¿TACHAS?

 

Y, sin querer cansarse más en leer libros de caballerías, mandó al ama que tomase todos los grandes y diese con ellos en el corral. No se dijo a tonta ni a sorda, sino a quien tenía más gana de quemallos que de echar una tela, por grande y delgada que fuera; a asiendo casi ocho de una vez, los arrojó por la ventana. Por tomar muchos juntos, se le cayó uno a los pies del barbero, que le tomó gana de ver de quién era, y vio que decía Historia del famoso caballero Tirante el Blanco.

—¡Válame Dios— dijo el cura, dando un gran paso—, que aquí está Tirante el Blanco! Dádmelo acá, compadre, que hago cuenta que he hallado en él un tesoro de contento y una mina de pasatiempos. Aquí está el Quirieleisón de Montalbán, valeroso caballero, y su hermano Tomás de Montalbán, y el caballero Fonseca, con la batalla que el valiente de Tirante hizo con el alano, y las agudezas de la doncella Placerdemivida, con los amores y embustes de la viuda Reposada, y la señora Emperatriz, enamorada de Hipólito, su escudero. Dígoos verdad, señor compadre, que por su estilo es éste el mejor libro del mundo

Miguel de Cervantes

 

 

Orlando Furioso 
A Don Quijote de la Mancha

Si no eres par, tampoco le has tenido:
que par pudieras ser entre mil pares,
ni puede haberle donde tú te hallares,
invicto vencedor, jamás vencido.
Orlando soy, Quijote, que, perdido
por Angélica, vi remotos mares,
ofreciendo a la Fama en sus altares
aquel valor que respetó el olvido.
No puedo ser tu igual, que este decoro
se debe a tus proezas y a tu fama,

puesto que, como yo, perdiste el seso;
mas serlo has mío, si al soberbio moro
y cita fiero domas, que hoy nos llama
iguales en amor en mal suceso

Miguel de Cervantes

 

 

Sólo se acepta el humor en su estricta jaulita, y ojo con trinar mientras suena la sinfónica porque lo dejamos sin alpiste para que aprenda. En fin, señora, el humor es all pervading o no es, como siempre lo supieron Juan Filloy, Shakespeare y Marx Ernst; reducido a sus propias fuerzas, solo en la jaulita, dará Three Men on a Boat, pero jamás Sancho en la ínsula, jamás mi tío Toby, jamás el velorio del Pisador de barro.

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No sé si Lezama vio que el desarrollo inicial del tema llevaría a pensar con gran recurso en Tristram Shandy, pues si bien José Cemí ya está vivo al comienzo del relato y en cambio Tristram, que cuenta su propia vida, ni siquiera ha nacido a mitad del libro, es evidente que el protagonista en torno al cual se organiza Paradiso queda en la penumbra mientras  mientras el libro avanza.

Julio Cortázar

 
 

 

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