Norteamérica 2026: Día cuatro • Fernando Cuevas
BIENVENIDA INMISERICORDE
País con propia constitución y parte del reino de los Países Bajos, con aproximadamente 160,000 habitantes, Curazao debutó en las copas del mundo ni más ni menos que frente a Alemania en el NRG de los Texanos de Houston, duelo que lucía como el más disparejo de la primera ronda. Control inicial de los tetracampeones, sumidos en crisis desde hace un par de mundiales, y muy pronto Mnecha culminó una notable jugada colaborativa para abrir el marcador al 6’. Cuando se esperaba que la distancia se empezara a ampliar, los caribeños se animaron al frente y en la segunda aproximación consiguieron, inesperadamente, el empate vía disparo de Comenencia al 21’ que fue ligeramente desviado, haciendo imposible el lance de Neuer. El equipo teutón pareció reaccionar ante la osadía de estos jugadores, que se daban tiempo para regalar algunos recortes de lujo, y puso a trabajar al arquero y la defensa que se empleaban a fondo, hasta que en tiro de esquina, Schlotterbeck, después de un par de avisos, cabeceó la pelota con su más de 1.90 metros para volver a mandar al frente a los de blanco al 37’. Y para cerrar la primera parte, Havertz convirtió un penal que dejó un movido 3-1.
Fue agobiante el arranque alemán en la parte complementaria. Musiala se movió al espacio y Kimmich le entregó la pelota para que rubricara el cuarto, apenas al 46’. El partido tomó el curso esperado y los germanos dominaban con todo y la enjundia de los isleños. Sané, un poco desaparecido, tuvo un mano a mano y la echó fuera, pero el ingresado Brown conectó una eficaz volea para mover las redes por quinta ocasión al 68’, después de que los de azul lograron anotar pero en claro fuera de juego. Pero el cuadro de las antillas menores mantenía cierta alegría y desparpajo, a pesar de la goleada, e incluso estuvieron cerca del segundo pero en cambio recibieron el sexto por conducto del recién ingresado Undav a servicio de Wirtz ya con la defensa y el portero caídos, tal como quedaron después del segundo de Havertz y séptimo en la cuenta germana. A pesar del abultado marcador, los curazoleños se entregaron en la cancha pero les tocó una de las potencias históricas, que repite un 7-1 como en aquel día oscuro para el anfitrión del 2014.
EMOCIÓN Y CALIDAD
En el campo de los Vaqueros de Dallas en Arlington, Japón estaba dispuesto a mostrarse competitivo frente a Países Bajos, otro de los candidatos. Con líneas de cinco, primero fueron los europeos quienes pusieron en peligro la puerta de Suzuki, quien sacó una pelota con gran desviada apenas al 5’; se repusieron pronto los asiáticos y empezaron a tener el control pero, en un intercambio constante de la manija, los de naranja volvían a retomar la iniciativa, antes de la pausa. De regreso fueron los neerlandeses quienes decidieron adelantar filas, empezaron a acechar el área del sol naciente y Malen nuevamente probó al portero nacido en Estados Unidos, de madre japonesa y padre ghanés; la presión continuaba y los de azul cerraban circuitos e intercalaban la marca pero no podían recuperar la pelota e hilar alguna jugada hacia el frente, hasta que cerca del final volvieron a decidirse: primero Nakamura y después Ueda soltaron sólidos disparos que no encontraron portería. De lo mejor que se ha visto en el certamen.
Para la segunda mitad, los herederos de la Naranja Mecánica salieron a presionar y pronto, al 51’ Van Dijk cruzó su remate de cabeza por abajo para colocar la pelota en el palo y en la red, mandando al frente a su conjunto. Reaccionaron bien los samuráis y seis minutos después, Nakamura disparó pegado al poste y emparejó el marcador en un arranque intenso y brillante del complemento, al nivel de la primera mitad. El ritmo se mantenía y la disposición de ambos equipos no cesaba, tal como lo demostró Summerville, quien después de ser amonestado, se encargó de volver a mandar adelante a los suyos con recorte hacia dentro y tiro cruzado, eludiendo la estirada del arquero. Vinieron los cambios y las posibilidades de uno y otro lado seguían presentes por medio de Gakpo y Sugawara, respectivamente, y cuyos intentos fueron controlados por los guardametas. En la recta final los nipones se lanzaron al abordaje en busca del empate y, sin bajar ánimos y convicciones, lograron el objetivo de la forma menos esperada: por remate de cabeza, cortesía de Ogawa, quien logró desmarcarse y conectar para que un rozón de Kamada terminara por complicarle la parada a Verbruggen y decretar el 2-2 definitivo en el mejor juego al momento.
IGUALADA ROTA AL FINAL
En el estadio Lincoln Financial de las Águilas de Filadelfia, la selección de Costa de Marfil recibió a su similar de Ecuador, con la tribuna a su favor, en un encuentro que prometía dinamismo y apertura. Fueron los sudamericanos quienes pretendían tomar la iniciativa de inicio y a lo largo de los primeros minutos lograron aproximarse con disparos de Caicedo y Yeboah, uno detenido por Fofana y el otro escapándose por lo alto. A partir del cuarto de hora despertaron los africanos con un disparo rebotado y después con una venenosa pelota de Touré que por poco se introduce en el arco ecuatoriano. Valencia puso la pelota en el travesaño, justo cuando su equipo atravesaba dificultades y, tras la pausa, Minda también saludó el horizontal de la puerta del cuadro naranja: si valieran medio punto, ya hubieran sumado el gol. Empezaron a salir las tarjetas para tres jugadores de los Elefantes que empezaron a pegar de más, al tiempo que construían algunos arribos con cierta dosis de peligrosidad, incluyendo una lucidora chilena bien lograda y una gran exhibición de Diomande, la nueva joya marfileña, para despedir el periodo inicial.
En el complemento primero amenazaron los ecuatorianos vía Valencia pero después los marfileños se encargaron de producir jugadas de peligro continuo, entre las que se apreció un remate para saludar el travesaño por parte de Wahi: la pelota viajaba por fluidez de un área a la otra. Momento de cambios de ambos conjuntos y el partido se empezaba a inclinar hacia el cuadro africano que esparcía la sensación de anotar pronto, aunque antes de la suspensión para hidratarse, Plata puso en aprietos a Fofana, quien resolvió con buen rechace para defender su cabaña. En el episodio final, ambos equipos seguían buscando el arco contrario pero conforme avanzaba el minutero la tensión se acrecentaba porque ya era partido de empate o de un gol definitorio, por lo que los defensores cerraban justo a tiempo el espacio: fue entonces cuando Diallo tomó la pelota y tras un discreto ingreso al área, pateó de pierna izquierda para mandar la pelota a la red al 89’, muy cerca del palo lejano, y evitar la desviada de Galíndez. 1-0 los africanos a pesar de que en la compensación lo siguieron intentando los de Sudamérica, viviendo una dolorosa derrota al filo del tiempo.
UNA SUECIA REGIA
En el campo de los Rayados del Monterrey, la selección de Suecia se enfrentó a la de Túnez, además de unas condiciones ambientales a las que quizá no estén muy habituados. Con todo, mostraron las cartas de arranque y se posesionaron de la pelota para empezar a generar juego adelante, pronto manifestado por Gyökeres y después con Ayari, quien tomó un rebote y venció al portero Chamakh y a una defensa descolocada al 7’, celebrando de manera discreta porque su madre es tunecina (más le vale). Los africanos dieron señales de vida al 13’, cuando estuvieron cerca de emparejar pero Nordfeldt adivinó hacia dónde iba la pelota. Los de rojo empezaban a mostrar cierta reacción pero a la media hora, un pase largo fue controlado por Isak y desde fuera del área soltó un zapatazo que mandó la pelota al fondo, tras un pequeño bote que evitó la desviada del arquero. Cuando parecía que la moral tunecina se caía, vino un remate de cabeza de Rekik hacia el final de la primera parte para anotar un descuento que le daba una renovada esperanza a los suyos. Un entretenido 2-1.
Para la segunda mitad, las llamadas Águilas de Cartago emprendieron la misión de buscar pronto el empate, al tiempo que se encontraban con un cuadro nórdico un poco más replegado, apostando quizá demasiado pronto al contragolpe. Pero un grave error en la salida fue aprovechado por Gyökeres para anotar el tercero al 59’ y ya poner la situación más clara para los escandinavos: el golpe emocional resultó muy fuerte para el equipo tunecino que se mostró desorientado durante los minutos posteriores, sin mostrar la conexión que habían alcanzado al arranque de este tiempo complementario. De regreso de la interrupción, vinieron los cambios del cuadro de Túnez para seguir intentando lograr un empate cada vez más lejano pero la esperanza se fue apagando sin que se presentaran jugadas de peligro, en tanto los suecos ya controlaban la pelota y administraban la ventaja de dos goles, incluso ampliándola por conducto del recién ingresado Svanberg, que libró el fuera de juego. Ayari cerró la cuenta, como la abrió, con disparo justo desde fuera del área. Un 5-1 que terminó siendo más contundente de lo que se podría pensar.