No hacer nada, ¿es complicidad? • María Esther Bonilla López
“Hemos estado presenciando el incremento de la violencia, no sólo en la vida pública de los países, sino tristemente también en la vida privada…”
¿Estamos de acuerdo con esta frase: No hacer nada es complicidad? Si no hacemos nada ante una problemática de cualquier tipo ¿estamos siendo cómplices? Podemos traer a la mente cualquier tipo de situación complicada, injusta, conflictiva, de tipo familiar, social, laboral, en el ámbito publicitario, político, educativo, de las redes sociales, en la vía pública o transporte urbano, inclusive considerando los grandes conflictos armados que seguimos presenciando en encuadres geopolíticos y luchas por demostrar poderío en todos los órdenes violando los Derechos Humanos.
Hemos estado presenciando el incremento de la violencia, no sólo en la vida pública de los países, sino tristemente también en la vida privada (violencia en la pareja, del padre o madre hacia los hijos desde que son bebés, discriminación hacia los adultos mayores, abandono en basureros de niños recién nacidos, etc.). El escenario no es gratificante sino deprimente por lo que existen personas que prefieren volver la mirada a las pantallas para dar seguimiento a temas superficiales, escuchar tonterías que pronuncian influencers o simplemente para distraerse de asuntos que sí son trascendentales pero que despiertan nuestra frustración al considerar que nada podemos hacer.
Te pregunto, ¿alguna vez te has sentido cómplice ante una situación por no intervenir para detener un hecho violento?, por ejemplo ¿has intervenido cuando un padre de familia golpea sin piedad a su hijo pequeño en la vía pública?, ¿o cuando un cliente solicita a gritos que lo atiendan, e insulta y agrede a la vendedora en una tienda de conveniencia? Ante ese tipo de hechos nos podemos preguntar a nosotros mismos si somos cómplices de la violencia porque “no hacemos nada”.
¿Qué significa ser cómplice? De acuerdo con la Real Academia Española, cómplice significa:
1. Que manifiesta o siente solidaridad o camaradería. Un gesto cómplice.
2. Participante o asociado en crimen o culpa imputable a dos o más personas.
3.Persona que, sin ser autora de un delito o una falta, coopera a su ejecución con actos anteriores o simultáneos.
Cómplice es sinónimo de: colaborador, partícipe, copartícipe, coautor, compinche, secuaz, ayudista.
Así pues, de acuerdo con la frase inicial, si no hacemos nada ante hechos violentos, injustos y abusivos como los mencionados en el párrafo anterior, significa que tenemos parte de culpa y que estamos colaborando y participando en el abuso que presenciamos. Si no participamos para evitar el atropello: estaríamos cooperando en la ejecución de actos culposos o delictivos; de acuerdo con los sinónimos, seríamos: colaboradores, coautores de la injusticia presenciada.
En una línea similar, podemos mencionar una de las frases más conocidas del gran líder defensor de los Derechos Humanos y de la Justicia Social que fue Martin Luther King y que es al mismo tiempo título de uno de sus libros: “No me estremece la maldad de los malos, sino la indiferencia de los buenos”. Esta frase contundente nos invita a preguntarnos por qué a muchas personas no les preocupa o no nos preocupa la perversidad de los malvados que desaparecen niñas, niños y adolescentes para obligarlos a vender droga, a ser halcones, a descuartizar enemigos con machetes, etc., por qué evitamos ignorar la perversidad de los malvados e ignorar todavía más la indiferencia de los supuestamente buenos y desatender una reflexión indispensable: ¿estamos en el grupo de los malos o de los buenos?, ¿preferimos ser cómplices que pasan inadvertidos para la sociedad, pero cómplices para nuestra consciencia?
En esta secuencia de escritos he mencionado que por lo menos es necesario atender simultáneamente 4 ámbitos, si es que nos preocupa el enorme incremento de la violencia en México. Dichos ámbitos son: el familiar, el educativo, el social con énfasis en el manejo de redes sociales y el de las políticas públicas. Para tener la certeza de que no somos cómplices en el incremento de la violencia, cada quien, desde su propia condición individual, familiar, laboral, con los amigos, en nuestro círculo de relaciones, cada uno de nosotros podemos mostrar que no somos cómplices y que podemos poner nuestro granito de arena, hacer algo para avanzar en la Cultura de Paz.
Una premisa fundamental es hacer a un lado los logotipos de partidos políticos, hacer a un lado la posible militancia si es que la tuvimos en otro tiempo, hacer a un lado también la polarización y visualizar las formas de incidir en nuestro medio para que se conozcan formas de vida basadas en el respeto a la dignidad, en la cooperación, en el diálogo, en la colaboración. Quienes no queremos ser cómplices, quienes no queremos ser “gente buena indiferente y egoísta”, podemos en primera instancia buscar información de grupos, de asociaciones civiles que han estado trabajando con el objetivo de avanzar en una Cultura de Paz y la reconstrucción del tejido social, podemos también acercarnos a los profesionales que tienen respuestas honestas y convincentes para ir resolviendo los conflictos de violencia en las diversas manifestaciones.
A partir de identificar asociaciones, instituciones, profesionistas confiables, eventos como la “Primera Semana Nacional de la Cultura de Paz” que organizó especialmente para jóvenes la UNAM en este mes de septiembre 2025, podemos difundir en nuestras redes y de persona a persona la información generada para que sean cada vez más los receptores de dichos eventos e invitarlos a difundir y practicar las propuestas de los expertos. Cada uno de nosotros tenemos información valiosa para compartir, es momento de hacer extensivas las formas de contrarrestar la violencia.
Por ejemplo, a los padres de familia sobre todo con hijos pequeños, somos muchas las personas que les recomendaríamos que leyeran la valiosísima producción del psicólogo Gaudi Rodríguez Juárez, quien a través de artículos que publica en diversos medios de comunicación (como Es lo cotidiano), también por medio de cursos, talleres y de su magnífico libro “Cero golpes. 100 ideas para la erradicación del maltrato infantil” ofrece la forma sana y amorosa de educar a los hijos, prescindiendo totalmente de los golpes físicos, verbales, económicos, espirituales, psicológicos, etc., se trata de un libro que nos explica cuáles son las técnicas de la disciplina positiva y cómo aplicarlas, así como nos dice lo necesario que es poner límites pero no castigar físicamente.
Respecto al ejemplo mencionado líneas arriba, Gaudi Rodríguez Juárez afirma:
El maltrato propinado a un niño en vía pública suele ser consecuencia de una acumulación de tensión que llega a tal nivel que resulta inmanejable. Entonces la conducta del niño se convierte en la gota que derrama el vaso. O mejor dicho, el niño se convierte en el vaso donde el adulto derrama su torrente de frustración, desesperación, estrés y angustia” (Rodríguez Juárez, p. 178).
En un mundo utópico, a ninguna pareja se le permitiría ser papá y mamá si antes no estuvieran preparados para cumplir dichas funciones, asistiendo a un curso intensivo con este tipo de material bibliográfico y con instructores con el perfil de Gaudi Rodríguez. Así se podría garantizar que los papás tuvieran los conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes básicas para poder educar a un ser humano en valores como el respeto, y evitando por completo los castigos y cualquier tipo de violencia.
Existen afortunadamente instituciones que conocen y trabajan para erradicar la violencia de las que podemos aprender mucho y también podemos colaborar cada quien desde su propia condición de vida. Algunas de ellas son:
El Diálogo Nacional por la Paz, que nació en 2022, a partir del asesinato de los jesuitas en la Sierra Tarahumara (y que todavía no se esclarece) ha estado organizando Conversatorios por la Paz y cuenta con metodologías para lograr que las comunidades dialoguen en el respeto hasta lograr acuerdos para una vida pacífica de manera permanente. Su director ejecutivo es el Padre Jorge Atilano González Candia S.J., quien cuenta con un equipo de profesionales en las temáticas que desarrollan, buscando esas “Buenas Prácticas” que nos alejan de la violencia. En su sitio web encontramos que:
Con la intención de abrir espacios de diálogo en el ámbito local para recuperar la sabiduría de la ciudadanía en los temas de paz, justicia y seguridad, presentamos la propuesta de “Conversatorios por la Paz”. Se trata de un itinerario de diálogos sociales que anime las iniciativas locales de paz y nos prepare para el Encuentro Nacional Justicia y Reconciliación para la Paz, donde se socializará la experiencia de los conversatorios, se dialogará con diferentes actores sociales y se elaborarán recomendaciones para avanzar en la construcción de la paz (https://dialogonacionalporlapaz.org.mx/new/) .
Por otra parte, la organización sin fines de lucro que nació en 2013 Reinserta (https://reinserta.org/reinserta-quienes-somos/) ha estado realizando una labor importantísima en el contexto de la violación a los derechos de las niñas, niños y adolescentes. En su propia página web se pregunta: ¿Por qué nuestras y nuestros sobrevivientes nos necesitan?, y la respuesta es la siguiente, porque: “-Más de 32 mil niñas, niños y adolescentes sufren algún tipo de violencia al año. -Padres, hermanos y tíos son los principales agresores sexuales durante la infancia y adolescencia. -El índice de denuncia de violencia a niñas y niños es casi nulo; además de enfrentarse a procesos revictimizantes. -Casi 800 niñas, niños y adolescentes viven en orfandad a causa de feminicidios al año. -El 93% de las víctimas de violencia sexual menores de 17 años son niñas. -México es el país con mayor consumo de pornografía infantil en el mundo” (https://reinserta.org/sobrevivientes/).
Así pues, considerando la frase de Martin Luther King “No me estremece la maldad de los malos, sino la indiferencia de los buenos”, si no queremos pertenecer al grupo de los buenos-indiferentes a la realidad que nos asfixia, tomemos una actitud propositiva en favor de la Cultura de Paz. Y ante la proposición “No hacer nada es complicidad”, tomemos la decisión de no ser cómplices de esta violencia que se naturaliza cada día, primero informándonos de lo que ocurre y de lo que están haciendo organizaciones sin fines de lucro en favor del respeto a los Derechos Humanos y a la reconstrucción de la Paz en la sociedad. Junto a estos grupos, pongamos nuestro granito de arena, apoyando, difundiendo, colaborando en la medida de nuestras posibilidades.
María Esther Bonilla López es licenciada en Letras Españolas por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guanajuato; maestra en Desarrollo Educativo, y doctora en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional.