Parentalidad y buenos tratos • Factores de riesgo y protección en el desarrollo • Gaudencio Rodríguez

“…que las personas adultas encargadas de su crianza y formación identifiquen (y les ayuden a identificar) los riesgos para evitar que éstos se activen y perjudiquen su crecimiento y madurez…”

Estar vivo implica estar expuesto a riesgos, en mayor o menor grado. Las mamás y papás deseamos que no les ocurra nada malo a nuestras hijas o hijos, lo cual es imposible. Les han de pasar cosas buenas y malas. Cruzamos los dedos porque la mayoría sean buenas; para eso hemos de promover los factores de protección.

Los factores de riesgo son aquellos que aumentan la probabilidad de comprometer el sano y pleno desarrollo al aumentar los problemas de salud física o mental, o conductuales.

Los factores de protección son la contracara, son el antídoto ante los peligros que se desprenden de los factores de riesgo, son condiciones del entorno o variables que reducen el riesgo y potencian el sano desarrollo.

En un grupo de mamás (y una que otra abuela) que crían en una colonia considerada en desventaja social y con índices de riesgo significativo (violencia, problemas laborales, económicos, etcétera), identificaron los principales factores de riesgo y protección en la vida de las hijas e hijos adolescentes, así como sus consecuencias.

Riesgos:

  1. La existencia de drogas en la calle, lo cual puede llevarles al establecimiento de “malas compañías”, consecuencia que aumenta aún más los riesgos.
  2. El bullying que desincentiva la asistencia a la escuela.
  3. El abuso del celular y demás dispositivos electrónicos, cuya posible consecuencia es ver contenidos no aptos para su edad.
  4. Salir solos a la calle, pudiendo traer como consecuencia que se pierdan y ya no regresen.
  5. “Mandarlos solos a la escuela”; lo cual puede traer como consecuencia que no entren a clases.
  6. No observar sus conductas, o no hacer nada cuando llegan a casa con algo que no es de su propiedad; “se les puede hacer maña agarrar lo que no les pertenece”.
  7. “No decirnos lo que les pasa por miedo a que los regañemos”. La consecuencia puede ser que encuentren a alguien que les escuche, aunque esa persona no se adecuada.
  8. Se los pueden robar. Consecuencia de “darnos cuenta muy tarde de los peligros que corren”.
  1. En contraparte, los factores de protección que identificaron son:
    1. Llevarlos y traerlos a la escuela para aumentar la seguridad, y de paso conocer los compañeros que tienen.
    2. Tener comunicación para saber dónde están, así se sentirán seguras ambas partes: papás/mamás e hijos/hijas.
    3. Tener cuidado de lo que ven en internet y con quien platican (vincular los celulares); así evitarán convivir con desconocidos que pudieran resultar peligrosos.
    4. Mantener un diálogo constante para aumentar la confianza en el vínculo parentofilial; de esta manera podrán compartir con nosotras sus mamás/papás si alguien les propone algo indebido o riesgoso.
    5. Poner reglas en casa y saber qué clase de amigos tienen.
    6. Seguirles acompañando en su proceso de desarrollo aun cuando están grandes físicamente, pues todavía necesitan de la guía y protección de las personas adultas. Se trata de hacerles sentir seguridad al percibir que tienen quien los apoya y “está al pendiente de ellos”.
    7. No darles todo. De esta manera sabrán valorar las cosas y tendrán tolerancia a la frustración.

Los factores de riesgo y de protección operan en distintos niveles: individual, familiar, escolar, de pares, comunitario. Cada persona, institución, relación interpersonal y sociedad tendrá sus propios riesgos y protecciones, con sus propias características y dimensiones.

Lo importante para el desarrollo de las niñas, niños y adolescentes es que las personas adultas encargadas de su crianza y formación identifiquen (y les ayuden a identificar) los riesgos a los que están expuestos para evitar que estos se activen y perjudiquen su crecimiento y madurez, así como conocer cuáles son los factores de protección para promoverlos y potenciar su bienestar.