Norteamérica 2026: Día treinta y siete, la víspera • Fernando Cuevas
Nos acercamos irremediablemente al final de la Copa Mundial a falta de los dos últimos partidos: el siempre agridulce en el que se disputa un tercer lugar que para muchos no tiene ya mucho caso y la gran final, que pone el cerrojazo al certamen para volverse a abrir dentro de cuatro años. El hábito adquirido a lo largo de este mes y fracción tendrá que ser paulatinamente desmontado a partir de un lunes en el que el síndrome de abstinencia empezará a hacer de las suyas, acaso salvado por las ligas locales y por los recuerdos de esta fiesta que, en particular para México, ha resultado ser una bienvenida pausa para que todos estemos de acuerdo en algo, si bien los problemas, lo sabemos, permanecen.
El partido que nadie quiere jugar, como ha sido llamado, conjunta a las dos selecciones que recién tuvieron una derrota dolorosa que les impidió estar en la final, por lo que se entendería que, al no alcanzar el juego definitivo, todo lo demás sepa a muy poco. Pero habría que matizar: hay selecciones que en efecto tienen expectativas de estar al menos en la final y que cualquier otro resultado se considera desde un mal resultado hasta un fracaso; pero hay otras que al llegar a estas instancias rebasaron con mucho lo presupuestado y alcanzar un tercer lugar resulta significativo para ellas, como en el caso de algunas que se comentaban en la anterior entrega. Es decir, el tono agridulce de este partido depende de las aspiraciones previas de los contendientes.
Hay diversas voces que sugieren eliminar este compromiso al no encontrarle mucho sentido, más allá de poder decir que se quedó en un tercer puesto; otras opinan que vale la pena mantenerlo justamente porque para algunas selecciones representa una oportunidad de volverse a mostrar en el Mundial, a pesar de haber perdido el partido previo. Buscando algún incentivo adicional, se pudiera pensar, por ejemplo, que el tercer lugar tuviera pase automático a la siguiente copa, como se hacía antes con el campeón defensor, si bien eso provocaría que también los dos finalistas tuvieran ese privilegio, junto con el o los países anfitriones. A diferencia de los Juegos Olímpicos en donde el tercer puesto alcanza medalla, acá nada más se lleva el reconocimiento y las palmadas en la espalda por tal logro.
El partido por el tercer lugar empezó en Italia 1934 y se ha jugado en todas las ediciones salvo en Brasil 1950. Alemania es la selección con más terceros lugares conseguidos, desde 1934, justamente, y después en 1970, 2006 y 2010, no obstante que se trata de una de las selecciones casi obligadas a llegar a la final cada vez que compite. Brasil, Francia, Croacia y Suecia, que resultó tercero en el cuadrangular final de 1950, han alcanzado esa posición en dos ocasiones, mientras que Austria, Chile, Portugal, Polonia, Italia, Turquía, Países Bajos y Bélgica un vez; a Estados Unidos, por su parte, se le asignó el tercer puesto en Uruguay 1930 a pesar de no haberse jugado un partido ex profeso.
Y en cuarto puesto, los uruguayos son los visitantes más frecuentes al quedarse en esa posición en tres ocasiones, mientras que Inglaterra, Brasil y Yugoslavia lo han ocupado dos veces, y con una sola aparición están Austria, Suecia, España, Alemania Federal, la Unión Soviética, Italia, Francia, Bélgica, Bulgaria, Corea del Sur, Portugal, los Países Bajos y Marruecos, como ejemplo de selección, entre otras de las anteriores, a la que le viene bien jugar todavía este enfrentamiento, a pesar de haberlo perdido.
La bota de oro es otro motivo presente en este tipo de partidos: en Italia 1990, Schillaci anotó y terminó con seis tantos, al igual que Šuker en Francia 1998. El caso más notable, desde luego, fue el del francés Just Fontaine, quien en el partido por el tercer puesto en Suecia 1958, anotó cuatro goles en el triunfo de Francia sobre Alemania Federal por 6-3, consolidando la marca todavía vigente de 13 anotaciones en un solo Mundial. Ahora Kane puede volver a ser campeón de goleo, como en Rusia 2018, aunque esté por debajo de Mbappé por dos goles; también Dembélé y Bellingham tienen posibilidades, considerando que también a Messi le queda un partido.
En el caso particular de esta edición del juego por el tercer puesto, si Francia consigue ganar quedará como la segunda selección en solitario con más podios, mientras que para Inglaterra sería su primera vez, tras quedar cuartos en Italia 1990 y Rusia 2018, considerando que ambos equipos ya fueron campeones, los primeros en dos ocasiones, como locales en 1998 y en el 2018, y los segundos en el lejano 1966, donde fungieron como anfitriones: la Copa seguirá sin regresar a casa al menos cuatro años más. Se espera que ambos equipos salgan con ganas de superar la tristeza a partir de un juego dinámico, abierto y competitivo.
Y en cuanto a la final, llama la atención que también sea Alemania quien tenga más subcampeonatos con cuatro en sus registros (1966, 1982, 1986 y 2002), seguido con tres por Países Bajos (1974, 1978, 2010) y Argentina (1930, 1990, 2014), que nunca ha participado en el juego por el tercer puesto. Les siguen con dos subcampeonatos Checoslovaquia (1934, 1962), Hungría (1938, 1954), Italia (1970, 1994), Brasil (1950, 1998) y Francia (2006, 2022), y finalmente, con un segundo lugar Suecia (1958) y Croacia (2018). De igual forma, en algunos casos el subcampeonato representó un logro inesperado y en otros, una derrota más difícil de procesar.
Sabemos que los brasileños ostentan cinco títulos (1958, 1962, 1970, 1994, 2002), por cuatro de Alemania (1954, 1974, 1990, 2014), tres títulos terminados en año con el número cuatro, e Italia (1934, 1938, 1982, 2006); tres de Argentina (1978, 1986, 2022); dos de Francia (1998, 2018) y de Uruguay (1930, 1950), curiosamente terminados en ocho en el caso de los galos y en cero en lo que corresponde a los sudamericanos; uno de Inglaterra (1966) y de España (2010). Sólo Italia, que se llevó la Copa en una ocasión como local y en la otra la perdió, y Brasil, que no triunfó en casa en las dos oportunidades que ha tenido, han logrado ganar dos de manera consecutiva y ahora Argentina tiene esa posibilidad.
