Norteamérica 2026: Día treinta y seis, saldo de las semifinales • Fernando Cuevas
Un jueves en calma tensa. Tras los resultados de los partidos que definieron a los semifinalistas y la forma en la que se desarrollaron, quedan varias aristas que pueden ser motivo de análisis, desde lo sucedido en la cancha como lo que aconteció en las bancas, vestidores, tribunas y contextos mediáticos aledaños. A fin de cuentas, cualquiera de las posibles combinaciones sonaba muy atractiva para la final, ya fuera la revancha del 2018, algún clásico europeo o la que se definió tras los juegos de martes y miércoles. Finalmente alcanzaron a llegar al juego decisivo las selecciones de Argentina y España, la primera para buscar defender su título y ganar su cuarta estrella, y las segunda para confirmarse como el equipo más sólido del campeonato y acompañar a su solitario título previo.
Al final del partido entre argentinos e ingleses, que empezó en tono de campal y terminó en clave melodramática, algunos jugadores pamperos -incluso varios que se desempeñan en clubes ingleses- mostraron una manta alusiva al conflicto geopolítico que decía “Las Malvinas son argentinas”, conflicto que ya comentábamos con anterioridad. Las protestas de parte de la Federación de Inglaterra y de otros sectores británicos llegaron de inmediato y ahora la FIFA deberá tomar cartas en el asunto para decidir si sanciona o no a la Federación de Argentina o a los jugadores, dado que en el código de disciplina se prohíbe el uso de este tipo de mensajes; un antecedente fue el caso del jugador coreano que mostró un mensaje (”Dokdo es nuestro territorio”) en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 contra Japón también por una disputa territorial y fue sancionado con juegos de castigo en la eliminatoria para el Mundial del 2014. Al final, nos quedamos con lo que dijo maliciosamente Borges en su momento al referirse a la guerra de las Malvinas: “dos calvos peleando por un peine”.
Volviendo a los noventa minutos, en ambos partidos ganó el equipo que parecía más integrado como tal y con un proyecto colectivo más asumido. Trascendió que tanto en el caso de los franceses como de los ingleses había algunas desavenencias con sus respectivos técnicos o incluso entre los propios jugadores y hasta donde se alcanza a ver por la forma de jugar y después por ciertas declaraciones, los acuerdos en las estrategias no eran del todo asumido: claro que hay estelares que pueden cambiar el curso de un partido -Messi como el ejemplo evidente- pero al final de día es un juego de conjunto y se trata de construir un compromiso grupal sobre un propósito común y la forma de llegar a él. Se observó en selecciones como México, Noruega, Cabo Verde, Paraguay, Japón y Curazao, entre otras, cómo la conjunción fuera del campo potenciaba su juego en el terreno de juego, contrario a lo sucedido con Uruguay, por ejemplo.
Tanto entre los españoles como los argentinos se aprecia esa integración en torno a las decisiones del técnico, con las que se puede estar de acuerdo o no, y con los compañeros: de la Fuente ha realizado varios cambios sobre la marcha del torneo, incluso en el once inicial, al igual que Scaloni, si bien se advierte que los jugadores en general lo aceptan y cuando les toca entrar lo hacen con toda la convicción del caso; el seleccionador argentino, se sabe, ha contado con figuras clave en su equipo: Ayala, Samuel y Aimar, admirado éste último por el propio Messi, quien se fue convirtiendo en líder reconocible a partir de esta generación, si bien se le quiso impulsar desde procesos anteriores. En el caso español, el referente dentro del campo ha vuelto a ser Rodri, si bien otras figuras de un poco de mayor recorrido como Laporte y Oyarzábal se han integrado muy bien con los jóvenes maravilla.
SECUELAS PARA MÉXICO
En el caso de México, las secuelas del Mundial en términos futbolísticos no parecen ser muy prometedoras, a pesar de la buena actuación de la selección. Al momento de escribir estas líneas, no hay ningún fichaje confirmado para algún jugador, sólo declaraciones de interés y rumores: sabemos que el roce internacional para los mexicanos ha sido formativo, en términos generales, y es a partir de que varios de ellos han salido a Europa, sobre todo, que el nivel de la selección, con sus tropiezos, se ha fortalecido. La noticia de que Rafa Márquez será el nuevo entrenador suena bien de entrada, sobre todo por la continuidad y la experiencia del gran central mexicano en el trabajo con jóvenes: lo que falta es generar un abanico de opciones mucho más amplio del que se tuvo para este Mundial.
Otra mala noticia para nuestro fútbol es que para el 2026 y 2027 seguirá sin haber ascenso y descenso, promoviendo el estancamiento en ambos sentidos, si bien la regla de los 1170 minutos por torneo para jugadores nacidos en el 2003 o después, se mantiene. Se ha dicho muchas veces y desde hace muchos años: el problema del fútbol mexicano es básicamente estructural y de una ausencia de miras en cuanto a entender los procesos como tales, con sus momentos de corto, mediano y largo plazo, como nos sucede en muchos ámbitos de nuestro país. Sigue siendo la necesidad de ganar dinero un obstáculo porque se plantea casi como finalidad única, como se advierte en la forma en la que tasan las cartas de los jugadores, por ejemplo. Esta selección requerirá de más jugadores con el nivel necesario para poder aspirar a una digna representación en las competencias por venir.
