Guía de Lectura 645

Tachas 683 • Delirios románticos, de Héctor Hugo Acosta • Jaime Panqueva

Delirios románticos - Portada del libro

"La alteración de los sentidos hasta la pérdida de la atención o la conciencia puede, según los manuales de medicina, presentarse por causas naturales u orgánicas o por patologías de la mente."

La alteración de los sentidos hasta la pérdida de la atención o la conciencia puede, según los manuales de medicina, presentarse por causas naturales u orgánicas o por patologías de la mente. En esta última y según los relatos construidos por Héctor Hugo Acosta, en su segundo libro de cuentos, podríamos catalogar al amor. Una enfermedad, un síndrome que catapulta a los personajes de Delirios románticos (Universo de libros, 2025) a estados y situaciones que los desprenden por completo de la realidad. Y es que “son tantos los amorosos que hacen estupideces en nombre del amor, que éste debería ser una excluyente de responsabilidad”, evoca a su vez Acosta quizá de algún expediente judicial.

Ocho relatos, amalgama de homenajes literarios, ajustes de cuentas y una ficción fresca y desbordante que nos lleva de la provincia guanajuatense al mundo entero, asumido con gran propiedad por el autor como su escenario. Si autores como Mozart y Beethoven en sus partituras empleaban términos como “alla turca”, algunos de los cuentos de Acosta podrían subtitularse, “alla Hemingway” o “alla Salarrué”.

Sobre este último, salvadoreño poco conocido en México, traza un precioso paralelo entre sus bandidos del Chamelecón y un par de jóvenes sicarios del México actual. En La creación proviene de las agujas asistimos a un contrapunto entre los extremos del comercio de las drogas; aquellos que proveen la sustancia y quienes la inyectan. Embestida abreva de las formas contundentes del Nobel norteamericano de paso por uno de sus escenarios más apreciados, los San Fermines.

Otro de los homenajeados o quizás la senda que busca Acosta adaptar a su estilo, es la de Ferdinand von Schirach y sus historias desprendidas de los juzgados alemanes. A la manera de su primer libro, La resurrección de Saramago (Guía 472, Tachas 495) poblado por relatos vibrantes como Los jornaleros o Los sicarios están entre nosotros, el autor ficciona nuestra realidad desde el sistema penal. Agravios amorosos y Qerida Maira, se ambientan las barandillas y ministerios públicos de nuestra zona, desarrollados ágilmente y con una soltura envidiable para advertirnos sobre la capacidad del amor para convocar el caos.

Me alquilo para llorar, en el mismo nombre está el guiño a Gabo, explora la prostitución y sus inesperadas consecuencias; Sintonía se asienta sobre las dudas de un joven seminarista y la guía de su tutor. Abrazan esta colección dos cuentos relacionados entre sí y puestos al comienzo y cierre del libro, cuyo protagonista Nicolás di Benedetto, de cuya misma naturaleza debemos dudar, encarnará una de las más duras máximas latinas, Amantes amentes: amor caecus est.

Da gusto leer a Héctor Hugo Acosta, por su capacidad de transmitir pasiones desenfrenadas a sus creaturas. Su búsqueda de atmósferas únicas nos brinda en medio del vórtice una agarradera para aprehender este mundo vibrante que se mueve a gran velocidad. 

 

Comentarios a mi correo electrónico: panquevadas@gmail.com






 

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