El Mesías Cultural y sus centinelas (una parábola casi premonitoria)

"Desde entonces la muchedumbre, cuando asiste a los conciertos de la Sinfónica, ya no aplaude cada cinco minutos sino cada diez, aunque todavía el baño divino no ha alcanzado para identificar los movimientos musicales..."

El Mesías Cultural y sus centinelas (una parábola casi premonitoria)

El Niño Santo subió al cerro donde le esperaban sus seguidores, y les preguntó:

―¿Qué quieren de mí?

En coro sus seguidores le dijeron:

―Queremos cultura.

El Niño Santo  miró al cielo, elevó sus brazos e invocó al Todo Terreno.

De pronto, las nubes se separaron y apareció un enorme señor, que a su vez les preguntó:

―¿Qué puedo hacer por ustedes?

Entonces fue cuando el Niño Santo le manifestó las inquietudes de sus seguidores:

―Señor Todo Terreno, tú que has creado y puesto en orden a la Tierra y la Luna, que organizas a los planetas y las estrellas, y vigilas que las galaxias no se porten mal, tú que estás en todos lados y en todo lugar, haz que este pueblo tenga cultura, porque sus anteriores maestros no les han enseñado a ser cultos, debido a que estaban sindicalizados.

Con estas sabias palabras dejaron pensativo al Señor Todo Terreno. De repente abrió sus brazos, miró a cada uno de los presentes, y en un impulso divino les envió un rayo de luz que cubrió todos los cuerpos.

La muchedumbre recibió la luz divina y cada uno de sus cuerpos empezó a exudar cultura.

Todos los beneficios recibidos empezaron a surtir efectos positivos.

Desde entonces la muchedumbre, cuando asiste a los conciertos de la Sinfónica, ya no aplaude cada cinco minutos sino cada diez, aunque todavía el baño divino no ha alcanzado para identificar los movimientos musicales.

Las obras de teatro alejaron de los lugareños el tercermundismo. Ahora cada parlamento de los actores es un acto transformador del universo.

Cada sonrisa de las comedias vierte sobre ellos el equilibrio universal de las especies, de los minerales y de la materia oscura.

El universo había vuelto a la armonía.

Pero entonces sucedió todo lo malo.

Un sujeto superior al Niño Santo afirmó que ese chamaco era un soberbio, petulante y sangrón, y lo dio por cesado.

Afirmó que no había cambiado desde que ejercía las finanzas.

Que hacía lo que le daba la gana, sin querer rendir cuentas a nadie.

Que a los trovadores lugareños ni los pelaba, pero usaba el dinero que ellos aportaban vía impuestos.

Que sólo hacía funciones para unos cuántos, mientras que la mayoría de los mortales morían de hambre, de sed, estaban encuerados, y para colmo de los males, seguían esclavizados fabricando zapatos y coches.

Entonces apareció otra vez desde los cielos el Todo Terreno y preguntó cuál era la causa de un creciente barullo.

―Este maldito arrogante aprovecha el dinero que ponemos en sus manos, llegado de impuestos de los pobres y clasemedieros, y de pilón, sólo invita a sus pachangas a quienes él considera sus centinelas, sin tomar en cuenta ni siquiera a los trovadores. Además, la soberbia es un Pecado Capital.

El Todo Terreno no se acordaba de los pecados capitales. Había olvidado eso debido a su  trabajo de cuidar todo lo que sucede en el universo, los movimientos de los cometas, el de los planetas, las explosiones estelares, las constelaciones…

Consultó su mega compu Épsilon y recordó que, efectivamente, la Soberbia era un Pecado Capital.

Después buscó en Google universal la palabra Niño Santo, y recibió un gran susto.

La soberbia, la arrogancia, la mamonería, ya eran parte de ese personaje desde sus 10 vidas anteriores.

Las 10 últimas reencarnaciones no le servían de nada. Seguía siendo bien mamila, y de pilón, ni siquiera juntaba en los recintos bajo su cargo, a quienes le daban dinero a través de sus impuestos.

Entonces Todo Terreno blandió su rayo y sacó del recinto al Niño Santo y a sus centinelas.

Uno de los centinelas le echó pleito:

―Mira, señor Todo terreno, serás el muy muy, pero con el Niño Santo no te metas. ¿No ves que gracias a él, El Cerro donde se predica la cultura es más grande que la Escala de Milán? ¿Acaso no sabes que la ópera ya la escuchan hasta los centinelas? ¿No te das cuenta, por andar armonizando todo lo demás, de que ahora la cultura ya corre por nuestra sangre?

Al escuchar esos argumentos, el Todo Terreno se enojó y les dijo:

―No marchen, mejor sigan produciendo zapatos y coches.

El centinela del Niño Santo insistió:

―No nos dejes sin tu protección. ¿Por qué mejor no convocas una consulta popular?

Entonces el Todo terreno emitió una orden divina para que se reunieran en torno al cerro del Niño Santo y se realizara un recuento de los beneficiados y los no beneficiados por los rituales de El Cerro.

A su izquierda aparecieron 3 millones de incultos, clamando cultura.

A su derecha aparecieron 500 seguidores del Niño Santo, exudando cultura.

Entonces el Gran Arquitecto dijo:

―Que la cultura sea para todos, y san se acabó.

Y se abrieron para todos los terrenos de El Cerro.