Parentalidad y buenos tratos • Ejemplos de disciplina respetuosa • Gaudencio Rodríguez
“…no será el marco jurídico por sí mismo el que cambie las prácticas de crianza. Se requiere capacitación. Se requiere reeducación…”
Vivimos una época en la que necesitamos practicar una crianza basada en el respeto a la dignidad y a los derechos de las niñas, niños y adolescentes. No es una propuesta. No es una sugerencia. Se trata de un mandato jurídico. Está en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en la Ley General de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes y en otros instrumentos jurídicos.
Pero no será el marco jurídico por sí mismo el que cambie las prácticas de crianza. Se requiere capacitación. Se requiere reeducación.
Es en este punto en el que nos encontramos históricamente: en la construcción de una nueva forma de criar, de educar, de disciplinar. Una que prescinda de cualquier tipo, intensidad y frecuencia de malos tratos. Una que haga de los buenos tratos su garantía.
Se trata de una tarea cuyo principal reto radica en el hecho de que quienes criamos venimos de estilos en los que el mal trato estuvo presente de manera significativa; por ejemplo, a través del uso del castigo corporal u otros tratos humillantes.
Dentro de la crianza, la disciplina (sinónimo de enseñanza no de castigo ni violencia) es una tarea fundamental y un reto cotidiano que requiere poner en acción las capacidades formativas de padres, madres y personas responsables del cuidado.
¿Cuál es la mejor manera de hacerlo? Aquella que se hace con respeto, amabilidad y firmeza.
Sabemos que la disciplina respetuosa contribuye a la sana convivencia y a la seguridad entre los miembros de la familia; al mismo tiempo, proporciona a las hijas e hijos pautas que guían y enriquecen su criterio para actuar. De ahí la importancia de que las personas adultas cuenten criterios para el ejercicio de su autoridad (que significa ayudar a la niña o niño a crecer, a ser más y mejor persona).
Si bien no existen recetas universales para la disciplina respetuosa, sí contamos con herramientas o alternativas para utilizarlas en el día a día teniendo en cuenta las particularidades de cada niña o niño, de la madre, padre o persona responsable y de las circunstancias del momento.
A continuación, te compartimos 15 alternativas concretas que propuse para un curso sobre crianza tiempo atrás, tomando en cuenta diversas metodologías ya existentes:
- Demostrar y realizar juntos las conductas deseables: “Vamos juntos a lavarnos las manos para comer”
- Dejar pasar aquellas conductas que se extinguirán por sí solas: Caras o conductas chistosas que la niña o niño hace mientras come.
- Hacer preguntas para que la niña o niño razone: “Si hubieras dejado la llave del agua abierta, ¿qué crees que hubiera pasado?”
- Usar un lenguaje corporal apropiado: Mover la cabeza, sonreír, mirar directamente a la niña o niño, ponerse a su nivel para hablar, etcétera.
- Dirigir la conducta: “Aquí está la escoba para barrer el piso de tu cuarto”
- Reconducir la conducta. Ejemplo: La niña golpea un objeto de cristal porque le divierte el sonido, entonces la mamá o el papá le dice: “Puedes hacerlo con esto que es menos peligroso”, mientras sustituye el objeto y le explica los motivos del peligro.
- Señalar o describir lo que la niña o niño aún no puede ver, considerar o anticipar: “El piso está mojado y resbaloso, camina por donde está seco”.
- Proporcionar información que le permita entender por qué debe hacer determinada cosa: “Si no recoges tu juguete, al retirarnos del parque se puede perder”.
- Ofrecer opciones limitadas viables para que pueda elegir: “¿Quieres la manzana o el plátano?”
- Compartir tus sentimientos y hacer una petición, indicación o solicitud con claridad y amabilidad: “Me molesta que dejes tus juguetes tirados en el pasillo, te pido que los dejes en su caja, por favor”
- Alentar: una niña o niño que se “comporta mal” es una niña o niño desmotivado. Cuando se siente alentada/alentado, el mal comportamiento desaparece: “Te quiero sin condiciones”; “Debes estar orgulloso de ti misma/mismo”.
- Ser gentil y firme al mismo tiempo: “Por favor, pon la ropa sucia en el cesto antes de salir a jugar con tus amigos”.
- Enfocarse en soluciones en lugar de enfocarse en culpar.
- Establecer una rutina diaria; las rutinas sirven para organizar la vida cotidiana y hacerla predecible para la niña o niño: Define procedimientos y horarios para despertarse, desayunar, ir al colegio, regresar a casa, comer, cumplir con las tareas escolares, asegurar momentos de recreación, cenar, bañarse, acostarse y dormir, así como el lugar donde estas actividades van a ser realizadas. De esta manera, se proponen límites a partir de los cuales las niñas y niños aprenden las nociones de tiempo y espacio.
- Fortalecer la cercanía y la cooperación por medio de reuniones familiares semanales, quincenales o con la frecuencia que lo requieran
- No se trata de recetas universales ni totales. Sólo son algunos recursos a manera de ejemplo de una manera diferente a la de antaño de abordar las situaciones de la vida cotidiana, ejemplos que pueden aperturar la imaginación para crear nuevos modelos de educación y guía para las nuevas generaciones.