Parentalidad y buenos tratos • Los beneficios del buentrato • Gaudencio Rodríguez

"El niño que ha sido cuidado y respetado aprende a respetar y a cuidar a los demás, así como a resistir y oponerse a la violencia y abuso..."
Parentalidad y buenos tratos • Los beneficios del buentrato • Gaudencio Rodríguez

El buentrato potencia el sano desarrollo de niñas, niños y adolescentes. Por eso debería estar garantizado.

Pero ¿qué es el buentrato? En el libro de mi autoría Cero golpes. 100 ideas para la erradicación del maltrato infantil lo defino como aquellas prácticas de cuidado, atención, protección y formación que posibilitan el sano desarrollo físico, mental, espiritual, moral y social gracias a que: 1) tratan a la niña, niño o adolescente como a uno de la especie, es decir, respetan su dignidad; 2) atienden sus necesidades de desarrollo; 3) respetan sus derechos humanos; 4) generan sensaciones gratas (en quien los proporciona y en quien los recibe).

El buentrato tiene múltiples beneficios a corto, mediano y largo plazo. No hay que esperarnos a que las niñas y niños se conviertan en personas adultas para saber el efecto benéfico que los buenos tratos tendrán en su vida.

El neuropsiquiatra Jorge Barudy y la psicóloga y psicoterapeuta Maryorie Dantagnan nos proporcionan un listado de dichos beneficios en el corto plazo, en su libro titulado Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resiliencia. Las niñas y niños bientratados:

  • Gozan de salud física y mental.
  • Son capaces de dar y recibir (de amar).
  • Desarrollan una capacidad para vincularse basada en la confianza, en la empatía y en la responsabilidad respecto a las personas y su planeta.
  • Participan en una práctica social solidaria y altruista.
  • Aprenden a vivir y a convivir como ciudadanos.
  • Se encuentran habilitados para la adecuada toma de decisiones y para conseguir la autonomía progresiva.
  • Pueden participar en la construcción de un mundo humano más justo y solidario.
  • El niño que ha sido cuidado y respetado aprende a respetar y a cuidar a los demás, así como a resistir y oponerse a la violencia y abuso.

Recientemente, reflexionando acerca de este último punto con un papá que se ha esforzado por adquirir herramientas para la práctica de la crianza positiva y el buen trato, me contó de una situación que resulta evidencia de los beneficios de este tipo de práctica parental.

Sucedió tiempo atrás que, en la escuela de su hija de siete u ocho años de edad, una de sus compañeras le molestaba hasta el acoso. Después de darle varios consejos que no funcionaban, se le ocurrió sugerirle que redactara una carta con la descripción de los hechos y la manera en que estos le afectaban; se trataba de incluir el dolor, el miedo y demás consecuencias que le generaba, así como la petición de que esto parara. La carta que sería entregada a su profesor, para que él como autoridad de primera línea, tomara acciones en el asunto. Todo esto antes de escalar en las medidas.

A la niña le pareció buena idea. Pero ella no se quedó ahí, sino que convocó a otras cuatro o cinco niñas que también estaban siendo afectadas por el comportamiento de la niña agresora para que se sumaran a la elaboración y firma de la carta.

Al final, dicho documento quedó más robusto en cuanto a sus argumentos y descripción de hechos y cantidad de firmas que la acompañaron.

Entregaron la carta al profesor, el cual la leyó con sorpresa, no sólo por lo que decían sus líneas, sino también por la iniciativa de las niñas. El impacto fue positivo: el profesor se puso manos a la obra, convocó a los padres y madres de las respectivas niñas, les describió la iniciativa que comenzó por parte de una de sus alumnas y se hizo grupal, y acto seguido les leyó el documento.

A partir de ahí los papás y mamás entraron en reflexión acerca de la situación y generaron acuerdos para ponerle solución.

Conozco lo suficiente al papá de la niña que tuvo la iniciativa de ir más allá de una acción individual, como para afirmar que le ha podido proporcionar una crianza basada en el buen trato y que esta anécdota es evidencia de los frutos que tiene en su hija en el aquí y el ahora. Porque como nos dicen Barudy y Dantagnan, las niñas y los niños bientratados no sólo son capaces de resistir el maltrato y la violencia, sino que son capaces de oponerse a ella. ¿Por qué? Porque al no ser esta parte de su vida, cuando alguien les agrede son capaces de detectarla e identificar su malestar o dolor, saben que no es eso lo que deben recibir —porque así se lo han hecho saber sus padres/madres con el ejemplo— y tienen la fuerza y las habilidades para oponerse a ello. Por ejemplo, denunciándolo ante la autoridad correspondiente (papá, mamá, docentes, etcétera).

Al final, más temprano que tarde, las niñas, niños y adolescentes se convierten en promotores del buen trato.

Los buenos tratos son un tanto subversivos. ¿Por qué? Porque construyen sujetos críticos, desobedientes al sistema opresor y a toda aquella instrucción o mandato que atente contra los seres humanos. De ahí la importancia de trabajar en su producción. Porque, no perdamos de vista, los buenos tratos no se dan de manera espontánea, sino que son una producción social.

Psicólogo / gaudirj@hotmail.com