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Norteamérica 2026: Día treinta y tres, velando armas • Fernando Cuevas

Llegamos a unas semifinales que en el papel suenan como unas de las mejores de la historia del certamen. 
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Norteamérica 2026: Día treinta y tres, velando armas • Fernando Cuevas

Es lunes y además no hay Mundial, pero basta con soportar la abstinencia porque se viene la semana decisiva del torneo. Ya el domingo, después de la final, se verá cómo sobrellevar la cotidianidad rota durante este poco más de un mes; en efecto, pocas celebraciones a nivel global son capaces de incidir en la vida diaria de las personas como la Copa del Mundo: se trastocan los horarios de sueños, en las escuelas y trabajos se pausan actividades para ver a la selección propia, en las plazas públicas se multiplican los festejos y en la intimidad de los hogares se modifican hábitos alimenticios, las actividades de rutina y la lógica diaria se acomoda según favorezca, en lo posible, ver los partidos.

Los pendientes se van amontonando irremediablemente y las reparaciones caseras pueden esperar (los botes para las goteras son una tecnología de avanzada); los libros pendientes se apilan, reclamándonos nuestra falta de atención y las películas pasan por cartelera sin ser vistas (ahora que salga en plataformas); el proyecto aquel que tanto entusiasmaba tendrá que esperar y el ejercicio, pues, ya bastante agotador es ver tantos partidos; las citas se reagendan y las reuniones se cancelan, salvo que sea en algún lugar con pantalla más grande que la de uno. Y así, a lo largo de todos estos días uno va sobreviviendo con el infalible mantra de “ahora que acabe el Mundial”, por aquello de la acumulación de asuntos no resueltos que se esconden debajo de la alfombra.

UN PREVIO DE LAS SEMIS

Llegamos a unas semifinales que en el papel suenan como unas de las mejores de la historia del certamen: cuatro selecciones campeonas, que se presentan con la mayor parte de sus figuras y que finalmente se conocen muy bien entre sí, ya sea porque compiten como selecciones más o menos con frecuencia -en el caso de las tres europeas- o debido a que muchos de los jugadores se desempeñan en las mismas ligas, como la mayor parte de los sudamericanos. En cierto sentido, se trata de potencias emergentes, si pensamos que en una primera etapa lo fueron Uruguay, Italia, Alemania y Brasil y salvo Inglaterra, las otras tres han sido campeonas o subcampeonas recientes.

Al final del día se siguió la lógica de que, a pesar de las siempre gratas sorpresas, conforme avanza el torneo van quedando los equipos más consolidados y en esta edición de la Copa del Mundo quedó asentado de manera muy clara: llegan el campeón del mundo y de América; el monarca y subcampeón de Europa y el subcampeón del Mundo. Cuatro selecciones de élite que han tenido a lo largo de su historia varias generaciones doradas, a veces desperdiciadas, y que cuentan con ligas locales fuertes y productoras de varios de los mejores jugadores del planeta.

Se dice en algunos círculos que el partido entre España y Francia es una especie de final adelantada. No estaría tan seguro porque en estas instancias y ante este escenario, los desempeños y resultados suelen igualarse. Lo cierto es que entre vecinos los enfrentamientos tienden a ser intensos, como lo ha sido la relación fronteriza, desde la firma del Tratado de los Pirineos en 1659, que estableció una frontera más o menos funcional, si bien Napoleón, mañosamente, invadió España en 1808 e impuso a su hermano como monarca, lo que derivó en la guerra de la independencia española, entre 1808 y 1814. Entre ambos sucesos, Felipe de Borbón hermanó a las dos coronas a principios del siglo XVIII.

En el terreno futbolero, estos dos cuadros se enfrentaron por primera vez en 1922 con triunfo de español por 4-0 en Burdeos y justo cuando se empezó a gestar el sobrenombre de la Furia; correspondieron la visita los franceses en 1923 y otra vez fueron derrotados, ahora 3-0 en San Sebastián. Además de varios amistosos, se han enfrentado en cinco ocasiones en la Euro, con dos triunfos por bando y un empate; disputaron la final de la Nations League con triunfo francés 2-1 en el 2021 y una semifinal extraña que acabó 5-4 en favor de los españoles en el 2025. Sólo hay un antecedente mundialista entre estas dos selecciones, cuando los franceses derrotaron 3-1 a los españoles en la fase de octavos del Mundial de Alemania 2006; empezaron ganando los ibéricos con penal de Villa pero los galos le dieron la vuelta con goles de Ribery, Vieira y Zidane.

Por su parte, Inglaterra y Argentina han escenificado algunos de los partidos icónicos de las copas del mundo, en particular aquel clásico 2-1 en el Mundial de México 1986 con un Azteca volcado que fue testigo de la mano de Dios y del quizá mejor gol en la historia de las Copas, ambos obra de Maradona. Se vieron las caras en Chile 1962 con triunfo inglés 3-1, repitiendo victoria en casa en 1966 por 1-0 en cuartos de final, con polémica arbitral incluida en una expulsión a Rattín y en el gol que se discutió si había sido en fuera de lugar. Después del histórico partido en México, se encontraron en Francia 1998 en octavos y tras el empate 2-2, los pamperos se llevaron el triunfo en tanda de penales: partidazo. Y la más reciente fue en fase de grupos en Sapporo, Japón, durante el Mundial del 2002, con victoria británica 1-0.

En la rivalidad futbolera se ha inmiscuido el tema de las Islas Malvinas, que de acuerdo con los argentinos les pertenecían pero fueron expulsados de manera ilegal por fuerzas británicas en 1833. Ahora es un territorio de Ultramar, regido por el Reino Unido con autonomía en su gobierno y economía. En el 2013 hubo un referéndum y los habitantes del archipiélago optaron por continuar siendo británicos. El conflicto escaló con la llamada Guerra de las Malvinas en 1982, iniciado con el desembarco de tropas argentinas y que duró 74 días, tras la rendición de Argentina: fue sobre todo en el partido de 1986 cuando se mezclaron estos sucesos con el partido en la cancha. Pero sólo es fútbol, ni más ni menos. Ya lo explicó con claridad Lionel Scaloni.