El Evangelio Según • Nosotros los nobles • Víctor Hugo Pérez Nieto

“Lo mexicano no siempre es kitsch…”

El Evangelio Según • Nosotros los nobles • Víctor Hugo Pérez Nieto


Lo mexicano no siempre es kitsch, término utilizado para referirse a una copia mal hecha con la pretensión de aparentar ser.

Lo que los latinoamericanos replicamos de los estadunidenses o de los europeos es considerado kitsch. Los chinos también copian todo, pero por motivos más pragmáticos.

Hay varias definiciones, pero yo entiendo lo kitsch en México como una retorcida estética, generalmente del aspiracionista (por eso los detesta AMLO) y sobre todo del nuevo rico, con anhelos artísticos, pero con todavía mayor desconocimiento de la estética en su sentido filosófico. Así vemos los narcomausoleos, las armas pavonadas en oro con cachas de marfil y diamante, pero sobre todo, los más molestos y kitsch de la cultura mexicana: los malos poetas que sin el mínimo conocimiento del ritmo se atreven a publicar prosa acomodada en versos.

Pero hoy no son los poetas, que se encuentran hasta debajo de las piedras, el tema de mi columna. Hoy hablaré del remake francés de una taquillera película mexicana escrita por los guionistas Adrián Zurita y Patricio Saiz, dirigida por Gary Alazraki, quienes a su vez se inspiraron en la película mexicana de la época de oro “El Gran Calavera” de Luis Buñuel, donde los hermanos Soler figuraban en el reparto, y tal vez un poco del libro ‘Casi el paraíso” de Luis Spota.

Ricos y malcriados es la propuesta de Netflix. Lo interesante es que la trama se desarrolla en Mónaco y Marsella, en vez de ser la Ciudad de México el escenario original, y que en lugar de haber un pseudo español queriendo cazar la fortuna familiar (claramente inspirados por Colate, el exesposo de la Pau, o por el conde Hugo Conti de Casi el paraíso), es un falso latin lover el que descubre la trampa tendida por el jefe de la dinastía a sus hijos.

El Javi francés conduce un bicitaxi en vez de un pesero y el que convierte en su mejor amigo y socio es un inmigrante árabe.

En los créditos finales aparece Gary Alazraki; por eso deduzco que debió existir algún jugoso acuerdo entre los productores mexicanos y Netflix que, según me informé, tiene planes de otro remake en EU.

Después de todo, los latinoamericanos no somos tan kitsch. Tenemos argumentos contundentes, que a pesar de los recortes a cultura como en el caso de México, son dignos de tener varias versiones en muchos idiomas, porque nuestras tramas no tratan de superhéroes ni se valen de efectos especiales, sino que hablan de la cotidianidad del ser humano, sus diferencias sociales y sus pasiones, que son universales.

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