Opinón • En esto de vivir • Arturo Mora
La inteligencia humana ha posibilitado el lenguaje, y eso nos convierte en seres definidos por la cultura. En ese largo proceso de integración entre nuestro ser biológico y nuestras capacidades que nos distinguen como personas humanas, la historia de la civilización ha sido un trayecto extenso, pero también vertiginoso. En apenas diez mil años hemos creado y descubierto infinidad de cosas sobre la naturaleza y sobre nosotros mismos.
Buscamos comprender, entender, y darnos una explicación sobre el mundo y el universo, y todo ese conocimiento ponerlo al servicio de los seres humanos. Esto, idealmente, porque hoy el conocimiento es poder, y en muchos casos, también un negocio.
La capacidad de pensar se potenció en la medida en que fuimos dejando nuestras experiencias de vida, razonamientos, elucubraciones, ideas y fantasías, como parte de una historia: primero a través de la narrativa oral, y luego escrita, con la invención de la escritura. Posteriormente, los procesos de socialización permitieron la creación de códigos comunes, signos y significados específicos, en toda la diversidad con la que el lenguaje se fue desarrollando. Así surgieron las formas de expresión del sentir humano que nos llevaron a la creación de las artes y de todas las formas de comunicación que hemos inventado, hasta llegar a la era digital con todas sus manifestaciones, incluida la Inteligencia Artificial.
Sin embargo, el ser humano es contradictorio y está inmerso en estructuras culturales, económicas y de poder que, en gran medida, determinan las formas de relación social, así como los mecanismos de control, dominación y sujeción que han imperado en cada etapa de la historia de la civilización, con los saldos y consecuencias que hoy enfrentamos. Un planeta que nos pertenece a todas y todos ha sido dividido; se han impuesto límites y fronteras, y se venden e intercambian bienes y recursos naturales que, en sentido estricto, pertenecen a toda la humanidad.
La organización social se estructuró desde lo comunitario hasta la privatización de casi todo, haciendo que hoy en día todo se convierta en mercancía. La salud, la educación, la vivienda, la propiedad de la tierra, los alimentos, el acceso a la información, los medios de producción y comunicación, e incluso la seguridad pública, han sido privatizados. Esto ha llegado a extremos absurdos como la esclavitud y el comercio de personas, con consecuencias terribles: exclusión social, marginación, desigualdad, pobreza, migración forzada, discriminación, machismo e intolerancia hacia la diversidad cultural y de género.
Entre todo ello, muchas personas han hecho aportaciones que pueden convertirse en aprendizajes socioculturales para estos tiempos. Porque, en esencia, las preguntas sobre la vida —las preguntas propias, aquellas que pertenecen al orden de la existencia misma— siguen siendo vigentes desde que pudimos pararnos en el fango y observar la bóveda celeste, parafraseando a Carl Sagan.
Comparto un conjunto de frases que bien pueden ser una provocación y una invitación a pensar y sentir juntos en este arte de vivir.
Tenemos dos oídos y una boca para poder escuchar el doble de lo que hablamos.
Epicteto
A la ausencia no hay quien se acostumbre. Otro sol no es tu sol, aunque te alumbre.
Mario Benedetti
La felicidad no es exuberante ni bulliciosa, como el placer o la alegría. Es silenciosa, tranquila, suave, es un estado interno de satisfacción que empieza por amarse a sí mismo.
Isabel Allende
Todos somos diferentes...Alguien por ahí aprecia nuestro silencio. Alguien nuestras palabras, Y alguien nos ama solo por existir en sus vidas.
Tsira Turashvili
El tiempo solo madura a aquellos que están dispuestos…El resto simplemente envejece…
Marysol Conrado
Cada salida es una entrada a otro lugar.
Tom Stoppard
Si tu mente está inquieta, ningún lugar se sentirá como en casa, ni siquiera tu propio corazón.
GMB Akash
Yo siento,
no sé lo que siento,
no lo puedo explicar.
Rayuela / Julio Cortázar
Este día no volverá jamás. Y quien no lo coma, beba, saboree y perciba su olor, no se lo ofrecerá por segunda vez en toda la eternidad.
Hermann Hesse
Cruzamos el infinito a cada paso; nos encontramos con la eternidad en cada segundo.
Rabindranath Tagore
La sabiduría, contrariamente a lo que se dice, no se adquiere con la edad. La sabiduría no es cuestión de tiempo, es cuestión del corazón, y el corazón no está en el tiempo.
Christian Bobin
El alma es la misma en todas las criaturas, aunque el cuerpo de cada uno es diferente.
Hipócrates
Cuando estás creando belleza a tu alrededor, estás restaurando tu propia alma.
Alice Walker
El hombre es un milagro químico que sueña.
Alfred Conde
Que me pongan ventanas y puertas y que las abran. Me asfixio dentro de mí.
Alejandra Pizarnik
Entonces, forjó una muralla de entrega pacífica, divinidad y amor propio, y se adentró en la comodidad y serenidad de su propio corazón.
Jody Doty
Si el camino que tienes ante ti está despejado, probablemente estés en el de alguien más.
Carl Jung
Ser escuchado es tan parecido a ser amado que, para la persona promedio, es casi indistinguible.
Elianna M.
El amor es todo lo que importa. La lluvia cae, las estrellas explotan silenciosamente en la inmensidad del espacio, y aquí, en este diminuto planeta llamado Tierra, algunas veces nos encontramos y nos regalamos un abrazo.
Jeff Foster
El amor es la compensación de la muerte.
Arthur Schopenhauer
En esto de vivir, con las enseñanzas de otros y otras, en esto de pensar y sentir juntos, nos vamos preguntando y respondiendo cmo podemos y desde donde podemos. Las posibilidades para la dicha y la felicidad son infinitas, como también lo son para la tragedia y el dolor humano. Lo asombroso de la vida es que cada persona va desarrollando su identidad y su proyecto de vida en las circunstancias más diversas y disímiles, y con ello se hace realidad aquello de que “cada cabeza es un mundo”.
El tema que aparece entonces es cómo llegamos a ser quienes somos y cómo vamos siendo en el tiempo. El punto central es reconocer que nuestra singularidad se construye con y desde los otros. Ubicar nuestro lugar en el mundo de forma particular nos hace únicos e irrepetibles. Aunque la cultura del poder, desde la homogenización, impone mandatos sociales y estereotipos que buscan moldear conductas y utilizar sistemas de creencias para instalar cosmovisiones dóciles y obedientes, los seres humanos seguimos buscando y construyendo nuestras propias formas de observar y habitar el mundo. Si nos permitimos pensarnos, corremos la aventura de vivir, que es mucho más que simplemente existir y respirar.
La voluntad y la libertad forman una diada que busca respuestas y formula preguntas incómodas al poder y a la realidad.
Qué belleza guardan aquellos que no encuentran su lugar fácilmente entre tanta gente. Tal y como está el mundo, es un privilegio no encajar, escribió Alejandra Pizarnik en sus Diarios.
En ese dinamismo de lo humano, Haruki Murakami dice:
En mi opinión, no hay persona en este mundo que no guarde algún secreto insondable en lo más recóndito de su corazón. Es más, me atrevo a afirmar que ello es necesario para desenvolverse y sobrevivir en el mundo.
Y Friedrich Nietzsche escribió:
Nadie puede construirte el puente por el que tú, y solo tú, debes cruzar el río de la vida. Puede que haya innumerables senderos, puentes y semidioses que con gusto te llevarían al otro lado; pero solo al precio de empeñarte y renunciar a ti mismo. Hay un camino en el mundo que nadie puede recorrer excepto tú. ¿Adónde lleva? No preguntes, camina.
Virginia Woolf también nos dejó esta reflexión:
No conocemos nuestras propias almas, y mucho menos las almas de los demás. Los seres humanos no van de la mano durante todo el tramo del camino. Hay un bosque virgen en cada uno; un campo de nieve donde incluso la huella de las patas de los pájaros se desconoce. Aquí vamos solos, y nos gusta más así. Siempre tener simpatía, siempre estar acompañado, siempre ser entendido sería intolerable.
Y vaya que una de las formas en que hemos desarrollado nuestro existir es a través de la búsqueda de validación, de amistad y de amor —nada más difícil de encontrar y sostener en el tiempo.
Luchamos contra nuestros miedos, intentando hallar el deseo que nos mueve, y que, una vez alcanzado, se transforma en nuevo deseo. Buscamos ser vistos, reconocidos, valorados, en una historia constante de cambios, duelos e incertidumbre.
Julia Lechado nos dice:
Nunca he tenido miedo al abandono, porque siempre doy lo mejor de mí. Si alguien se quiere ir lejos de mí, creo que ya no estoy en el capítulo de mi vida donde pude haber cuestionado el por qué y querer saber. Simplemente ejerzo la cualidad de la humildad para comprender que a las personas se les acaba el amor y que no puedo obligar a nadie a ser parte de mi vida.
La vida es un constante desafío, un caos, un desorden aparente y real. Las congojas, las preocupaciones, las lisonjas y los logros son siempre movimiento. Marguerite Yourcenar señaló:
Lo mejor para las turbulencias del espíritu es aprender. Es lo único que jamás se malogra. Puedes envejecer y temblar, anatómicamente hablando; puedes velar en las noches escuchando el desorden de tus venas; puede que te falte tu único amor y puedes perder tu dinero por causa de un monstruo; puedes ver el mundo que te rodea devastado por locos peligrosos, o saber que tu honor es pisoteado en las cloacas de los espíritus más viles. Sólo se puede hacer una cosa en tales condiciones: aprender.
En eso de aprender, me quedo con unas palabras de Rudyard Kipling:
Y hubo mil cosas que no elegí,
que me llegaron de pronto
y me transformaron la vida.
Cosas buenas y malas que no buscaba,
caminos por los que me perdí,
una vida que no esperaba.
Y elegí, al menos, cómo vivirla.
Elegí los sueños para decorarla,
la esperanza para sostenerla,
la valentía para afrontarla.