Opinión • La indiferencia de los buenos • María Esther Bonilla López
No me estremece la maldad de los malos,
sino la indiferencia de los buenos
Martin Luther King
*
En todo el país nos enteramos del lamentable homicidio que perpetró un joven encapuchado de 19 años a un alumno de 16 años en el CCH Sur de la Ciudad de México. Tanto el veracruzano Jesús Israel (el menor asesinado), como el homicida Lex Ashton, estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM, por lo que a partir de ese momento surgieron temores por la inseguridad que se vive en muchos de los planteles de esta universidad y de todas las instituciones de educación media superior y superior del país; así también diversos estudiantes hicieron declaraciones respecto a la continua venta de drogas y acciones violentas al interior de los planteles. También ha sido constante el aviso de que explotarán bombas.
Lex Ashton había publicado en sus redes: “Escoria como yo tiene la misión de recoger la basura”, y en su cuenta de facebook expresó su deseo de quitarse la vida y realizar un acto que llamara la atención pública: “Ya estoy harto de este mundo, nunca en mi vida he recibido el amor de una mujer y la neta me duele, me duele saber que los chads[1] pueden disfrutar de las foids[2] y yo no. Yo ya lo he perdido todo, no tengo trabajo ni familia ni amigos, no tengo motivos para seguir con vida. Pero saben qué, no pienso irme solo, voy a retribuir a todas esas malditas y todos lo van a ver en las noticias”.
Por los mensajes que Ashton dejó, su intención era asesinar a varios estudiantes acuchillándolos y después suicidarse, pero mató a Jesús Israel e hirió a un trabajador del plantel que intentó detenerlo, y no logró suicidarse, quedó con daños muy graves.
En los diversos medios de comunicación han sido entrevistados expertos en ciencias sociales que han estado explicando cómo los foros e individuos “incels” (célibes involuntarios que difunden en las redes discursos de odio) están motivando llevar a cabo el tipo de tiroteos ocurridos en escuelas de Estados Unidos y en diversos países a partir de la década de los 90, cuando se acuñó el término “incels" (involuntary celibates, en inglés) o personas que se describen como incapaces de tener una pareja o una vida sexual, a pesar de que quieren estar en una relación.
Carlos Contreras, sociólogo de la Universidad Autónoma Metropolitana, se refiere como copycat a la conducta de imitar a otros agresores. El experto explica que la adolescencia es una etapa de búsqueda de identidad, y cuando los jóvenes no encuentran soporte en la familia o la escuela, se refugian en grupos que pueden reforzar conductas negativas. “Somos seres sociales, si no hay una red positiva, nos volcamos hacia la que sí nos acepta, aunque sea violenta”, detalla. (…).
Contreras rechaza la idea de que los jóvenes inventen una realidad violenta. “No es que normalicen la violencia, es que viven en un entorno donde la violencia es cotidiana. Lo anormal sería que no la asumieran como parte de su día a día”, afirma. El desafío, concluye, no es negar esa realidad, sino transformarla, promoviendo modelos positivos y diseñando políticas que atiendan la salud mental de los estudiantes (https://elpais.com/mexico/2025-09-24/el-joven-encapuchado-que-llevo-la-violencia-de-los-foros-incels-al-cch-sur-de-ciudad-de-mexico.html).
Ante esta lastimosa realidad a la que nos enfrentamos actualmente con adolescentes de 11, 13, 15 años de edad que se sienten absolutamente solos en el mundo, jamás amados, jamás escuchados y se perciben a sí mismos como seres que genéticamente tienen un solo destino y no otro: recibir desprecio, recibir odio, recibir desaprobación, recibir rechazo, suena “lógico” que al sentirse totalmente abandonados y como seres incapaces de recibir afecto, tomen la decisión de reunirse en las redes sociales con adolescentes que experimentan la misma soledad, el mismo abandono y resuelven acuchillar a personas o provocar choques en la vía pública donde muera el mayor número de personas, o acudan a la secundaria o preparatoria para disparar sus armas y al final suicidarse. Nadie da lo que no tiene.
Estas tragedias están ocurriendo en varios países del primer mundo. Quizá recordemos por las noticias al policía que detuvo a quien mató a 10 personas en un atropello masivo en Toronto, Canadá, en 2018; o a Elliot Rodger (héroe para algunas comunidades Incel) mató a 6 personas en la localidad de Isla Vista en Santa Bárbara, California en 2014, y se suicidó después de los asesinatos. En 2021, Jake Davison mató a 5 personas en Inglaterra. Los homicidios reales que están motivados por una ausencia de ganas de vivir se refuerzan en la mente de muchos jóvenes por series televisivas como “Adolescencia” difundida por Netflix, la cual desarrolla esta misma problemática.
¿Qué podemos hacer como sociedad en México?, ¿apagar la televisión cuando informen este tipo de hechos tan dolorosos? Estas tragedias están ocurriendo en planteles de varias entidades federativas. Los adolescentes están creciendo en soledad y con la compañía de redes sociales que retratan la ausencia de salud mental y de acompañamiento emocional y mental. El Dr. Carlos Contreras Ibáñez, doctor en psicología social (académico-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana) afirma que los adolescentes no están normalizando la violencia, porque la violencia ya está normalizada a nivel social, y ellos solo asumen lo que ya existe. Es por tanto urgente revisar y actuar a nivel comunitario, y por lo menos hacer lo que este Investigador menciona: enfrentar el desafío, no negar la realidad sino transformarla, promoviendo modelos positivos y diseñando políticas que atiendan la salud mental de los estudiantes.
Atender esta problemática también va más allá de identificar y aplicar este tipo de soluciones ya, en estos momentos, en todos los planteles escolares. La solución se encuentra también en la preparación que están obligados a adquirir quienes deciden ser papás y mamás. Se cumple con la responsabilidad de mamá y de papá cuando se espera con toda la felicidad del mundo la llegada del hijo, y se vive esa alegría a lo largo de los años enseñándole al bebé lo valioso que es, conviviendo en el amor, mostrándole la enorme alegría y satisfacción de acompañarlo en su crecimiento, haciéndole sentir lo afortunado que son los padres desde la concepción de su bebé. De esa manera, el hijo va experimentando lo que es autoestima y se siente capaz de ir aprendiendo y viviendo los valores. La palabra convence, pero el ejemplo arrastra. No únicamente educamos con las palabras, educamos sobre todo con nuestros actos, con nuestra manera de vivir.[3]
Algunos papás y mamás no debieron serlo nunca, no tienen la formación adecuada y no conocen el desarrollo sano de un bebé, están completamente incapacitados para hacerse cargo del desarrollo de un ser humano. Un arquitecto recibe una preparación adecuada para su desempeño profesional y continúa conociendo los nuevos tipos de técnicas y materiales por aprovechar, las nuevas necesidades de instituciones, familias, empresas, industrias. Un médico dedica varios años a su formación profesional y especialización, y sigue actualizándose toda su vida respecto a nuevas investigaciones, nuevos medicamentos, nuevos descubrimientos y cómo afrontar la aparición de nuevas bacterias, virus, hongos. La preparación de un papá y de una mamá así debería de darse: antes del nacimiento del bebé y estarse actualizando todo el tiempo para un acompañamiento adecuado en las diferentes etapas que van atravesando sus hijos.
No somos capaces de entregar la responsabilidad de que construya nuestra casa a un agricultor, o que nos proporcione un diagnóstico y tratamiento para una enfermedad que padecemos a un pintor, con todo el respeto que cada profesión merece. Zapatero a tus zapatos.
Entonces, ¿qué o quiénes están fallando en México? Somos el país número uno en embarazos de menores de edad, sabemos que México es número uno en la trata de menores de edad y nos enteramos por las noticias de cómo algunos recién nacidos son abandonados por sus padres adolescentes o jóvenes en la vía pública y en basureros.
Y no solo los recién nacidos son abandonados sino de cualquier otra edad, evidencias existen, un ejemplo ocurrió en Celaya hace menos de un mes, cuando un padre de familia abandonó a su hijo de 13 años en las instalaciones del DIF porque según afirmó “ya no lo aguanto”, demostrando una enorme negligencia, desapego e irresponsabilidad hacia un ser humano que el padre engendró. Respecto a este caso:
Gloria Marina Villalobos Coronilla mencionó que es común que padres acudan al DIF para abandonar a sus hijos porque ya no desean hacerse cargo de ellos.
“Sí es común que los padres no puedan ejercer o no tengan las herramientas para ejercer una crianza positiva y se desesperen queriendo entregar a sus hijos, pero la verdad es que es su obligación guiarlos correctamente. También es obligación del Estado proporcionar información para fomentar una crianza adecuada”, concluyó.
En este artículo revisamos cómo los adolescentes que se identifican con la subcultura de los INCELS mencionan que están hartos del mundo, que nunca recibieron amor de su familia, etc., lo único que desean es acuchillar al mayor número de personas y después suicidarse. Estos chicos probablemente tuvieron un papá o una mamá que los ignoró o que los abandonó emocionalmente o quizá también físicamente, económicamente, etc. Este tipo de delitos no deberían existir y cada día son más numerosos.
Volviendo a la pregunta ¿qué o quiénes están fallando en México?, mi respuesta es: estamos fallando todos, los 3 niveles de gobierno y los ciudadanos porque todos permitimos que se naturalizara la violencia. Ahora, es urgente hacer algo, es urgente tomar las medidas adecuadas para “humanizar” nuestro entorno. La gravedad de la violencia en todas las esferas de la vida nos obliga a tomar cartas en el asunto, cada uno de nosotros podemos hacer algo en favor del respeto, del diálogo, de la responsabilidad, de la honestidad, de la cooperación, de la Cultura de Paz. Hagamos una revisión de nuestro acontecer cotidiano.
***
María Esther Bonilla López es licenciada en Letras Españolas por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guanajuato; maestra en Desarrollo Educativo, y doctora en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional.
[1] Hombres atractivos, populares y exitosos; opuestos a los incels.
[2] Se refieren a las mujeres de una manera despectiva porque se les considera deshumanizadas. A las mujeres también les llaman “stacey”.
[3] En otro artículo mencioné cómo sería indispensable que a ninguna pareja se le permitiera ser papá y mamá si antes no demuestra estar preparada para cumplir dichas funciones (“No hacer nada: ¿es complicidad?”).