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Muerte misteriosa: La pérdida como forma de vida

Fernando Cuevas

Muerte misteriosa: La pérdida como forma de vida

Aun en países desarrollados como Estados Unidos, donde prevalecen las desigualdades en términos de oportunidades según la región que se trate, subsisten comunidades alejadas de las grandes ciudades y centros del poder, que parecen estar atrapadas en dinámicas cíclicas de estancamiento, como se veía en Invierno profundo (Granik, 2010): poblados alejados de ciertos procesos modernizadores, y de difícil acceso por las condiciones climáticas y la infraestructura de los caminos, habitados preponderantemente por nativos americanos en convivencia con inmigrantes de otros orígenes.

Es el caso de la reservación Wind River, ubicada en la fría zona montañosa de Wyoming. Además de los problemas de violencia doméstica, depresión, drogadicción, desempleo y abuso sexual, se sumó el del asesinato y desaparición de personas, como bien lo reportó el New York Times en un artículo del 2012. Con escaso personal policiaco y recursos sumamente limitados, los crímenes cometidos se pierden en la inmensidad de los mantos nevados en donde florece la impunidad: como desafortunadamente sucede en muchos de los municipios de nuestro país, soportando la plaga de la impunidad y el olvido.

Escrita y dirigida por Taylor Sheridan (Vile, 2011; notables guiones de Sicario, 2015 y Enemigo de todos, 2016), Muerte misteriosa (Wind River, Reino Unido-Canadá-EU, 2017) es una recreación de un suceso real que atina a utilizar el thriller policiaco como medio para analizar la dureza de la vida en estas comunidades y, sobre todo, los dolorosos significados que implica la pérdida de los hijos y los consecuentes procesos de resignación, en el entendido de que la vida nunca volverá a ser la misma y lo que queda es aprender a coexistir con la angustia, la culpa y la introyección del ser querido, para volverlo a ver en los propios recuerdos.

Un coyote que acecha a las ovejas recibe un disparo fulminante como salido de la nada. Un hombre se levanta de su escondite, enfundado en un traje blanquísimo que le sirve de camuflaje para desempeñar su labor de rastreo de la fauna y cuidado del ganado de la región, además de estar al pendiente para lo que se ofrezca. Una joven nativa corre descalza por la nieve tratando de huir hasta que cae pesadamente, mientras se escucha un poema en off iluminado por una luna incandescente. De entrada, se presenta una atmósfera agreste en la que puede perderse la vida en cualquier momento.

Aprender a vivir del recuerdo

El cuerpo de esta mujer encontrado al día siguiente desata una investigación que incluye a este experto en rastreo, el jefe de la policía india, con tiempo para el sentido del humor, y una novata agente del FBI, enviada para liderar las averiguaciones. Pero el guion se centra más en el proceso emocional de los personajes que en la indagación por sí misma. Sentidos diálogos, sobre todo los que sostienen el padre de la joven fallecida con el cazador, quien comparte de primera mano esta triste experiencia, se despliegan a lo largo del desarrollo de los eventos, entre los que se van develando usos y costumbres, así como intensos momentos de aprendizaje, en particular para la oficial habituada a otro contexto.

Jeremy Renner y Gill Birmingham desarrollan con cercanía sus respectivos papeles, sobre todo en los momentos en los que surgen las conversaciones tan difíciles como reflexivas, mientras que Elizabeth Olsen asume el rol de la enviada para trabajar en el caso con la novatez y arrojo que implicaba sumergirse en los Estados Unidos profundos; Graham Greene le pone sabiduría a su rol como el jefe policiaco muy consciente de sus alcances, tanto personales como institucionales. Entre ellos se despliegan interacciones creíbles y emotivas, de ésas que potencian tanto las actuaciones como el trazo de los personajes.

Con un gélido score de gravedad absoluta (esas recitaciones retumbando en las montañas), cortesía del tándem Cave-Ellis, y una edición que ayuda a integrar tiempos y espacios (las escenas de cuando tocan a la puerta del camper la agente y la joven novia del trabajador), dejando que las conversaciones terminen sin precipitación, el relato transcurre con la fluidez necesaria para profundizar en las condiciones contextuales deterministas (como lo plantea el hermano de la joven recién fallecida) y en la forma en la que los individuos enfrentan las dificultades y tratan de enfrentarlas o evadirlas con autoagresión, tal como reacciona la madre que ha perdido a su hija.

La fotografía enfatiza los paisajes de una belleza acechante, plenos de colinas nevadas en las que habita un silencio apabullante, buscando ángulos aéreos que se integran a perspectivas a ras de piso o inmersas en la acción, salpicada de una estructura de western tanto en los enfrentamientos pistola en mano como en los encuadres que saben dónde ubicar el horizonte, al estilo del maestro John Ford. Sobrevivir en un hábitat en el que la suerte nunca se presenta, representa un desafío existencial, tanto en lo físico como en lo anímico.

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