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Tachas 655 • Discos 1975 [I]: El final de la primera ola progresiva • Fernando Cuevas

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Tachas 655 • Discos 1975 [I]: El final de la primera ola progresiva • Fernando Cuevas

1975 es usualmente marcado como el cierre de esta brillante etapa inicial del género, que de estar sentado en primera fila, cedería después espacio a otros estilos como el punk y la música disco, sin desaparecer del todo, por supuesto, aunque con algunos de sus puntales -Yes, Genesis, King Crimson- en pausa o en proceso de reconfiguración. Aquí 45 álbumes que cumplen medio siglo este 2025, representantes quizá del último año nutrido por el movimiento del rock progresivo en su primera etapa, encontrándose con otros géneros como el jazz, el folk, la psicodelia y el pop, sin dejar de viajar por parajes cósmicos o cargados de fantasía, medievales o distópicos, surrealistas o enclavados en realidades paralelas.

En Wish You Were Here, una de sus obras esenciales y disco clave de aquel año, Pink Floyd apostó por navegar entre el homenaje a Barrett y la crítica a la industria, soportada por sintetizadores espaciales y contundentes instrumentaciones que se esparcen por melodías memorables: desearía que estuvieras aquí, loco diamante brillante, para invitarte un cigarro y entrar a la máquina. Frank Zappa y las Madres de la Invención pasaron lista por partida doble, a través de One Size Fits All y Bongo Fury, recorriendo los caminos incas entre la progresión y el jazz de fusión, con toda la sátira de costumbre, y compartiendo cartel con Captain Beefheart para ponerle toques bluseros a las reconocibles digresiones. Henry Cow & Slapp Happy unieron fuerzas y grabaron Desperate Straights; además, entregaron en conjunto el políticamente cargado a la izquierda In Praise of Learning, toda una lección de explosión avant-garde, ya sólo rubricado como Henry Cow que integró momentáneamente a miembros de la otra banda, aportando aquí una vertiente distinta, sobre todo expresada en la vital presencia vocal de Dagmar Krause.

El guitarrista Steve Hackett debutó en solitario con Voyage of the Acolyte, hermoso viaje por paisajes típicamente progresivos e inspirado en las cartas del tarot, que apoyaron sus ilustres compañeros Rutherford y Collins; en The Snow Goose, su opus 3, Camel mantiene el enfoque conceptual, aquí inspirado en el libro de Gallico sobre el vínculo de una niña, su gansa y un hombre solitario; entre migraciones y separaciones, retornos y vuelta a la soledad, la progresión se trastoca en melódica y evocativa. En tanto, Van Der Graaf Generation produjo Godbluff, quinto álbum de la banda comandada por Peter Hammill, integrado originalmente por cuatro largas piezas entre la contención y la aventura, la tensión y la confusión con todo y el abrasador Hammond de Banton, los alientos intrusivos de Banton y la contradictoria batería de Evans. Y Todd Rundgren, en su etapa progresiva, compuso el prolongado, elusivo Initiation, apretujado en un solo disco e integrando con lujo de detalle el reconocible aliento teatral, la pretensión habitual y pensamientos zen para explorar los cósmicos territorios.

El quinteto Renaissance, acá con la Orquesta Sinfónica de Londres, entregó Scheherezade and Other Stories, su opus seis con los buitres sobrevolando y la gitana del océano conjurando, mientras la famosa narradora sobrevive más de mil noches sobre pasajes armónicos de fuerte aliento y melodías de fluidez orgánica con visos de teatralidad: todo un viaje a la feria ancestral, mientras que Druid se presentó con Toward the Sun, con fuerte influencia de Yes y Genesis, destacando esa vocal en clave femenina y los lances instrumentales y a capela Fish Rising representó el debut del imaginativo guitarrista y compositor Steve Hillage, colaborador de varios grupos de la escena, en el que despliega un rock espacial que por momentos se encuentra con nebulosas y tormentas cósmicas, al tiempo que el representativo pez emerge de su hábitat para explorar otras atmósferas. Y el croata Drago Mlinarec entretejió un folk plácido de aliento progresivo que se conecta con sutiles elementos de jazz y del enfoque de cantautor vía Rođenje, su tercer álbum como solista.

Con producción cuidada, Gentle Giant entregó Free Hand, su séptimo lance en el que entretejen coros con instrumentaciones por momentos lúdicas que dan paso a espacios de relajación y aroma medieval con esencias folk, jazz y lógicas en espiral, al tiempo que Nektar produjo Recycled, sexto álbum en el que se transita de una pesadilla futurista en la que sólo existe energía reciclada a la crítica sobre el turismo depredador, viaje en favor del medio ambiente acompañado por arreglos musicales de alcance futurista. Impregnado de jazz y psicodelia, Bundles fue el último álbum firmado por Soft Machine en el que al menos uno de sus miembros originales, el tecladista Mike Ratledge, formó parte de la alineación, ya renovada y tomando nuevas rutas como se advierte desde las cinco partes de Hazard Profile. En similar tesitura, Hatfield and the North, así llamados por una señal de tráfico, produjo The Rotter´s Club, segundo y último disco impregnado del sello Canterbury con la progresión salpicada de apuntes jazzeros: el gran escritor Jonathan Coe retomó el título del álbum para su novela del 2001.

No hubo disco de Yes, pero sus arquitectos sonoros sus integrantes aprovecharon para lanzarse en solitario: Chris Squire saltó fuera de su consolidado y afirmativo hábitat acuático y junto con colegas notables como el ex baterista Bill Bruford (ex Yes); el tecladista suizo Patrick Moraz (Yes) y el saxofonista Mel Collins (King Crimson), entre otros, debutó con el brillante Fish Out of Water, convertido en obra clave del progresivo setentero con la reconocible impronta yesera y adhesiones atmosféricas, mientras que Rick Wakeman expandió la imaginería medieval a través de una diversidad de teclados, bien acompañados por incursiones corales y orquestales, para proponer The Myths and Legends of King Arthur and the Knights of the Round Table, su tercer álbum, del que se editó una versión ampliada en el 2012, ahora dedicado a los míticos personajes que reciben un épico tratamiento sonoro, a la altura de su leyenda con todo y Merlín en plan efervescente. El excelso guitarrista Steve Howe, por su parte, levantó la mano y la voz con Beginnings, su primer disco solitario en el que además de Moraz y Bruford, colaboró el baterista Alan White, en aquel entonces ya miembro de Yes, dándole seguimiento a las ágiles cuerdas del firmante.

En tanto, Jethro Tull produjo Minstrel in the Gallery, su octava obra, en la que caben juglares proclamando pasajes mitológicos entre apuntes acústicos que se entremezclan con el rock de los inicios, fecundo y nutritivo. En su séptimo álbum, titulado Shamal, la banda formada en Francia por el australiano Daevid Allen conocida como Gong, enfatizó el tejido de suaves texturas pasadas por unas psicodelia que le daba la bienvenida a salpicadas de jazz bien esparcidas por los pasajes propios de la progresión, Crack the Sky, banda originaria de Virginia Occidental, debutó con firmeza vía el ídem Crack the Sky, entreverando secuencias evocativas con otras de rock setentero que se refugian en lances de lograda elaboración armónica, como sucede con Boris, el debut largo de Yezda Urfa, banda de Chicago, redescubierta posteriormente, que logró integrar en este álbum varios demos previos, denotando influencias diversas del universo progresivo, particularmente del inglés, si bien ya denotando un sello particular en esa conjunción de vertientes que se alimentan de apuntes country.

Dos grupos entregaron su segundo y tercer álbum en este año: Rush, trío canadiense en pleno vuelo de consolidación ya con el impulso definitivo del baterista y letrista Neil Peart, produjeron Fly By Night y Caress of Steel, obras en las que la orientación de power trio  con lances hardrockeros se entremezclan con influencias progresivas, cada vez más evidentes, a partir de ritmos elaborados, guitarra incisiva y propuestas conceptuales como Rivendel, By-Tor & The Snow Dog, The Necromancer y The Fountain of Lamneth, de pronto apareciendo Tolkien y sus mundos posibles. Kansas, en tanto, propuso una particular combinación de rock sinfónico con elementos hard, guiados por el distintivo violín, que confluyen en territorios propios de la progresión, sobre todo en las piezas más largas de Song for America, mientras que en Masque predominan las canciones concisas de pop y hardrock que reflejan soledad y oscuridad con ciertos visos de esperanza: al final, somos parte de una puesta en escena. Y desde Misuri, el septeto conocido como Pavlov’s Dog se presentó sin condicionamiento clásico con Pampered Menial, álbum de intenciones cósmicas que integra un enfoque melodioso con lances rockeros y desarrollos en progresión, con agudeza vocal y constante presencia de cuerdas y piano.

Un par de bandas surgidas en Londres: Hawkind entregó su quinto disco, un viaje pasado por alucinaciones fantásticas que recibió el nombre de Warrior on the Edge of Time, en cuyas letras participó el escritor Michael Moorcock, retomando su novela The Eternal Champion, y que resulta ser un viaje motórico al borde del precipicio por pasajes sustentados en sintetizadores que avanzan entre un bajo y guitarra machacones, mientras que Argent hizo lo propio con Circus, sexto álbum en el que le rinden homenaje al espectáculo de tres pistas, ya sin Russ Ballard, su fundador: un elusivo progrock entre aros, trapecios y cuerdas flojas por donde payasos y bufones se deslizan al compás del piano. Desde la región francocanadiense, particularmente de Montreal en tiempos de tentaciones separatistas, Harmonium nos regaló su segunda obra, Si On Avait Besoin D’une Cinquième Saison, un luminoso y político recorrido folkprog por las cuatro estaciones y una quinta en la que confluyen imaginación y creatividad instrumental a manera de suite.

La avanzada italiana, por su parte, estuvo comandada por Premiata Forneria Marconi y su Chocolate Kings, progresión al uso con todo y el arlequín acompañando a estos monarcas, ahora cantando directamente en inglés, a la vez que Le Orme propuso Smogmagica, cargándose más hacia los territorios del pop con cierto sabor angelino (ciudad donde lo grabaron), algunos lances de bluesrock y los reconocibles pasajes de bruma nostálgica; por su parte L’Ultima Spiaggia, un colectivo formado por el guitarrista Ricky Gianco, presentó Disco Dell’ Angoscia, rareza digna de colección integrada por una fuerte carga de sátira política de tintes experimentales, dibujado con paisajes melódicos que irremediablemente conducen a estados de dolorosa emotividad, en contraste con algunas estaciones de rock’n’roll y hasta opereta. Desde Nápoles, Città Frontale, efímera banda surgida de la disolución momentánea de Osanna, firmó El Tor, álbum que integró el pop con aditamentos progresivos y esencias de aquellas tierras.

Triumvirat, el trío formado en Colonia, entregó el dinámico Spartacus, tercer álbum aderezado con un pop de teclados en constante progresión donde retoman la figura del gladiador en plan libertador de esclavos. Desde Finlandia, los progresivos de Wigwam se inclinaron hacia el pop y el folk en Nuclear Nightclub, cuidadosamente producido y con lucidores juegos guitarreros sustentados en los teclados, mientras que Fantasia, un grupo del pequeño pueblo costero de Pietarsaari y poco conocido, entregó el ídem Fantasia, su único disco en el que insertaron acentos jazzeros. Un par de representantes de Países Bajos: desde Ámsterdam, Focus entregó Mother Focus quinto álbum en el que optaron por canciones más breves y de cierta orientación pop con aditamentos ligeramente funkies, y surgidos en La Haya, se presentó el cuarteto FINCH con su ópera prima, Glory of the Inner Force, música instrumental con clara influencia de Yes, mostrando pronta soltura en las interacciones e intercambios armónicos.

La banda bonaerense bautizada como Espíritu, con alineación en forma de quinteto, debutó con el consistente Crisálida, naciendo de la tradición progresiva de Yes e incorporando los sonidos del rock argentino gestado en los sesenta, nutrido con lances sinfónicos y logrado dechado técnico. Por su parte, Invisible fue un supertrío comandado por Luis Alberto Spinetta y Durazno sangrando fue su opus 2, ahora retomando nociones junguianas sobre la meditación taoísta contenida en el libro El secreto de la flor de oro, combinadas con ideas sartreanas, que se desgranan a lo largo de las cinco piezas en clave psicodélica con tintes surrealistas. La progresión se alimentó de sonidos andaluces atravesados con los sintetizadores en el debut de Triana, grupo español que se presentó con El patio, un clásico del rock de aquellas tierras, mientras que Vortex, banda francesa, debutó con densidad brindada por el saxofón, una flauta inatrapable y el piano eléctrico en el homónimo Vortex, envuelto en secuencias jazzeras.






 

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