Opinión • Los peligros para la democracia • David Herrerías

“…inequidad, violencia y partidocracia…”
Opinión • Los peligros para la democracia • David Herrerías


Mientras no encontremos una mejor alternativa, la democracia parece ser el mejor sistema de gobierno porque permite la vida en común en sociedades plurales. Muchos países en el mundo avanzaron en el siglo pasado hacia modelos democráticos, pero en este siglo ha habido un retroceso: algunos francamente transitaron hacia las dictaduras, otros a democracias muy precarias o solo de fachada.

Eso nos enseña que la democracia no se conquista de una vez y para siempre. Existen peligros que podrían llevar al régimen hacia una involución. No comparto la urgencia de algunos que ven a México casi en cuidados paliativos, esperando la última dentellada para volver a un régimen dictatorial. No es que ignore las tentaciones autoritarias del presidente actual, sino que, hasta el momento, las instituciones en México han funcionado, y algunas de las que más han estado en la palestra no son, necesariamente, instituciones infaltables en una democracia.

Esencial para una democracia electiva, es tener una institución que organice las elecciones y que garantice el voto de los ciudadanos. Es también importante que exista una división de poderes que modere los excesos de cualquiera de ellos. Atentar contra ese arreglo institucional, es, efectivamente atentar contra la democracia. Pero, por otro lado, hay instituciones creadas como herramientas para cubrir algunas tareas específicas, que existen en unas democracias y en otras no. Tener un organismo anticorrupción puede ser una buena herramienta, pero eso no quiere decir que sea la única herramienta posible. Hay muchas democracias avanzadas que no lo tienen, y nosotros lo vimos convivir con el gobierno más corrupto en décadas. No estoy diciendo que apoye su desaparición, simplemente, que no son elementos constitutivos de toda democracia, son herramientas que pueden ser transformadas o sustituidas.

Pero hay otros tres peligros para la democracia que son quizás, más destructivos que las bravatas del presidente contra las instituciones que no le gustan: inequidad, violencia y partidocracia.

La inequidad (y más cuando es tan escandalosa como en nuestro país), hace que los frutos de la participación de todos y todas en la construcción de la nación sean solo disfrutados por una minoría. Una democracia que tras dos décadas no da resultados para la mayoría, es una democracia vulnerable, se cocina el caldo de cultivo para las salidas populistas y autoritarias de cualquier signo.

La violencia, en los niveles que la tenemos ahora, puede hacer que las elecciones sean, en muchos lugares, una mascarada para que el poder real de los carteles domine los territorios. Lesiona de fondo el sentido de la democracia, porque se sabe que, la posibilidad de que las cosas cambien ya no está en el voto, sino en el uso de la fuerza.

Y, finalmente, los partidos desdibujados, sin consistencia ideológica, poblados de chapulines y que aprovechan las reglas que ellos mismos han construido para seguirse repartiendo todos los puestos, haciendo que la política parezca un juego en el que solo ellos participan y a nosotros nos toca pagar el boleto para verlos. Partidos que escenifican batallas ideológicas que son, frecuentemente, luchas por el poder y por los espacios. En lo poco que que se logran poner de acuerdo es en mantener las reglas que les aseguran sus privilegios.

Si nos preocupa la democracia tenemos que poner en la mesa todos estos peligros y estar dispuestos a transformar de fondo el sistema, no es una asunto nada más de regresarles la silla a otros.