martes. 16.04.2024
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Libros cumpleañeros: siglo XIX • Fernando Cuevas

Fernando Cuevas hace un recuento de libros cumpleañeros, iniciando con los publicados 200 y 150 años

James Fenimore Cooper
El espía, James Fenimore Cooper
Libros cumpleañeros: siglo XIX • Fernando Cuevas

Un breve recuento de algunos volúmenes que durante este 2021 celebran un cerrado onomástico de haberse publicado, aún hoy recordados. Empezamos con los que cumplen 200 y 150 años.

1821

Un par de novelas históricas: James Fenimore Cooper publicó El espía, su opus dos, ambientado en la guerra de independencia de Estados Unidos, en donde el personaje principal simula aliarse con el ejército inglés para en realidad ayudar a la revolución norteamericana, mientras que múltiples personajes se debaten entre el amor y la fidelidad a la causa por la que pelean; por su parte, el escocés Walter Scott escribió Kenilworth, relato de enredos amorosos y palaciegos desarrollada en la Inglaterra isabelina, con la consecuente tragedia que usualmente se presenta en este tipo de tramas. También en tesitura histórica, Jane Porter presentó la aventurera Jefes escoceses, protagonizada por el libertador William Wallace, encarnado en el cine por Mel Gibson.

Lord Byron retomó la historia bíblica de los hermanos primigenios para su obra teatral Caín: un misterio, contada desde la perspectiva del primogénito de Adán y Eva; publicó también Sardanápalo, tragedia que cuenta la caída de la monarquía asiria, escrita en verso: su influencia trascendió el ámbito literario y alcanzó a la pintura y la música, con todo y su dedicatoria a Johann Wolfgang von Goethe, quien a su vez entregó Los años itinerantes de Wilhelm Meister, continuando con el personaje que había presentado en etapa de aprendizaje, ahora en un relato que exalta la importancia del orden comunitario y productivo, lejos de los despotismos y con cierto aliento utopista.

Percy Bysshe Shelley le dedicó su elegía Adonaïs a la memoria de John Keats, fallecido el 23 de febrero de aquel año en Roma, apenas a los 24 años. Se trata de un doliente poema en el que el autor lamenta con profundidad la muerte de su admirado colega: “Se resquebrajan la maciza tierra / y los redondos cielos. Soy raptado / a una temible lejanía oscura… / Mientras el alma de Adonais, que arde / como un astro, a través del postrer velo / del firmamento, brilla y me ilumina / desde la estancia de los Inmortales.” Shelley murió en 1822 a los treinta años. Se publicó también Confesiones de un opiómano inglés del ensayista y crítico Thomas de Quincey, quien comparte sus percepciones acerca del consumo del opio y sus efectos en los sueños y vivencias personales: dada la crisis de adicción que se vive hoy, sobre todo en Estados Unidos, resulta un texto pertinente.

1871

Un peregrino apasionado y otros cuentos, integrado por cinco relatos en los que pasa de la Guerra de Secesión al terreno sobrenatural y de ahí al suspenso, además del que le da título al volumen sobre un estadounidense que visita Inglaterra, así como Guarda y tutela (también llamada El protector), sobre un hombre que busca moldear a una huérfana para que sea la esposa ideal, fueron los primeros libros que publicó Henry James. En Las aventuras de Harry Richmond, el inglés George Meredith construye a su personaje lidiando constantemente con los deseos contradictorios de su padre y su abuelo del lado materno, quienes constantemente se entrometen en su vida, particularmente amorosa, mientras que él va buscando sus propias respuestas más allá de estas omnipresentes figuras, en particular la de su impulsivo progenitor.

Émile Zolá inició su saga familiar con La fortuna de los Rougon, revisando los cambios políticos a raíz del golpe de Luis Napoleón en 1951 y los conflictos permanentes con el clan de los Macquart desde hace décadas: la prosa descriptiva y abarcadora nos sumerge tanto en los conflictos como en las múltiples situaciones generadas para engrandecer el caldo de cultivo para la profundización de las desavenencias. A sus escasos 17 años, Arthur Rimbaud escribió El barco ebrio, célebre poema de simbolismo prematuro que de alguna manera prefiguraba las imágenes y temáticas que el poeta abarcaría en esta condición de tránsito marcado por la incertidumbre: “Las lúnulas eléctricas me fueron recubriendo, / almadía, escoltada por negros hipocampos. / Las ardientes canículas golpearon abatiendo / en trombas, a los cielos de ultramarinos lampos.”

Lewis Carroll entregó con la necesaria cuota surrealista y mágica, Alicia a través del espejo, especie de secuela de su recorrido por el país de las maravillas, ahora en formato de una partida de ajedrez cuyas reglas se tuercen a la primera provocación: el sueño de la joven ahora se va desplazando por diferentes casillas para transformarse de peón en reina, con algunos personajes referenciados de su predecesor y otros que aparecen por vez primera. Asimismo, se integró Una ciudad flotante, relato por entregas en el que Julio Verne cuenta la travesía de una mujer en un barco que va de Liverpool a Nueva York y en el que se rumora que hay un fantasma, mientras dos hombres se enfrentan en una carrera organizada como pasatiempo: se incluye, por supuesto, la impensada vuelta de tuerca que tantas veces se ha retomado en novelas y películas.

Charles Darwin concluyó sus aportes sobre la evolución del ser humano en el contexto de las relaciones con la naturaleza y con otros primates, en El origen del hombre y la selección en relación al sexo, dejando el claro los diversos componentes estructurales que compartimos como especie con nuestros peludos primos y la importancia que tuvo el sexo como factor selectivo en cuanto al desarrollo que hemos tenido como humanos: sus conclusiones se sostuvieron en estudios de carácter anatómico, fisiológico, embriológico e incluso paleontológico.