Martes. 15.10.2019
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La Reina Mística y El Caballero de la Media Noche

Daniel Medina Flores

La Reina Mística y El Caballero de la Media Noche

Lizet entró a su cuarto. Portaba solamente una vela. Su intención era leer aquel libro que tanto buscó, pero que por diversas razones no podía encontrar, hasta que en uno de esos bazares escondidos dio con él.

La reina mística y el caballero de la media noche iniciaba cuando Britannia, caballero leal a su Rey, entró en el bosque negro para matar a la bestia que atormentaba su reino. Justo en la mitad de la aventura apareció la reina mística ante los ojos del caballero.

—La gente debe ser muy estúpida. No he visto nada peligroso en este libro como para prohibir su venta —dijo Lizet, mientras, emocionada, continuaba devorando página tras página del libro al amparo de esa débil luz de vela.

“La reina mística se acercó paso a paso, en tanto Britannia se arrodillaba en señal de respeto. —¿Por qué vienes a este bosque, caballero? En tu patria, aquel que llamas Rey se apropia de las tierras de los campesinos, obligándolos a trabajar largas jornadas, reclama la razón solo para él, se queda los tesoros del reino sin compartirlos y manda a misiones peligrosas a sus nobles guerreros, solo para reclamar como suyas las glorias obtenidas por los hombres.”

La emoción de Lizet no podía ser mayor. Cambió de hoja, esperando el final donde el caballero obtuviera la victoria para su reino.

—Britannia, ojalá hubiera caballeros como tú —decía Lizet.

Varios soldados, fuertemente armados, entraron a la casa, destruyendo todo a su paso. Perdida en la lectura, Lizet apenas lo notó, pero la puerta de su habitación cedió ante los empujones, volviendo a la realidad a la joven que segundos antes devoraba las páginas del libro.

—¡Tiene el libro, Capitán! —gritó el Sargento.

—¡Arrójalo hacia nosotros y levanta las manos, estás arrestada por violar la ley contra la buena lectura!

—¡Yo soy Britannia! —gritó Lizet. ¡Soy el caballero de la media noche!

—¡Mátenla! —ordenó el Sargento.

Segundos después, el cadáver de Lizet yacía en el suelo, con sangre brotando de su cuerpo y el libro al lado. El Sargento lo tomó para entregarlo a su superior.

Qué tonta —dijo el Capitán—, si supiera que Britannia al final muere a manos del Rey. Comenzó a reír al tiempo que salían del cuarto, dejando el cuerpo de Lizet insepulto, como a muchos otros les había ocurrido.

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