Tachas 657 • Discos 1975 (III): Las vertientes del jazz • Fernando Cuevas
Un breve recorrido por 45 álbumes que reflejan los influjos jazzeros que se dejaban escuchar a mediados de la década setentera.
Fue el primer año sin contar con la presencia tutelar de Duke Ellington. Grabado en 1971 pero publicado cuatro años después de manera póstuma, The Afro-Eurasian Eclipse se constituyó como un tributo del Duque, quien falleció en 1974, a las raíces sonoras del mundo, como él mismo lo explica al inicio del álbum, retomando la idea mcluhaniana de la globalización: poderosa suite del patriarca, obsequiando una de sus obras maestras tardías. Por su parte, el guitarrista Kenny Burrell le rindió afectuoso y talentoso tributo a través de Ellington is Forever, bien cobijado por brillantes colegas enfocados también en homenajear al maestro, mientras que Art Farmer hizo lo propio vía To Duke With Love, toda una carta de reconocimiento y admiración del gran trompetista y fliscornista. También incorporando sonidos de África y Asia, el trompetista Don Cherry entregó Brown Rice, reeditado después de manera homónima, en el que combina pasado y futuro, melodía y experimentación, occidente y oriente.
También este año fue testigo de un suceso clave en la historia del jazz: un todavía veinteañero Keith Jarret nos regaló The Köln Concert, uno de los discos en vivo más importantes que se han grabado en el que el pianista, solo con su instrumento y sus furtivas vocalizaciones, se conecta directamente con la audiencia para compartir momentos y texturas de diversa emocionalidad, creando absorbentes atmósferas tímbricas que se transforman y evolucionan a lo largo de las cuatro partes constitutivas, capturadas en este concierto que se grabó en el Teatro de la Ópera de la ciudad alemana el 24 de enero de 1975.
El clasicismo jazzero estuvo profusamente presente: en la parte final de su carrera, el mítico Dizzy Gillespie grabó Dizzy Gillespie’s Big 4, una de sus obras finales esenciales, aquí en compañía de Joe Pass, Ray Brown y Mickey Roker; además, hizo mágico dueto y entregó Oscar Peterson & Dizzy Gillespie, mientras que el pianista canadiense, Oscar Peterson, ya en estado de gloria, grabó varios discos, entre los que destacaron Oscar Peterson & Jon Faddis, en el que trompeta y piano se avientan algunos standards en modo conversacional, además de Blues for Birks; Oscar Peterson & Roy Eldridge, en complicidad con el excelso trompetista; el legendario Count Basie produjo For the Second Time, en formato de trío y a manera de secuela; hizo mancuerna en Basie & Zoot y su colega Zoot Sims hizo lo propio a través de un conjunto de cuidadosas y respetuosas versiones capturadas en Zoot Sims & The Gershwin Brothers, en el que también participó Peterson.
El portentoso contrabajista Charles Mingus se puso en plan transformador a través de Changes One y Changes Two, pareja de álbumes que navegan entre la aventura y la tradición bop, recuperando pasajes como el motín en la prisión de Attica en Nueva York. Entre otros discos, Archie Shepp publicó Sea of Faces, integrado por cuatro cortes que incluyeron a la icónica canción dedicada a Mozambique. En los territorios del postbop, el maestro McCoy Tyner propuso Trident, con la sustantiva compañía de la batería de Elvin Jones y el bajo de Ron Carter, además de Atlantida, grabado en vivo en San Francisco en forma de quinteto consumado. El gigante -en todos sentidos- Dexter Gordon, puso su saxofón a trabajar en Something Different, firmado en forma de cuarteto con un enfoque
Tres pares de gigantes se juntaron: Dave Brubeck & Paul Desmond entablaron una interacción de plácida elegancia en Duets, revisando algunos standards, incluyendo la mexicana La paloma azul, y dejando que el piano y el saxofón tejieran diálogos de íntima comprensión. Suite for Flute and Jazz Piano Trio fue el resultado del feliz encuentro entre Claude Bolling & Jean-Pierre Rampal, quienes al piano y la flauta desarrollaron un luminoso álbum con el soporte de Max Hédiguer al bajo y Marcel Sabiani en la batería, sentando la base rítmica para los hermosos revoloteos conversacionales: una exquisitez camerística. Por su parte, Ralph Towner & Gary Burton encendieron sutiles luces con Matchbook, en el que guitarra y vibráfono se entrelazan y superponen en reconfortante complicidad.
El free jazz del pianista Cecil Taylor se desplegó con dinamismo contrastante en Silent Tongues, viajando del canto celestial a la búsqueda de las tierras solitarias, mientras que To Who Whom, armado de rarezas y piezas descartadas de 1959 y 1960, representó la presencia de Ornette Coleman, dándole forma al jazz por venir, como el que se encuentra con la vanguardia: el altoista Oliver Lake mostró su versatilidad en Heavy Spirits, combinando formaciones que iban del quinteto al trío con trombón y batería, y de ahí a tocar con tres violinistas y en solitario: un álbum que amerita varias escuchas para conectar con la pesadez de los espíritus que habitan la creación. Por su parte, el saxofonista Julius Hemphill entregó el ecléctico Coon Bid’ness, transitando entre la vanguardia cargada de frenesí y pasajes de tensión contenida al servicio de la composición.
Anthony Braxton aportó su Five Pieces 1975, álbum con una versión y cuatro originales tituladas cual fórmula de cálculo, en el que recurrió a saxofones, flautas y clarinetes para desplegar su capacidad de improvisación y retomar tradiciones jazzísticas, al tiempo que se dejaba acompañar por Wheeler (fliscorno y trompeta), Altschul (batería) y Dave Holland (bajo) conformando un cuarteto de ensueño; éste último formó el trío Gateway, a través del cual sostuvo un profuso intercambio de fusión y postbop expresado en el homónimo Gateway, lanzando puentes y abriendo caminos, como si llevara años tocando junto a la convulsa y fina guitarra tímbrica de John Abercrombie, quien debutó este mismo año como líder con Timeless, y al lado de la renovadora batería de Jack DeJohnette, responsable de Cosmic Chicken: ambos se devolvieron el favor apareciendo en sendos discos.
La fusión se dejó escuchar en varias propuestas, como en el imponente doble álbum en vivo Agharta, firmado por Miles Davis junto a un incansable septeto, a estas alturas enclavado en la integración del rock, el jazz y el funk. The Crusaders planteó su desenfadado Chain Reaction, de limpia y versátil ejecución, con rítmica envolvente y un jazzfunk que evoluciona con suavidad, más anticipatorio que reactivo. Azymuth, banda formada en Rio de Janeiro, integró ritmos cariocas a su melódica propuesta para presentar el homónimo Azymuth, finamente conformado para llevarnos plácidamente a disfrutar del horizonte. Y desde Noruega, el guitarrista Terje Rypdal se internó en prolongados lances electrificantes de un jazz rock panorámico en Odyssey, toda una aventura sonora.
El neoyorkino Steve Kuhn, pianista colaborador de Coltrane, Farmer y Getz, entregó en soledad, sólo acompañado por su piano, el impecablemente producido Ecstasy, y el suspendido Trance, jazz camerístico labrado con detalle que igual se expande para ampliar la mirada vital hacia el pasado, con el apoyo del omnipresente DeJohnette, junto con el bajo de Swallow y las percusiones varias de Sue Evans. El contrabajista noruego Arild Andersen se equipó con un cuarteto para mirar al cielo y liderar por vez primera, tras haber formado parte de otros combos, la grabación de un disco: el resultado fue Clouds in My Head, álbum de ocho cortes cristalinos en los que el sax tenor y soprano y la flauta se entrecruzan con un piano cambiante y una batería que asume distintas posiciones.
El guitarrista Jim Hall formó un dream team para su álbum Concierto, en el que se incluyó su famosa versión de El concierto de Aranjuez El jazz vocal encontró en el fluido y profundo canto de Mark Murphy una de sus estaciones centrales, bien cobijado por músicos de justa sensibilidad: Coltrane, Hubbard, Hancock y Nascimento, entre otros, se encontraron en el álbum Mark Murphy Sings puntualmente adaptados, mientras que Tony Bennet & Bill Evans se complementaron para crear un ambiente íntimo, de sensibilidad cercana en el Tony Bennet/Bill Evans Album.
El smooth jazz estuvo bien representado por Grover Washington jr. con su cuarto y quinto disco, salpicados de ese atmosférico funk eléctrico de ambientaciones que en efecto terminan por colocarnos en prestidigitadoras comodidades: Mister Magic y Feel So Good, éste último con la participación del compositor, arreglista y pianista Bob James, quien por su parte entregó el brillante Two, en el que conviven Bizet y Paul Simon, entre otros, junto a piezas propias de identificación pronta. El tecladista George Duke fue otro que dobleteó con su sexto y séptimo trabajo en estudio: The Aura Will Prevail y I Love the Blues, She Heard My Cry, aderezados de florituras soul con vocales cercanas a un desenvuelto R&B. También buscando esa sensación de bienestar, el pianista Ramsey Lewis produjo Don’t It Feel Good, igual aderezando su jazz con especias funky, entre coros efusivos, mientras que su hermano menor, el saxofonista Ronnie Laws, debutó con Pressure Sensitive, influido por Stevie Wonder, de quien interpreta una canción, y desplegando una revuelta rítmica funk.
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