Escenarios • Creer que todo puede ser posible • Paola Arenas

“Y hubo una risa, la mía, que salió desde un lugar olvidado. Quizá de la infancia…”
Alcanzar el corazón, teatro a una sola voz - Foto, Paola Arenas
Alcanzar el corazón, teatro a una sola voz - Foto, Paola Arenas
Escenarios • Creer que todo puede ser posible • Paola Arenas

Hace mucho, mucho, mucho tiempo que no me reía así.

Así de bonito.

Así de blanco.

Así de inocente.

Este 7 de julio salí del Teatro María Grever con una sonrisa que no sabía que tenía guardada. Alcanzar el corazón, de Teatro de la ilusión, se presentó como parte de la edición 20 del festival Teatro a una sola voz, y en esa hora mágica —porque fue magia— todo se volvió posible.

El espectáculo es un monólogo, como exige el festival, pero no por ello solitario. Javier Rendón, egresado de la ENAD, mago de tiempo completo y artista escénico de corazón abierto, se sube al escenario con un solo objetivo: hacernos creer. No solo en sus trucos, sino en el otro. En la capacidad de confiar. De reír con el pecho.

Alcanzar el corazón, obra de Javier Rendón - Foto, Paola Arenas
Alcanzar el corazón, obra de Javier Rendón - Foto, Paola Arenas

Antes de la función tuvimos la fortuna de conversar con él. Nos contó, con esa mezcla de humildad y emoción que solo tienen quienes viven en serio su oficio, que su trabajo une la actuación, el clown y la magia. Y soltó una frase que se me quedó dando vueltas: la magia es creer que todo puede ser posible.

Y sí. Lo demostró.

En el escenario no hubo grandes escenografías ni aparatos rimbombantes. Hubo público. Público que subió, que participó, que fue parte del acto. Pero nunca se sintió expuesto. Nadie fue ridiculizado. Nadie señalado. A diferencia de ciertos payasos de plaza que hacen del defecto ajeno su fuente de humor, Javier hace del otro un cómplice, no un chiste.

Y eso también es magia.

Hubo fuego, hubo apagones, hubo telones que se levantaban con la imaginación. Y hubo una risa, la mía, que salió desde un lugar olvidado. Quizá de la infancia. O quizá de ese rincón del alma donde todavía creemos que vale la pena mirar al mundo con asombro.

Alcanzar el corazón no sólo es el nombre del espectáculo. Es una promesa cumplida.