Es Lo Cotidiano

Día 3

Daniel Medina Flores

Caminas rápido, lo más rápido que puedes. Las piernas comienzan a ponerse tensas produciendo un dolor incómodo con cada pisada. Es una sensación de frío que se apodera de las espinillas y sube poco a poco hasta el muslo. Necesitas detenerte, lo sabes, pero no puedes hacerlo pues ya vas muy tarde. ¿Tenías que quedarte tanto rato con ella? ¿Era necesario?

—La besé cuanto tiempo quise, preferible besar a una mujer durante un largo rato que recordar ese sentimiento de odio, de decepción.

La noche sigue su curso, cada vez más oscuro, más y más oscuro. Las calles casi desiertas, es lunes, el inicio de semana después de la gran traición cometida el fin de semana. Todos están en casa descansando, preparándose para continuar la semana, algunos van al único bar abierto, nunca cae mal un San Lunes. Y pasas a lado de algunas personas, ellos están completamente diferentes a ti, no vieron lo que tú viste, no sienten lo que tú sientes, no hay la sensación extraña en el cuerpo. Ellos saben lo que tú sabes, no todo, de lo contrario estarían contigo, pero lo que ocurrió parece no importarles pues en unas semanas, quizá algunos días y con la ayuda de distractores lo olvidarán, cada que se los recuerden les dará flojera y una gran indiferencia.

Es que ellos tampoco observaron los videos de la casa y mucho menos los talones, los vales por cien pesos que, desde un año antes repartieron, y eso ellos no lo saben, o quizá, sí alguien se los cuenta, no lo creerán y tampoco tendrán interés. Por eso no tienen el miedo que tú tienes. Pero sigue caminando, es tarde y el dolor no se va a quitar por más que te decidas a detenerte ahora.

Piensas en todo lo sucedido en los pasados meses. Hasta antes de mayo jamás te imaginaste que estarías en esta situación. La vida giraba en torno a la escuela, idiomas, libros y la novia, pero mayo lo cambió todo. Ahora marchas, tienes la osadía de plantarte, junto con otros más, enfrente de la policía y manifestarte todo lo que quieras. Entras a teatros repletos de derechistas y traidores para tratar de reventar presentaciones de libros. Sí, eres diferente, no físicamente, pero si tienes una concepción completamente distinta de la realidad que veías antes. No eres el único, allá a dónde vas hay más personas como tú, más de quince, y todas con el mismo sentimiento en el cuerpo, la misma impotencia, la misma decepción, el mismo miedo.

Y apenas atravesaste el parque donde la Libertad vigila las calles, no te detuviste a mirarla porque para ti la libertad fue atada el fin de semana, no fue necesaria una guerra para lograrlo. Bastaron unos billetes, una simple mentira disfrazada de ilusoria esperanza. Así se asesina a las libertades ahora, solamente hay que cruzar una banderita con siglas, así mandan las nuevas tiranías.

Cuando subes por la calle todo sigue callado, sin ningún ruido que pueda alterar la aparente paz que reina en el ambiente. Sigues caminando y el dolor es cada vez más y más fuerte, en lugar de calentar tus piernas calentaste otras partes del cuerpo. Preferiste dar placer y recibirlo en lugar de pensar en el miedo y la impotencia que hacen hervir tu mente estos días. ¿Qué fue lo que te gustó más de ella? Acaso era su cabello rojo como las llamas de una antorcha que iluminan un templo pagano, ¿sus ojos? Esos que creíste ver de un color diferente tres meses antes. O sólo fue el simple deseo de tocar su piel, recorrer cada milímetro con tus manos mientras ella te aprobaba esa acción con su mirada. ¿Qué fue? ¿El deseo de besarla sabiendo que era algo prohibido?

Querías hacerlo desde hace meses y lo lograste, ¿Estás contento? Tenías deseos de quedarte, de volver a tocarla, de besarla hasta que se secaran tus labios pero tienes conciencia y ella te dictó que era imperativo reunirte con los demás para saber que harán. Querías llevarla pero no es buena idea, ella estaba cansada, además sería una total estupidez hacerla caminar a tu lado ¿Y si le ocurría algo? Si vienen por ti, ¿vivirías tranquilo sabiendo que ella sufrió por el simple capricho de haberla sacado esa noche? No, no vale la pena, ya habrá otros días, la tendrás nuevamente y podrás recorrer su piel, tocar su pecho, besarla a placer ¿Es lo que deseas, verdad? Pero hoy no, ésta noche necesitas realizar otras cosas.

En la esquina ves a una patrulla, escuchas su sirena. El medio se posa en la nuca y desciende poco a poco por la espalda, sientes esa sensación que tanto habías pensado pero que no había ocurrido. Vienen por ti, saben que conoces a los que buscaban ayer, saben que conoces a muchos de los que vigilan, tú eres uno de ellos, eres de los que marchaban. Eso es lo que hace que te conozcan casi a la perfección ¿Y ahora qué vas a hacer? Quedarte en las sombras, quizá no te hayan visto todavía, ¿Vas a correr? A pesar del dolor en las piernas porque deseas descubrir qué tal se encuentra tu condición física. Piensas mucho pero no haces nada, sólo seguir caminando, cada vez acercándote más a la patrulla.

—¡Al carajo! Lo que tenga que ocurrir que pase de una vez por todas. No les tengo miedo, eso ya lo perdí desde mayo pero si quieren agarrarme no los voy a dejar que sea así de fácil.

Pero el asunto no es contigo, pasaste a un lado, volteaste a verlo la cara y no te dijeron nada a pesar de la calca con el peinado censurado y los tres números que últimamente les han causado tantos problemas. Falsa alarma, a ti no querían agarrarte, pero no es así de sencillo. Los están vigilando, los asechan como una fiera con su presa, siempre hay un momento para realizar el movimiento y no es este.

¿Recuerdas las fotos? Esas que tomaron el día 30 cuando ibas marchando, allá arriba las tienen, no sólo las tuyas, también las de todos los demás. ¿En verdad no te da miedo? O simplemente estás alardeando, mientras por dentro tiemblas y lloras como un bebé? No es cualquier cosa contra lo que luchas, son los mismos que asesinaron hace cuarenta y cuatro y cuarenta y un años. Diferentes rostros pero misma actitud. Los mismos traidores, asesinos, corruptos, vende patrias ¿En verdad no tienes miedo?

—Al carajo, que pase lo que tenga que pasar. Si me toman no soy el único, detrás y a mi lado hay muchos, aquí nadie es indispensable.

Y ella que estará haciendo. Le dijiste que era extraño lo ocurrido, en tu mente acordaste no besarla una vez que abriera la puerta, pero lo hiciste y ella también estuvo de acuerdo, no pasó nunca por su mente aquello, simplemente se dejó llevar, dejó que las cosas ocurrieran “No es bueno pensar en esas situaciones” ¿Están traicionando a alguien? ¿Están siendo desleales? No, ¡nunca!, lo otro ya pasó, ya fue y lo único que hay es vivir el ahora.

Quieres verla de nuevo, regresar, tocar la puerta, que ella abra y besarla, ver su cuerpo, su cabello de fuego y sus ojos. Lo quieres hacer, lo deseas con todas tus fuerzas pero primero es lo primero. Pasa sin detenerte por el bar donde tantas veces te emborrachaste los últimos dos meses, donde platicaste con ella apenas hace una semana. Sigue caminando a pesar del dolor.

Dos casas más adelante está la calca con el peinado censurado. Ahí está el destino. Todavía estás pensando en regresar pero ya es imposible, habrá días para ella. Ahora que entres todos te verán respirar con dificultad, caminar arrastrando la pierna, despeinado y pidiendo un poco de agua, se preguntarán entre bromas, quizá para bajar la tensión del momento, qué te ha ocurrido. Las hojas siguen ahí, los talones, las libretas, todo sigue como ayer. Una vez que den a conocer todo, seguirá el malestar, el odio, seguirá la decepción, no importa qué hagan, seguirá el odio.

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