Es lo Cotidiano

EXPERIMENTAL

Tachas 504 • La espera • Jeanne Karen

Jeanne Karen

Imagen creada con IA
Imagen creada con IA
Tachas 504 • La espera • Jeanne Karen

Hablar de la espera, no sé por qué, se ha ligado de una forma íntima con la ansiedad, sobran ejemplos en la literatura y en el imaginario colectivo, por lo que de inmediato, mi mente me lleva a un lugar oscuro donde aguardo la llegada de un transporte público y observo con cuidado cada objeto, cada vehículo que transita por una larga avenida, pero mi camión no llega; así, dentro de la cajita de los recuerdos, pasan horas y otros camiones, carros, motos y yo no puedo irme. Esa es la espera más ansiosa de la que tengo memoria. Sin embargó sé que para muchas personas la espera puede ser una enorme piedra que se carga en la espalda o una pequeña que molesta en el pie, que baila de vez en cuando entre la piel y el zapato, rasga, causa ampolla, esa ampolla, esa lesión espiritual o mental, que cuesta sanar. 

No, no es agradable esperar, no importa qué se está esperando, no veo que pueda estar unido a una sensación del todo placentera, la mayor parte del tiempo hay una molestia. Por ejemplo para las personas que como yo, no pueden sobrellevar las sorpresas de un día especial, como un cumpleaños, el hecho de que esté cerca la fecha, de forma casi instintiva me hace ponerme alerta sobre las actividades que mi familia o amistades realizan, los miro, los escucho con atención, a veces creo que están planeando algo y ahí viene mi momento de zozobra, estar esperando y luego aparece su famosa hermana, ansiedad. 

Recuerdo un poema de Borges, donde habla de la espera amorosa, de cómo a veces tratamos de ver con buenos ojos ese instante o ese siglo, porque en esos temas, no se sabe en realidad cuándo es cuándo, ni cuánto es cuánto, es ambiguo todo. Eso sí, podemos tener ilusión, aunque si se rompe, no habrá poema que nos salve. También hay esperas agridulces, dolorosas, veloces, inestables, eternas. Para mí las peores son las que están ligadas al tiempo de los demás, a la voluntad de esas otras personas, a esos movimientos de corazones distintos al mío. Morderé mis labios, no lo sé, frotaré mis manos no estoy segura, miraré por la ventana hacia un horizonte indescifrable, eso sí. 

Esperar me derriba, carcome mi quietud, no quiero hacer antesala ni siquiera para mis propios deseos. A veces necesito que todo suceda sin más, por un acto de magia, por una incongruencia, porque así es la vida. Debe llegar una señal del universo, de nuevo vuelvo sobre el poema de Borges, quiero que las sombras se alarguen y que aparezca alguien o que simplemente algo suceda y que me salve de estar del otro lado del espejo. Soy un ojo que no parpadea. 

Si ustedes ya están sintiendo un frío que les recorre la espalda, un ardor en la piel, las manos sudorosas, voy por buen camino. Los llevo a través de las breves líneas que aquí escribo a probar un poco de… 

***

Jeanne Karen (San Luis Potosí, México, 14 mayo 1975). Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Temas como la muerte, la introspección y la complejidad semántica en la comunicación en relación con el autismo y las ciencias exactas como las matemáticas y la física, influyen su trabajo en un debate casi ético. Premio estatal de poesía Viene la muerte cantando (1998) Premio de Poesía Salvador Gallardo Dávalos (1999), de Poesía Manuel José Othón (2002 y 2006) Premio de Periodismo Francisco de la Maza por Publicación o Programa de Difusión Cultural (2009).

Ha publicado los libros: Simulación dinámica (Bitácora de Vuelos, 2015), Cementerio de elefantes (Múltiples editoriales). Hollywood (Ponciano Arriaga), Menta (Ponciano Arriaga).




[Ir a la portada de Tachas 504]