El Evangelio según • Despotismo • Víctor Hugo Pérez Nieto

"...Si nos dejamos quitar el agua, luego nos convertirán en un depósito de los desechos tóxicos del corredor industrial porque admitiremos que en el sur somos guanajuatenses de segunda clase."
El Evangelio según • Despotismo • Víctor Hugo Pérez Nieto

Aunque se confunden los términos entre tirano y déspota, existen ciertas diferencias.

La principal radica en su origen y legitimidad: el tirano usurpa el poder ilegalmente, mientras que el déspota ejerce un poder absoluto, legitimo, con extrema dureza y sin escuchar a otros interlocutores. Ambos abusan de su superioridad y actúan con crueldad, siendo el déspota más asociado a la soberanía absoluta y el tirano a la del usurpador.

El tirano actúa contra las leyes existentes, quebrantándolas. El déspota se sitúa por encima de la ley, siendo él mismo quien dicta las normas a su voluntad o las acomoda a su modo sin hacer grandes cambios. Trabaja con lo que ya hay: “a los amigos justicia y gracia, a los enemigos la ley a secas”.

El déspota se asocia más comúnmente a una soberanía sin restricciones. El término se utiliza para denunciar autoridades abusivas que niegan los derechos humanos: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.

Como ejemplo de tiranos por la manera que ocuparon el poder “quítate tu para ponerme yo’ se me ocurren: Francisco Franco, Pinochet o Rafael Videla.

Como ejemplo de un déspota, el principal que tengo es Adolfo Hitler, quien se hizo de poder de manera democrática para luego hacer lo que quiso.

Hablando de despotismo moderno, ni cómo pasar por alto a la Gobernadora de Guanajuato quien cumple todos los criterios (soberanía sin restricciones; autoridad abusiva que niega los derechos humanos; todo para el pueblo, pero sin el pueblo, o por lo menos sin los guanajuatenses del sur).

No hay manera de desmarcarla estudiando el proyecto del acueducto Solís-León, repudiado por los habitantes de 3 estados y solamente alimentado por la codicia humana. Una obra opaca, con información reservada y cuyo discurso contradice las matemáticas elementales: 3 – 2 = 1. No necesita ni diálogo ni explicación. Contradice también la historia de lo que los dos grandes acueductos le han hecho a la naturaleza: el Acueducto Nacional de Israel está secando al Mar Muerto y el canal de Karakum ocasionó el peor desastre ecológico del siglo XX al convertir en un desierto el Mar de Aral.

Quien crea que esos ejemplos son lejanos, que vaya a ver lo que queda del Lago de Pátzcuaro por el drenaje de agua para los huertos de aguacate. Repito: 3-2=1.

Lo que nos hacemos entre nosotros, paisanos, es imperdonable, pero lo que le hacemos a la naturaleza es peor. Si nos dejamos quitar el agua, luego nos convertirán en un depósito de los desechos tóxicos del corredor industrial porque admitiremos que en el sur somos guanajuatenses de segunda clase.

Los hombres nacen iguales y libres ante la ley, luego se quedan solos y dependen de su código postal. De nuestra cuenta corre que nos sigan tratando con desprecio por no haber nacido en León o por no ser gringos jubilados de San Miguel de Allende.

El rostro del despotismo no siempre es severo y cacarizo como el de Stalin, a veces tiene cierta belleza y una sonrisa burlona. El corazón podrido que se esconde tras esa fachada es aún peor.

Aunque nos intimiden, nos repriman, y nos menosprecien, y aunque los libros de historia no hablen de nuestro movimiento en 50 años porque se prohíbe siquiera tocar el tema en las escuelas, cada vez somos más quienes nos oponemos al acueducto Solís-León.

En el terreno moral no hay manera que nos derroten. Ninguna narrativa los justifica porque según la legislación clásica, apropiarse de bienes ajenos por la fuerza se considera robo.

Cada vez se les dificultará más el despojo. Aunque comenzamos solos, como quien predica en un gallinero, hoy ya no somos una gota en el mar, a merced del fascismo. Dejamos de ser el árbol que derribaron en la inmensidad del bosque a quien nadie escuchó y por eso no hizo ruido ni existió y nos convertimos en un movimiento ensordecedor que ahora quieren politizar y dividir para desprestigiar (no hay peor ofensa que llamarnos movimiento con tintes políticos cuando solo luchamos por nuestra supervivencia y dignidad. Equipararnos con ellos que lo hacen por plata es lo peor que pueden hacer).

Poco a poco se nos han unido más municipios de la ribera de Chapala y la cuenca Lerma-Santiago al grito “No al Acueducto Solís-León”.

¿De que tamaño será la promesa económica para los políticos involucrados en el proyecto? ¿Seguirá el sur del estado votando por el despotismo ilustrado panista o será el inicio del fin de este régimen neo porfirista?