Desde una pluma insistencialista • Isabel Acevedo: gobernar Jerécuaro a pesar de todo • Iovana Rocha

“En marzo pasado el esposo de la presidenta municipal, Eduardo Olvera, fue asesinado, un hecho que sacudió a la esfera pública y trascendió a nivel nacional. El fondo de la noticia era la violencia preexistente en el territorio guanajuatense y la vulnerabilidad de todas y todos ante ella.”
Desde una pluma insistencialista • Isabel Acevedo: gobernar Jerécuaro a pesar de todo • Iovana Rocha

Con el inicio del pasado proceso electoral tuve la oportunidad de entrevistar a la entonces candidata, hoy presidenta municipal de Jerécuaro, Isabel Acevedo. Mi interés por dialogar con ella tenía varias motivaciones: reconocía su camino constante en la vida pública del municipio que pretendía gobernar, así como su filiación militante discreta y comprometida. De ganar, como lo hizo, Issa, como también es conocida, se convertiría en la primera presidenta municipal en gobernar uno de los 46 municipios de un Guanajuato aún resistente a los liderazgos de las mujeres.

Un extracto de aquellos días

Issa Acevedo, como afectuosamente la llaman en sus círculos cercanos, tomaría protesta el próximo 10 de octubre como la primera mujer presidenta municipal en Jerécuaro. Sí, la primera.

De origen jerecuarense, es abogada y se presenta a sí misma como “madre de Emilio, Isabella y Leonardo, alegre, amable, dedicada al servicio público”.

Sobre la participación de las mujeres en su municipio señala: 

_ “…En Jerécuaro son pocas las mujeres que participan dentro de la política. En los últimos 6 años se incrementó nuestra participación en algunas de las actividades dentro de la administración pública. En mi entorno familiar, solo una prima hermana ha participado como regidora y, dentro del entorno inmediato, varias de mis amigas se han involucrado, pero el porcentaje de las mujeres en una mesa donde se toman decisiones es mínimo. 

…Ha sido complejo que por parte de ellos se acepte que una mujer sea quien gobierne, pero a lo largo de la campaña fueron cambiando esas percepciones negativas, al menos dentro del grupo cercano. Aun así, hay personas que piensan que al ser mujer, será un hombre quien tome las decisiones. 

…Creo que sí tendremos impacto (las mujeres candidatas), he tenido mucha empatía con las niñas, niños y jóvenes. En una ocasión, en la primaria de mi hijo, al preguntar a las y los niños a qué les gustaría dedicarse de adultos, un par de niñas me dijo que serían presidentas…” _

A la pregunta expresa sobre su caminar en campaña con la expectativa, en retrospectiva, de ser la primera presidenta municipal, ella responde: 

“…Los comentarios son distintos, desde quien piensa que una mujer no puede ganar, hasta quien piensa que se está abriendo camino a nuestro género. Se siente mucho más el apoyo de las mujeres jóvenes y también de las niñas, que se dan cuenta que hay muchas posibilidades para nosotras y esa es una de las razones que más me alegran…”

(Extracto de entrevista en texto: Otras resistencias-Lecciones de la elección 2024: Las que lograron llegar a los municipios. Segunda de cinco partes en Milenio-León)

Estábamos a días de la elección. Entonces yo escribía que su llegada y desempeño podrían ser un punto de quiebre para un territorio que sigue buscando un espacio en la agenda de prioridades del estado y la federación. Un municipio de vocación agrícola relevante pero invisibilizado ante la voracidad del llamado corredor industrial, como la mayoría de los territorios locales. Otros presidentes habían intentado esa proyección, algunos con más empeño que otros; ella tendría la oportunidad de lograrlo al encontrarse con otras mujeres en posiciones de poder, y porque su forma de hacer política le da herramientas distintas: es aliancista para construir acuerdos más allá de colores, es de diálogo para abrir mesas donde antes hubo silencio, es prudente porque entiende que en Guanajuato la palabra y el tiempo también son formas de cuidar un proyecto.

Entre esa entrevista de octubre y el día que mataron a Lalo, pasaron apenas unos meses. El mismo tiempo que tardó Guanajuato en recordarle a su primera presidenta que gobernar aquí también es sobrevivir.

En marzo pasado el esposo de la presidenta municipal, Eduardo Olvera, fue asesinado, un hecho que sacudió a la esfera pública y trascendió a nivel nacional. El fondo de la noticia era la violencia preexistente en el territorio guanajuatense y la vulnerabilidad de todas y todos ante ella. Una narrativa que intenta poner fin a la idea gubernamental de situar a la violencia y sus víctimas únicamente entre grupos delincuenciales. El asesinato de Lalo, como afectuosamente era llamado, volvió a visibilizar que la violencia habita entre nosotros.

La figura pública es Issa. Por la naturaleza de su cargo, las familias que acompañan a las autoridades electas se convierten en una extensión de esa mirada pública. Así se ha construido la praxis política y pocas excepciones hay de quienes logran establecer, con decisión y estrategia, espacios paralelos.

A partir de los lamentables hechos fuimos testigos de una Issa estoica. Una presidenta que se dirigió a la población que la acompañó en servicios funerarios dedicándoles palabras de esperanza sobre esa paz que no termina de llegar a Guanajuato ni a sus municipios.

Una presidenta que, en el llamado tiempo de las mujeres, ha debido caminar con el dolor de muchas otras mujeres que, como ella, son víctimas indirectas de la violencia sobre sus familias. Hoy en día ella se presenta a distintas actividades de gobierno y lo hace con la presencia cálida con la que inició aquel mes de octubre. Es imposible no mencionar que, siendo mujer pública, ha decidido dar continuidad a una responsabilidad en la que tuvo opción de no seguir. Y la decisión no es menor.

Ella, como antes otras y ahora mismo muchas, ha decidido administrar el duelo de una pérdida importante en espacios privados, en tanto sigue siendo la presidenta de Jerécuaro, la primera.

Sin embargo, no es algo que debamos naturalizar: que debía continuar teniendo la opción de no hacerlo. Se trata de una decisión personal y política que también es materia de aquello que nombramos en abstracto “el tiempo de las mujeres”. No hubo un solo espacio de duda sobre su continuidad, lo que significa que atravesó al mismo tiempo el dolor y la determinación. Demasiado para un ser humano.

Colmada de pésames, mensajes de indignación y solidaridad desde varios partidos políticos y actores, Issa se ha dirigido con una administrada y discreta presencia en sus labores públicas, misma posición respecto a las indagatorias de los hechos donde perdió la vida su esposo. Una mujer y autoridad con entereza. Complejo rol al que nadie debería estar obligada.

En la antesala

Las que antes eran proyecciones sobre los gobiernos encabezados por mujeres hoy se acercan más los tiempos de balances iniciales. Uno que adelanto es que las mujeres que participan de posiciones públicas también son sujetas de la violencia que habita en las calles y territorios que gobiernan, olvidarlo las expone y como sociedad nos impide valorar en su extensión y complejidad lo que representa la llegada de las mujeres a esos espacios.

Issa, una presidenta que aquellos días de entrevista me compartía:

“…Dentro de mi municipio siempre me sentí segura, no pensé en ningún momento en declinar. Por las tardes policía municipal me brindaba el apoyo de escolta, pero en la mayor parte de tiempo estuve solo con mi equipo de trabajo. Creo que es muy lamentable que la violencia escale a este tipo de niveles, ya que vuelven turbios los procesos y ocasionan poca participación…”

Hoy creo que nuestro diálogo tendría otras dosis de realidades. Mi abrazo afectuoso para una mujer y su familia que han decidido darle continuidad a su labor frente a un ayuntamiento a pesar de todo.