ODIO ETERNO AL MUNDO MODERNO [2]
Tachas 640 • El plástico • José Luis Justes Amador
José Luis Justes Amador
When people stop talking and debating, they resort to violence,
that’s why I have conversations with people
Charlie Kirk
13. Del periódico el otro día: ““No estás loco, tu paranoia está justificada”: así susurraba ChatGPT a un hombre que acabó matando a su madre y suicidándose”.
13.1. Adviértase, sobre todo, ese tan humano (supongo que invención del periodista) “susurraba”.
14. Mi ciudad, poco a poco, se va modernizando. Tanto que incluso compraron, al fin, camiones de ruta que ya parecen del siglo XXI. Y con toda modernización viene otra (la eterna bola de nieve del progreso) y desde enero de es te año el pago en el camón es obligatorio con una hermosa tarjeta de prepago color azul panista (que podría haber sido naranja o roja o verde, dependiendo del gobernante de turno).
14.1. La noticia es maravillosa (no hay ironía en la frase) y todo lo que conlleva el uso de la susodicha tarjeta bueno, por no decir muy bueno. La subida de los pasajeros ha ganado en tiempo (pasar la tarjeta es infinitamente más rápido que pagar y esperar cambio), en comodidad (nada de buscar en los bolsillos y después guardar en los bolsillos, un solo movimiento de mano y todo solucionado) e, incluso, en cierta seguridad (el conductor ahora ya está solo preocupado de manejar).
14.2. Todo perfecto, pero…
14.3. … aunque la comodidad en sí es un bien y uno nada desdeñable, lo que me preocupa de la situación es la obligación de algo cuya alternativa no tiene por qué ser necesariamente mala.
14.4. Quiero poder tener la comodidad de la tarjeta, pero también tener la libertad de elegir qué medio de pago uso.
15. En cualquier serie de investigación de cualquier canal o plataforma siempre hay alguien que entra de repente en la oficina donde los oficiales o detectives no saben dónde está el sospechoso y grita “acaba de usar su tarjeta en una gasolinera/tienda/aeropuerto”. Como en aquella vieja película en la que el asesino no podía evitar, cada vez que pasaba por una librería, entrar y comprar un ejemplar de El guardián entre el centeno y pagarlo con tarjeta.
15.1. Siempre que veo o escucho una de esas escenas me surgen dos pensamientos. Si los “malos” saben que la policía sigue su tarjeta (puede seguir), ¿por qué no utilizan efectivo? Y, aunque nunca he tenido oportunidad de preguntarle a alguien que sepa la respuesta, ¿esa habilidad para seguir los gastos de alguien, casi instantánea, será real?
16. Cinco o seis amigos en cualquier café o cantina y, al final de la velada, el mesero llegaba (adviértase el pasado) con un papel en una bandeja o en una cartela y los convivientes, después de ver el número, arrojaban billetes al recipiente.
16.1. Cinco o seis amigos en cualquier café o cantina y, al final de la velada, el mesero llega con un papel en una bandeja o en una cartela, y uno de los convivientes sacaba su tarjeta, decía que pagaba (no invitaba) él, y que los demás se lo podían dar en efectivo.
16.2. Cinco o seis amigos en cualquier café o cantina y, al final de la velada, el mesero llega con un papel en una bandeja o en una cartela, y cada uno de los convivientes saca su tarjeta y le pide al mesero que vaya, diciéndole cuánto es lo que se tomó, y que vaya pasando uno a uno, cobrándoles.
16.2.1. Ya hay algunos establecimientos que en carta tienen en letra chiquita una leyenda que dice más o menos los siguiente: “no se dividen cuentas para pagar individualmente”.
16.3. Cinco o seis amigos, cada uno se toma lo que quiere, un aparato lo registra y cada uno paga, o con su tarjeta o con su teléfono. Adviértase que en esta opción el mesero ha desaparecido. Y que en lugar de convivir, cinco o seis personas se inclinan sobre sus teléfonos, haciendo transferencia a aquel que ha decidido poner la cuenta.
16.4. Se gana comodidad para algunos, se pierde convivencia, se pierde un puesto de trabajo. ¿Valdrá la pena?
17. Ese placer de llegar a casa, vaciar los bolsillos para dejar las llaves y la cartera en una bandeja a la entrada, llegar hasta el estudio y depositar las monedas de un peso, de dos pesos (de cinco, con suerte) en una alcancía de cerdito, de madera o de Hello Kitty, para abrirla a final de año y descubrir que con ese dinero uno podía darse un capricho merecido como recompensa al ahorro.
17.1. ¿Cómo se hace eso con plástico?
18. ¿Cómo se les enseñará ahora a los niños a ahorrar, a guardar parte de su dinero semanal, si cuando crezcan, todo a su alrededor les dirá que las monedas no existen?
19. Alguien me contó hace poco que hay un mendigo en el centro de Ámsterdam que pide dinero, como se ha hecho toda la vida, pero en cuyo cartel, en tres idiomas, destaca un código QR que lleva directamente a la cuenta del susodicho. Y al que también se le puede pagar con tarjeta.