuales de desigualdad de derechos —o de la falta de atención a éstos por las autoridades.

Ojalá que en este camino todos aprendamos a construir nuestra posibilidad de agencia, nuestra ciudadanía, y podamos cuestionar no sólo a las instituciones, sino a nosotros mismos en el afán de diferenciar la reivindicación colectiva, justa en sí misma, del posicionamiento particular o de grupo.

Los estudiantes, a partir de su movimiento y en la construcción de su proceso deliberativo, pueden impactar positivamente al desarrollo colectivo. Los de la Universidad han dado el primer paso para que, a partir de mirarnos en el espejo de la realidad, busquemos la forma de salir de nuestras propias cárceles.

Un 23 de diciembre de 1888 (fecha que lleva a la referencia en este texto), en una de las muchas crisis de su apasionada vida, Vincent Van Gogh se mutiló el lóbulo de la oreja. Al poco tiempo de este episodio escribió a su hermano, desde su reclusión en el hospital de Arlés, como parte de la carta arriba citada:

[…] un cierto número de personas de aquí ha dirigido al alcalde (creo que se llama Tardieu) una nota (había más de 80 firmas), señalándome como un hombre indigno de vivir en libertad o algo por el estilo […] No te oculto que hubiera preferido morir, que causar y sufrir tantas molestias […] Si las buenas gentes de aquí protestan contra mí, yo protesto contra ellos […] Nosotros, artistas en la sociedad actual, no somos más que cántaros quebrados […].

Las frases pintadas en los muros de la División de Ciencias Sociales y Humanidades del Campus León de la UG pueden ser vistas como verdaderas declaraciones de principios, en tanto definen el contenido del pensamiento de los estudiantes, los anhelos y las reivindicaciones de una generación que intenta decir ¡basta! a las respuestas recientes de sus mayores, de las instituciones construidas para, en teoría, darles bienestar, desarrollo y marco para el ejercicio de sus derechos ciudadanos.

Estas frases también son esa carta colectiva —un pliego petitorio- que ha generado la empatía casi unánime de una sociedad cuyas condiciones de inseguridad, incertidumbre y miedo, se ven reflejados en las demandas estudiantiles, que se convierten en catalizador de la angustia colectiva.

Esos muros muestran frases lapidarias como: ¡No se puede hablar de prestigio cuando encubren acosadores!, aludiendo a una respuesta que esperaban y nunca encontraron desde hacía más de un año, simplemente porque los términos de comprensión de la respuesta emitida por la Institución no corresponde con los de los estudiantes. Un choque entre la visión del joven y la de una institucionalidad construida, por lo visto, para controlar, para mediar en sus propios términos, que no son —no podrán ser nunca más- los mismos que den respuesta a la incertidumbre de los estudiantes por su presente y por su futuro, por la violencia, por la inseguridad física, económica, social construida durante las últimas décadas en torno a las institucionalidades escolares, gubernamentales, al marco legal, etc. La verdad os hará sudar es el reto que lanzó el movimiento de estudiantes de Guanajuato a su Universidad y tal vez, ojalá, a toda su sociedad.

Otro cartel escrito por los estudiantes en este campus de la UG dice: La sociología como ciencia es capaz de entender la realidad. La sociología como práctica, de transformarla. Esto es también una constancia de que lo que han aprendido en el aula es una herramienta, un arma que les permite lanzar su ¡Ya basta! transformador, que no es sólo el de quien escribió el cartel o quien participó activamente en el movimiento: puede ser el de toda una generación. No es por una abeja, es por toda la colmena, y esto tal vez signifique que no debiera ser sólo de la Universidad y sus estudiantes. Intra y extramuros, los problemas de movilidad, seguridad, desigualdad, violencia en razón de género, los delitos, los feminicidios, todo, todo se ha vivido en los últimos años como si los ciudadanos fuéramos cántaros quebrados por la persistencia de la autocomplacencia e inacción de las instituciones, que parece que sólo se han visto en el espejo de sus propios privilegios, y eso es algo por lo que se debe protestar.

Ésta es posiblemente la lógica de comprensión de una generación que no está en sintonía con la de sus instituciones, y por la que se puede convertir en una generación insurgente a partir del cumplimiento de una de las consignas dirigidas hacia la UG, que hasta puede ser extensiva al resto de las Instituciones: Nunca más volverán a contar con la comodidad de nuestro silencio.

El feminicidio de Daniela Vega el 30 de noviembre de 2019, en el marco global de los movimientos de protesta en Chile, Ecuador, etc., todo en medio del grito Un violador en tu camino, y en el marco de una realidad local de violencia en sus múltiples manifestaciones, hizo conectar las mentes de los estudiantes, que de inmediato salieron a reivindicar su derecho a vivir libres de violencia, a recuperar sus espacios de actuación que sienten capturados por el sistema universitario (La Universidad no es un lugar de seguridad para las mujeres),  por el sistema de gobierno en general (… nula respuesta para atender de manera urgente la violencia feminicida… - solicitud AVGM marzo 2014-  ), y por el entorno de vida cotidiana (… el acoso sexual y laboral es parte de la cotidianidad y se ha normalizado —demanda de las estudiantes planteada desde 2018-). Todo esto llevó a la comunidad estudiantil a plantear al Municipio las demandas por espacios físicos de seguridad, por mejorar las condiciones de movilidad, por demandar de su Universidad atención a sus necesidades bajo condiciones distintas de interlocución.

Los estudiantes plantearon los retos por venir a partir del año 2020. Hay quienes en la Universidad dicen que su principal reto es el relacionado con los profesores acusados de acoso, pero no es así. Uno está en el tipo de respuesta que se deberá dar desde ahora a ésta y a todas las demandas de interlocución y de actuación por venir: construir nuevas formas de comunicación (Sin los cuatro no hay trato), de comportamiento (Hasta que la dignidad se haga costumbre) y de interacción entre estudiantes, profesores, directivos, etc., para el caso de la Universidad, y entre ciudadanía y gobierno en el ámbito social. Revisar comportamientos, corregir desde cada uno lo que a cada quien corresponda. La Universidad ha de saber —y sabe- que puede tener culpables que se defenderán con todo desde su baja calidad y desde redes que inician en su propio delito, pero también puede tener inocentes que, como cántaros rotos, acaso sientan que prefieren morir que sufrir y causar tantas molestias.

Los estudiantes deben saber construir sus formas deliberativas al interior de su organización, mantenerse como agentes activos de cambio, y transformar su justa indignación en una constante que mueva al cambio necesario en las formas de ejercer el poder de las instituciones. Lo saben, lo han externado (…encontraremos nuevas formas de lucha… en nuestras cotidianidades, en nuestras aulas, en nuestros hogares… —comunicado Despedida, 16 dic.-).

Los estudiantes tienen en su lista acaso algunos inocentes que sólo desde un nombre limpio encontrarán salida a esa horrible cárcel en la que este movimiento les ha colocado, y culpables que aún no llegan a sus listas y que caminan aún inmunes, aún impunes.

Y toda la sociedad, y la comunidad de la Universidad de Guanajuato, saben que hacia adelante sólo podemos caminar en la libertad que nos significará salir de la cárcel a la que condiciona la realidad violenta en tantas formas del tiempo actual, y que esto puede comenzar, no sin sudor, buscando la verdad que deberá ser suficiente y que nos hará libres.

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