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GUÍA DE LECTURA 625

Tachas 660 • Las partículas elementales, de Michel Houellebecq • Jaime Panqueva

Las Partículas elementales - Portada del libro
Las Partículas elementales - Portada del libro
Tachas 660 • Las partículas elementales, de Michel Houellebecq • Jaime Panqueva

Michel Houellebecq ha construido su carrera literaria como novelista-diagnosticador. Desde su irrupción en los años noventa con relatos de la alienación laboral y afectiva, se convirtió con novelas como Las partículas elementales, Plataforma o Sumisión, en uno de los autores europeos más leídos y polémicos por su capacidad de convertir la vida íntima de sus personajes en un informe feroz sobre la crisis de la posmodernidad. A caballo entre la sátira y la melancolía, su obra mezcla narración con ensayo, provoca debates públicos recurrentes y, al mismo tiempo, se ha consolidado en el centro del canon contemporáneo.

Desde su lanzamiento, en verano de 1998, Las partículas elementales estuvieron marcadas por la polémica. La prestigiosa editorial Flammarion fue denunciada por el camping “L’Espace du possible”, donde se desarrollan algunas de las escenas más escabrosas de la novela. En el segundo tiraje se cambió el texto para zanjar el conflicto. Eso no evitó que la novela obtuviera el Prix de Novembre y un año después, en octubre 1999, Anagrama publicara la traducción en español, a la que siguieron en el 2000 las ediciones británica y norteamericana.

El éxito de la novela quizás se basa en su afán de explicar una época. A través de la fábula biográfica de dos mediohermanos, Bruno y Michel, diagnostica, de forma implacable, a ratos cómica, a ratos abiertamente cruel, la vida afectiva y moral en la Europa occidental de la segunda mitad del siglo XX. Edad donde, como prologa el libro: los hombres de su generación también vivían en soledad y amargura. Los sentimientos de amor, ternura y fraternidad humana habían desaparecido en gran medida; en sus relaciones mutuas, sus contemporáneos mostraban con mayor frecuencia indiferencia, incluso crueldad.

Las infancias de los hermanos son muy disímiles entre sí y producen a la vez dos seres humanos diferentes. Bruno carga con experiencias de abuso y humillación en su infancia y adolescencia y se desarrolla entre una mezcla de desamparo, vergüenza y violencia sexualizada alrededor. En su vida adulta sus relaciones quedan marcadas por ansiedad, compulsión, resentimiento y una necesidad desesperada de validación. Mientras que Michel representa la estrategia contraria: se aparta de todo lo afectivo que pueda volverlo necesario y se enfoca en absoluto en la investigación científica, cuyo mundo aparece descrito con un desencanto deliberado, casi administrativo, que también define el clima afectivo.

La historia de los hermanos se cuenta desde un futuro donde existe una nueva especie humana, pues la actual ha desaparecido. El epílogo, al ser contado desde un futuro que desconocemos, pero intuimos, convierte el relato en un expediente, un registro de la humanidad como un experimento que ya terminó.

Autor polémico, conocido también por su relación conflictiva con la esfera mediática alrededor de temas muy sensibles como la inmigración, la religión o la política, su visión abiertamente anti-idealista y con gusto por el choque, hace de Las partículas elementales una excelente puerta de entrada a su trabajo posterior.

 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com






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