Es lo Cotidiano

Más allá de la misma izquierda

Más allá de la misma izquierda

Não precisa morrer pra ver Deus
Não precisa sofrer pra saber o que é melhor pra você
Encontro duas nuvens
Em cada escombro, em cada esquina
Me dê um gole de vida
Não precisa morrer pra ver Deus

Criolo
 

Cuando pensamos en Estados Unidos de América, rara vez o nunca lo relacionamos con la izquierda. Aun cuando el festejo del primero de mayo sea por los hechos en Haymarket Square, donde fueron muertos ocho obreros anarquistas y otros tres fueron puestos presos. Esto ocurrió en 1886, y desde aquella fecha hasta nuestros días, el pensamiento de izquierda ha evolucionado mucho. Hoy se habla de una posizquierda, un movimiento que en México es bastante marginal y rechazado por las formas más ortodoxas de la ideología: los partidos políticos la nulifican y los anarquistas prefieren los uniformes y asaltar oxxos, que jugar.

Los posizquierdistas provienen directamente de Henry David Thoreau, Max Stirner y los situacionistas franceses. Podemos encontrar sus reflexiones y actividades en revistas como anarchy: A Journal of Desire Armed, Green Anarchy y Fifth Estate, así como en diversos libros y pasquines publicados por pequeñas editoriales autónomas. En español, podemos encontrar algunas traducciones en editoriales como Virus o Acuarela (llevada ésta por Amador Fernández-Savater). Algo que enmarca este tipo de izquierda es su propuesta lúdica: son juguetones hasta el cansancio; suelen hablar como si bromearan, pero son muy serias sus propuestas; algunos de ellos tienden al primitivismo, pero otros no. Son pensamientos frescos y difíciles de mantener en conjunto. Pero hay un vínculo de teorías y prácticas que los une:

  1. Teoría y crítica de las organizaciones
  2. Crítica anti-ideológica
  3. Rechazo de la moralidad
  4. Crítica de la política de la identidad
  5. Rechazo del trabajo
  6. Auto-teoría o teoría de uno mismo
  7. Vida cotidiana, creación de situaciones e inmediatismo

 

Suelen cuestionar la manera en que la teoría y las organizaciones sociales han concentrado el pensamiento: las organizaciones sirven para hacernos trabajar, no para divertirnos. De allí que hay qué dudar de ellas, pues han buscado el control de nuestra vida con estilos de vida acorde a lineamientos prescritos; tienden a eliminar la horizontalidad (derecho a la igualdad) para buscar líderes, y escudriñan “orígenes” que justifiquen la nulidad de los individuos.

Las ideologías suelen ser la carga epistémica con la que justifican su poder. Cualquier ideología determina el qué hacer de los individuos que la constituyen. La ideología buscará impedir el pensamiento único, basado en valores morales fetiches: impiden dudar de lo bueno y lo malo.

El rechazo de la moral no convierte al individuo en inmoral per se; por el contrario, en cuanto no hay asidero moral, el individuo buscará construir un conjunto de éticas para la sobrevivencia del entorno común.

Todos señalan a la experiencia de vida como elemento aglutinante, más allá de la “identidad” histórica. Cualquier sueño de origen sólo gesta formas de control y dominación sobre la comunidad.

En contrapropuesta a estos orígenes se antepone la teoría del sí mismo. Pasar la existencia tratando de contestar aquella pregunta primigenia: ¿Quién Soy? Pero no se responde desde la academia o desde elementos prescritos, sino de la actividad lúdica y el ocio que uno tiene.

Hay en la posizquierda una necesidad a sobrellevar la inmediatización de la existencia. Asumir la vida con todo lo que ella conlleva, negarse a la edición y el hedonismo de autoservicio.

Los argumentos en contra

Sin embargo, la posizquierda ha sido criticada como un anarquismo de estilo de vida. Se le considera más una moda que una propuesta seria. Murray Bookchin ha sido uno de sus críticos más fuertes, al esgrimir este argumento por la posición biocentrista de la posizquierda: los ataca como mistificadores románticos e irracionalistas, pues muchos de ellos buscan la autoproducción de alimentos, el cuidado ecológico y un aparente sectarismo frente al mundo pragmático actual.

Pero no es el único argumento en contra: lo mismo anarcosindicalistas que primitivistas o plataformistas los atacan. Unos por su negativa al trabajo productivo, otros por ser condescendientes con las tecnologías y unos más, por negarse a construir entornos tipo agrupaciones ecuménicas.

México y la posizquierda

Por extraño que parezca, este pensamiento ha sido usado por artistas más que por políticos o sociedad. Algunos de ellos –más por su trabajo o la teorización de él­− son: Felipe Ehrenberg, Maris Bustamante, Melquiades Herrera, Alfredo Núñez y Rubén Valencia. En generaciones más jóvenes podemos encontrar a otros artistas como Rocío Cerón o Amaranta Caballero, cuyo trabajo las acerca fuertemente a este pensamiento.

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