Es lo Cotidiano

Nabucco

Narración de Yolanda Alonso

Tachas 05
Tachas 05


la muerte de mi perro sin palabras
me duele más que la del perro que habla,
y  engaña, y ríe, y asesina.

Abigael Bohórquez

Te pido perdón Nabucco Donosor. Tu historia fue igualmente condenada a la de todos mis muertos. No hay nada memorable que contar, eras un perro corriente que intercambiamos por un chocolate. Te escogí porque entre toda la camada eras el único negro y caminabas como podías, quiero pensar, hacia mi. De principio no fuiste bienvenido en casa, pero al final te quisieron porque eras un espejo para ellos.

No te gustaban los cariños, ni te resguardabas  para dormir, asustabas a los perros más grandes y más feroces que tú. Los seis meses de vida que compartiste con nosotros se pueden resumir a dos baños, tres paseos al parque y unos cuantos más al terreno de la iglesia.

Antes de que murieras te vimos triunfante sobre una pila de basura, sonreímos… minutos después al asfalto, a la muerte instantánea, apenas una mancha de sangre, un rasguño.

Mi perro fue atropellado la primera vez que intentó cruzar la calle. Y todos lloramos más que el día que mamá murió. Lloraron los dos muchachos con uniforme de futbol que te arrollaron, que intentaron esquivarte y sentían bien feo, decían. Lloraron los de casa porque no estaban preparados para una muerte más.

Me sumé al llanto, te cerramos los ojos, te envolvimos con un chal. En una cañada cavamos tu tumba, culpables, la cubrimos con piedras.

Del sepelio regresamos con el regazo cargado de membrillos.

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