Parentalidad y buenos tratos • Factores de riesgo y protección en el desarrollo • Gaudencio Rodríguez
Estar vivo implica estar expuesto a riesgos, en mayor o menor grado. Las mamás y papás deseamos que no les ocurra nada malo a nuestras hijas o hijos, lo cual es imposible. Les han de pasar cosas buenas y malas. Cruzamos los dedos porque la mayoría sean buenas; para eso hemos de promover los factores de protección.
Los factores de riesgo son aquellos que aumentan la probabilidad de comprometer el sano y pleno desarrollo al aumentar los problemas de salud física o mental, o conductuales.
Los factores de protección son la contracara, son el antídoto ante los peligros que se desprenden de los factores de riesgo, son condiciones del entorno o variables que reducen el riesgo y potencian el sano desarrollo.
En un grupo de mamás (y una que otra abuela) que crían en una colonia considerada en desventaja social y con índices de riesgo significativo (violencia, problemas laborales, económicos, etcétera), identificaron los principales factores de riesgo y protección en la vida de las hijas e hijos adolescentes, así como sus consecuencias.
Riesgos:
- La existencia de drogas en la calle, lo cual puede llevarles al establecimiento de “malas compañías”, consecuencia que aumenta aún más los riesgos.
- El bullying que desincentiva la asistencia a la escuela.
- El abuso del celular y demás dispositivos electrónicos, cuya posible consecuencia es ver contenidos no aptos para su edad.
- Salir solos a la calle, pudiendo traer como consecuencia que se pierdan y ya no regresen.
- “Mandarlos solos a la escuela”; lo cual puede traer como consecuencia que no entren a clases.
- No observar sus conductas, o no hacer nada cuando llegan a casa con algo que no es de su propiedad; “se les puede hacer maña agarrar lo que no les pertenece”.
- “No decirnos lo que les pasa por miedo a que los regañemos”. La consecuencia puede ser que encuentren a alguien que les escuche, aunque esa persona no se adecuada.
- Se los pueden robar. Consecuencia de “darnos cuenta muy tarde de los peligros que corren”.
- En contraparte, los factores de protección que identificaron son:
- Llevarlos y traerlos a la escuela para aumentar la seguridad, y de paso conocer los compañeros que tienen.
- Tener comunicación para saber dónde están, así se sentirán seguras ambas partes: papás/mamás e hijos/hijas.
- Tener cuidado de lo que ven en internet y con quien platican (vincular los celulares); así evitarán convivir con desconocidos que pudieran resultar peligrosos.
- Mantener un diálogo constante para aumentar la confianza en el vínculo parentofilial; de esta manera podrán compartir con nosotras sus mamás/papás si alguien les propone algo indebido o riesgoso.
- Poner reglas en casa y saber qué clase de amigos tienen.
- Seguirles acompañando en su proceso de desarrollo aun cuando están grandes físicamente, pues todavía necesitan de la guía y protección de las personas adultas. Se trata de hacerles sentir seguridad al percibir que tienen quien los apoya y “está al pendiente de ellos”.
- No darles todo. De esta manera sabrán valorar las cosas y tendrán tolerancia a la frustración.
Los factores de riesgo y de protección operan en distintos niveles: individual, familiar, escolar, de pares, comunitario. Cada persona, institución, relación interpersonal y sociedad tendrá sus propios riesgos y protecciones, con sus propias características y dimensiones.
Lo importante para el desarrollo de las niñas, niños y adolescentes es que las personas adultas encargadas de su crianza y formación identifiquen (y les ayuden a identificar) los riesgos a los que están expuestos para evitar que estos se activen y perjudiquen su crecimiento y madurez, así como conocer cuáles son los factores de protección para promoverlos y potenciar su bienestar.