El arte como medicina para la pospandemia

“Hoy más que nunca, debemos tatuarnos las palabras comunidad, unión, humildad, libertad…”
El arte como medicina para la pospandemia

Vidal Berrones - El arte como medicina para la pospandemia


La noticia de que estamos a unos meses para que salga al mercado la vacuna contra el covid-19 ha generado una nueva preocupación —por si faltara otra-: ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a ser?

Hablando de nuestro querido México, ahora mismos deberíamos estar preparándonos para lo que viene… es decir: la pospandemia. Ni gobierno ni sociedad entendimos adecuadamente y en tiempo los efectos tan malignos del virus, y mucho menos su letalidad y mortalidad.

Ya no estamos en tiempos de aprendizaje; son tiempos de acciones, de resultados.

El economista irapuatense, Roberto Sánchez Mendiola habla de cuatro pandemias: La de salud, la económica, la de inseguridad y la política, al menos tres de ellas con efectos muy serios a nivel de la familia, la célula de la sociedad. El desempleo, la falta de ingresos, el desconocimiento y el miedo han afectado a las familias, a la comunidad, a la autoridad.

Expertos dicen que algo que seguramente perdurará en la mente de las personas adultas, mayormente padres o jefes de familia, es que tendrá implicaciones conductuales como volvernos mas respetuosos y conformistas de las reglas, y aún mas críticos con quien las incumplen, tengan qué ver o no con la salud. Nuestro subconsciente nos dice que alguien que se salta o no observa las reglas establecidas en los diferentes ámbitos de convivencia, es obvio que igual las desestimará en asuntos relacionados con la salud. Recordemos aquel cuento del carrito del supermercado. “…si donde vives, ves a personas que utilizan el carrito del supermercado para llevar a su auto el mandado que compró, y lo deja a la deriva en el estacionamiento en vez de regresarlo a su lugar de donde lo tomó, algo grave pasa en tu ciudad…”

Aún no hay datos muy precisos sobre las formas en que el coronavirus está cambiando nuestras mentes, pero la teoría del sistema inmunológico conductual sugiere que lo hará. Yoel Inbar, de la Universidad de Toronto, argumenta que será un cambio relativamente moderado, y nada radical. Puede darse el caso (incluso ahora ya se observa) de que la gente en la pospandemia se vuelva más desconfiada de los extraños y, por ende, aumenten las conductas xenofóbicas y clasistas.

¿Qué hacer como sociedad? ¿Qué acciones deberían de estar planeando las instituciones? ¿Qué –en nuestro particular caso- debemos hacer los promotores culturales? ¿Sentarnos y ver pasar  a los vacunados?

El arte y la cultura serán la mejor fórmula para recomponer esas conciencias y subconscientes ya que, aunque el confinamiento ha sido en todos los niveles, preocupan los estragos que está causando, y las secuelas que dejará en los niños y niñas entre cuatro y diez años de edad, principalmente. A esa edad, a los niños les queda grabado el no poder salir de casa, no poder ver a sus amiguitos, no poder correr en el parque, la obligación de usar una telilla que les cubra boca y nariz.

Claudio Espector, docente Argentino, experto en música y creador de la red por la enseñanza musical colectiva, afirma que “la música va a ser clave para restaurar las heridas de la pandemia”.

“El rol que van a tener el arte y la música en la vida de los niños va a ser muy importante para resarcir las heridas que todo esto va a dejar, y también en los adolescentes y personas adultas”.

Esta actividad se deberá realizar de manera presencial.

Es momento de regresar a la vieja normalidad, la de respirar al aire libre con o sin cubrebocas —éste llegó para quedarse, dicen los expertos.

Es momento de sacar las orquestas de los auditorios, de llevar las colecciones de arte a las calles, de que las pantallas de cine estén en los estacionamientos, de ver mucho teatro callejero, de disfrutar la danza en todo su esplendor y hasta bajo la lluvia.

Hoy más que nunca, debemos tatuarnos las palabras comunidad, unión, humildad, libertad; las calles jamás deberán estar vacías. Los libros ya estuvieron mucho tiempo guardados; llegó el momento de sacarlos a la calle, al mercado, a la plaza, para que respiren y recuperen también su libertad y olviden su tiempo de soledad.

Pero no esperemos que los gobiernos lo hagan como por arte de magia; no insistamos en el error de pensar que aquellos son los únicos responsables de dar solución a todo, porque bien hemos visto que no ha sido así, y que si una lección nos está dando esta crisis, es que necesitamos ser más solidarios y empáticos entre todos. Así que tomemos las calles, viajemos, vivamos, pongamos cada uno nuestra parte y, como dijo un líder… Juntos en movimiento.

Finalmente, les platico que allá arriba, en las montañas, llueve, brilla el sol y hay música… una bellísima música.

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