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Bourbaki y Cioran

Rolando Alvarado Flores

Bourbaki y Cioran

Las novedades resultan de la insatisfacción y aunque ésta nunca mengua, quienes la padecen sienten ser los primeros en sufrirla. Para Jean Dieudonne, André Weil, Henri Cartan, Claude Chevalley, Jean Delsarte, René de Possel, Charles Ehresmann y Szolem Mandelbrojt, creadores del ficticio Nicolas Bourbaki, en 1935 parecía que las matemáticas francesas morían sin remedio porque carecían de rigor, empeñadas como estaban en seguir las líneas trazadas por matemáticos como Maurice Fréchet, Jacques Hadamard o Émile Borel, quienes veían en la aplicación de las matemáticas a la física, las finanzas o los seguros la culminación de las mismas. Pero para fundar un nuevo rigor necesitaban tanto de un concepto unificador como de una figura que lo promoviera desde una autoridad incuestionable. La idea clave para ellos fue la de “estructura” y el personaje Bourbaki les dio unidad. Nicolas Bourbaki, junto a Claude Levi-Strauss, fueron los principales postulantes de que el estudio de las estructuras era el síntoma de la objetividad y el rigor en la investigación. Es bien sabido que Bourbaki, bajo la figura de André Weil, colaboró con un apéndice para “Les structures élémentaires de la parenté” de Levi-Strauss. También son bien conocidos los problemas que enfrentaron tanto Bourbaki como Levi-Strauss para fundamentar claramente sus vagas nociones sobre la estructura. Bourbaki, por ejemplo, siempre fue confuso en su uso del concepto, y cuando alegó definirlo con precisión –.e.g. en el capítulo final del tomo “Théorie des ensembles”- no le encontró ningún uso en la obra posterior.  Pero fuera de las virtudes reales, o fingidas del estructuralismo, la creación del personaje ficticio Bourbaki resultó útil porque permitió presentar un frente común, una unidad bajo la que yacían las tensiones que mantenían los miembros del grupo respecto a lo que eran y deberían ser las matemáticas de su tiempo y del tiempo posterior. Esa unidad permitió a Bourbaki ejercer una influencia enorme y funcionar como imagen del rigor, no sólo en las matemáticas sino en campos muy diversos de actividad intelectual. Aquí resulta sugerente recordar una frase de Borges en “Tlon, Uqbar, Orbis Tertius”: “Casi inmediatamente, la realidad cedió en más de un punto. Lo cierto es que anhelaba ceder. Hace diez años bastaba cualquier simetría con apariencia de orden –el materialismo dialéctico, el antisemitismo, el nazismo- para embelesar a los hombres”. Llamemos a esa simetría estructuralismo, dotémosla de un personaje carismático que la proponga, cuyo nombre aparezca regularmente en revistas acreditadas, demostrando teoremas para darle realismo, y estaremos listos para embelesar a los hombres. En esta fantasmagoría un personaje ficticio crea resultados demostrables, pero hay otro ejemplo en el que hombres “reales” promueven resultados ficticios o reputaciones imaginarias, también movidos por una insatisfacción.

Si algo podemos reconocerle a Fernando Savater es la incansable labor publicitaria que ha hecho del literato rumano E. M. Cioran, postulando que la obra de este hombre corresponde a los rigores de la filosofía y no a los entretenimientos de la literatura. El estilo de filosofía que promueve Savater, lo dice muy claro en “Nihilismo y acción” y “La filosofía tachada”, no tiene enormes pretensiones, porque toma por un hecho que los grandes sistemas metafísicos son construcciones equivocadas que no pueden convencer a los seres humanos. Decide esbozar una genealogía de pensadores afines a su proyecto –Sade, Nietzsche, Klossowski, Bataille- para los que las certidumbres del cristianismo y el idealismo alemán están agotadas; pensadores que invocan, pomposamente, el “fin de la filosofía” y la total incertidumbre. Entre ellos el que piensa con el mayor énfasis, según Savater, es E. M. Cioran. Para Savater el rumano es la cumbre de la lucidez, el paradigma de la única filosofía que cuenta porque es la que piensa la soledad, el aburrimiento, la crueldad humana, las ironías de una historia consistente de exabruptos grotescos, el vacío de la existencia, las ilusiones autoimpuestas, el silencio, las enfermedades del cuerpo, la santidad y, por supuesto, la necedad de cualquier otro tipo de filosofar. Cioran piensa estos temas desde su posición subjetiva, desde sus vísceras, usando como método su estilo literario pletórico de metáforas sugerentes. Todo esto de acuerdo con la posición de Savater, para quien, en las obras ya citadas, la filosofía es un “estilo”, un medio para mostrar la propia posición subjetiva. Por supuesto, la visión de Savater es miope, como la de Bourbaki: el rigor de las matemáticas se refunda de nuevo por el propio desarrollo de las matemáticas, y evitar la lógica y la teoría de categorías no hace sino mostrar las arbitrariedades y limitaciones de su proyecto. De la misma manera, todos los adeptos a la tesis del “fin de la filosofía” confunden sus proyectos personales o de grupo con el total de la actividad filosófica: un vistazo a las revistas de filosofía revela que se siguen construyendo sistemas, que se reflexiona sobre problemas suscitados por la ciencia o la sociedad. La tesis del “fin de la filosofía” es una tesis entre otras que tiene, además, la característica de contradecirse, porque inaugura un estilo de filosofar que pretende hacer pasar divagaciones por pensamiento profundo. Sin embargo, parafraseando a Borges, la realidad cedió en más de un punto porque anhelaba ceder, y se escriben tesis sobre Cioran, se publican libros sobre su obra bajo el rótulo de “filosofía”, aparecen revistas analizando su forma de filosofar. Dos o tres simetrías bastan, cuatro o cinco metáforas bien escritas vociferando sobre el dolor o el silencio, alegando la caducidad de Hegel, son más que suficientes para convencer a los convencidos que una nueva verdad surgió en el mundo.

Rolando Alvarado Flores. Nació en 1973, sobrevivió al salinismo y el obradorismo. Estudió física y tiene publicados 19 artículos de investigación en revistas como "Physical Review", "Physica D", "Journal of Physica A", "Foundations of Physics", "Revista Mexicana de Física". En sus ratos libres colabora en la revista "Dos Filos" y mantiene una columna semanal en la Jornada Zacatecas, donde escribe lo que se le ocurre. No se sabe cuándo morirá.

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