Es lo Cotidiano

'99' leído en PDF

“Fragmentos de una historia; astillas del cristal, espectros; los textos se deslizan uno por uno por la banda de producción al cero…”

José Luis Justes Amador, '99', portada
José Luis Justes Amador, '99', portada
'99' leído en PDF

 

 

todo poema es otro poema.

Algunas veces –si no siempre- un poema parece ser la huella de otro o, si se prefiere, el fantasma de otro nunca escrito, nunca llevado a cabo.

Leído en pdf (99, el libro), parece deslizarse de abajo a arriba como un solo poema que luego de haber sido colocado sobre una banda inacabable de producción el autor se hubiera visto precisado a designarlo después con una especie de número negativo que denuncia, sin embargo, una pérdida:

99 –es decir-, 99 antes de cero.

Fragmentos de una historia; astillas del cristal, espectros; los textos se deslizan uno por uno por la banda de producción al cero, sin discurrir efectivamente hacia la consistencia del uno.

En ocasiones parece –aparecidos- haber atisbos, resoluciones, comienzos: aparece el fantasma 21, el Holden evanescente, o la leve versión plúmbea de Kunin, pero luego todo vuelve a la normalidad de la maldición de los números negativos: todo poema es otro poema que se mantiene inexpugnable del otro lado del espejo. Que se mantiene inconmovible a la orilla de la unidad de la imagen.

¿Por qué se escribe entonces, si lo que se escribe parece ser el reflejo de aquello que nunca podrá escribirse?

En un excelente poema (Continúa hablando Bernstein) el autor parece sugerir, no sin cierta ironía, que también (¿o casi siempre?) se persiste en la escritura por una especie de espíritu deportivo. Esta afirmación, aunque usada para referirse a la música y a sus intérpretes, parece poder aplicarse, sin menoscabo, al ejercicio de la escritura.

Continúa Hablando Bernstein es un poema que ostenta más o menos una declaración de ese espíritu deportivo que se manifiesta al escribir, tal como se presentan en esta actividad, así mismo, la curiosidad y la aventura y también el experimento, cuya definición más apropiada dadas las circunstancias de un poema es provocar un fenómeno.

Por supuesto que cada poema detenta la marca de un acontecimiento, aunque de todos los acontecimientos convertidos en fenómenos verbales, el cero parece ser su límite. Otra vez: todo poema es otro poema. Y no estamos hablando de manera cuantitativa sino de la apertura del poemario, pues el libro arranca, a mi juicio atinadamente, con esta declaración.

En el poema 79 el poeta dice lo siguiente: Por razones obvias habré sido el primero en descubrir que este libro no solamente no parece lo que quiere ser sino que con frecuencia parece lo que no quiere.

Más allá del galimatías, de la artificialidad de la frase, este enunciado abre una pregunta, buena quizá, para todos los libros de poesía: ¿qué es lo que un libro de poemas no quiere ser y sin embargo lo parece?

Creo que la pregunta, en este libro, se resuelve -se asume- desde el principio.

Fuera de que cada libro de poemas demuestra una pérdida, un derroche, un bello gesto inútil, este libro declara sin disimulo lo anterior desde el texto inaugural sin caer en el rebuscamiento o en el tono solemne de la desgracia: por fortuna sopla en sus páginas el aliento del humor y la ironía, dos cosas distintas, que con una se ríe y con la otra se deja de reír.