Norteamérica 2026: Día treinta y cuatro, furia posesiva • Fernando Cuevas

España Francia, Foto Deportes TVC
Los franceses no conseguían acomodarse y en una pelota perdida por su arquero, los españoles estuvieron cerca de anotar el segundo con una jugada bien armada que salvó al final Upamecano.

En la primera semifinal, desarrollada en el aclimatado estadio de los Vaqueros de Dallas, se enfrentaron las selecciones de España y de Francia, final adelantada según algunos, aunque claramente es necesario esperar, sobre todo considerando el poderío de los otros dos contendientes y la propia naturaleza de un torneo de semejante magnitud que implica mucha mayor presión que cualquier otro. el juego empezó con un ligero dominio español sin trascender mayormente y poco a poco los franceses emparejaron el trámite, tampoco sin generar peligro más allá de alguna triangulación que no terminó de fructificar. La batalla estaba en el terreno táctico y, sobre todo, en el campo medio, en el que Rabiot recuperaba cualquier cantidad de balones, si bien recibió prematura tarjeta amarilla que lo condicionó, y del otro lado, Fabián y Dani Olmo intentaban conectar los organizados bloques de los suyos.

No sucedía prácticamente nada en las porterías hasta que en un centro pasado, Digne quiso despejar tras controlar con la cabeza pero terminó pegándole a Lamine en el área para cometer un penal un tanto absurdo, bien cobrado por Oyarzábal, con todo y el lance de Maignan, adivinando la dirección del disparo. Los franceses no conseguían acomodarse y en una pelota perdida por su arquero, los españoles estuvieron cerca de anotar el segundo con una jugada bien armada que salvó al final Upamecano. Siguieron las acciones sin que se presentaran riesgos para los guardametas, salvo alguna salida a tiempo de Simón y un centro de Kounde que no alcanzó respuesta en el área española. A pesar de la ventaja, el equipo ibérico se mantenía en estado de alerta y con plena convicción, buscando tener la pelota y ejerciendo presión en todos los espacios de la cancha, mientras que el reloj se agotaba en una primera parte de escasa llegada pero nutrido juego táctico.

La segunda mitad arrancó de forma parecida a la tendencia de la primera con jugadas imprecisas, sobre todo del lado francés. Un disparo de media distancia de Oyarzábal y un intento de colada de Barcolá fue lo único que sucedió en los arcos durante los primeros diez minutos, mientras que la Furia Roja, ahora de camiseta blanca, mantenía el control sin mayores problemas. Fue al 57’ cuando en dinámica y paciente jugada colectiva que inició con la recuperación de Cucurella en propio campo, que el partido empezó a tomar rumbo definitivo: recorriendo todo el terreno a lo largo y ancho con estética coreografía, Olmo aguantó la falta al filo del área y tocó para la entrada solitaria de Porro, quien terminó por culminarla y poner el segundo gol con certera definición, para mayor descontrol de Les Bleus, desconocidos hasta el momento. Una jugada que finiquitaron dos jugadores que no iniciaron como titulares pero que se quedaron con el puesto dado su notable desempeño en cada una de sus posiciones. El gol comunitario del Mundial.

El recién ingresado Ferrán estuvo cerca y otro que entró al campo, Doué, tuvo la oportunidad ante una salida de Simón que alcanzó a regresar para anular la oportunidad. En los minutos finales, ya en fase de completa desesperación, los franceses se lanzaron con lo que les quedaba y lograron generar más llegada que en todo el resto del partido: tarde y sin la contundencia requerida. Cherki saltó del banco tratando de darle más profundidad al ataque, en tanto Mbappé probaba disparos a puerta desde diversos ángulos, al igual que Dembélé, aunque ya sea por Simón o por la falta de puntería, el anhelado descuento en el marcador no terminaba de caer, ya en un momento en el que un derrotista sentimiento se apoderaba del cuadro azul. El árbitro salvadoreño, con algunos problemas al inicio pero después llevando a buen puerto el compromiso, pitó el final

Luis de la Fuente ha tenido la capacidad de ir haciendo los ajustes necesarios entre y durante los partidos para consolidar un equipo sólido en todas sus líneas y de conexiones funcionales, logro que en un torneo tan corto no es poca cosa. Y el conjunto español ha sabido adaptarse y neutralizar a distintos tipos de rivales, como sucedió hoy ante la poderosa Francia: cortó los circuitos, jugó con un sentido de anticipación brutal y anuló la posibilidad de que los balones le llegaran a modo a los brillantes delanteros galos. El colectivo triunfó sobre la capacidad individual, sí, pero para que un conjunto funcione de esta manera también se necesita del talento personal y, sobre todo, del compromiso con una idea y un proyecto: se advirtió con claridad cuando incluso los atacantes españoles hacían labores de recuperación en diferentes zonas del campo, complementando el desempeño de Rodrigo, ya en plena forma, haciendo pivotal mancuerna con Fabián, adelante de los eficaces centrales y detrás del Olmo, el gran conector, abriendo juego para carrileros y extremos de ida y vuelta incesante. España está en la final como fuerte candidato con toda su furia posesiva después de 16 años y espera rival.