Es Lo Cotidiano

EL DICCIONARIO BIOGRÁFICO DEL FRACASO LITERARIO (III)

El colectivo Beasley

 C. D. Rose

El colectivo Beasley


Pocas de las grande obras literarias han sido compuestas por más de una mano. Mientras que alguno de los primeros poemas (incluyendo la Odisea y el Mahabharata) pueden haber sido producto de varios autores a lo largo de un periodo de tiempo, la época moderna no tiene nada semejante. El “prefacio” a las Baladas Líricas era obviamente el trabajo de Wordsworth, aunque él y Coleridge pretendieran lo contrario. Auden e Isherwwod colaboraron pero sin resultado destacable. El Grupo 52 experimentó en Holanda, mientras que en Italia Luther Blisset y varios Wu Ming han abierto camino pero han caído, inevitablemente, en la fragmentación solipsista. Gran parte de los escritores de género son, más o menos, comités, pero han producido poco que vaya a durar para siempre.

¿Qué hay en un grupo o en un colectivo que proscribe la grandeza literaria? Puede haber muchas respuestas a esa pregunta pero la más significativa es, probablemente, el hecho duro de que la escritura permanece siendo una actividad intensamente solitaria.

Algunos, sin embargo, persuadidos por el reconocimiento de sus propias carencias o, con más frecuencia, por razones ideológicas, han intentado utilizar esa tendencia. Uno de esos grupos sería el colectivo Beasley.

Formado en Hulme, Manchester, en 1979 (de hecho, no nombrados por el poema de John Cooper Clarke sino por la dirección postal de la comuna donde residían), el colectivo quería tomar la fuerza ideológica de la era del postpunk y casarla con el placer inmediato de estar en una banda, pero viendo que ninguno de ellos tocaba ningún instrumento (algo que, todo ha de decirse, no fue una barrera que detuviera a muchos en esa época fértil), decidieron trabajar en la esfera literaria. Después de todo, todos eran capaces de leer y escribir. Semejante estrategia lograría, según creían, “atacar la alta cultura imperialista desde adentro”.

Mientras muchos eran anarquistas otros eran maoístas, trotskistas, anarcosindicalista, leninistas, marxistas leninistas, kropotkinitas y lacanianos radicales. Se dice que Jürgen Kittler fue miembro durante poco tiempo, tal vez durante su época como bajista de la semilegendaria banda King Ink.

El colectivo liberó una IBM Selectric de la agencia de seguros en la trabajaba uno de ellos durante el día, y establecieron un riguroso método de composición. Se sentarían en un círculo en el suelo de su apenas amueblada casa y, en turno, teclearían un apalabra cada uno, engarzando lentamente las frases de obras literarias que, esperaban, “harían explotar el consenso neoliberal de posguerra”.

Su primera obra fue, por supuesto, un manifiesto.

No hay forma literaria más excitante que el manifiesto. Desparramar ideas por el firmamento artístico o hacer una gran declaración, con la creencia de que lo que uno está haciendo cambiará a la sociedad humana sin preocuparse por hacer algo que convierta en verdades tales proclamas, es una aventura excitante.

Sólo se produjo una copia del Manifiesto del colectivo Beasley. La máquina fotocopiadora de la agencia de seguros estaba en reparación.

Sin detenerse por eso el colectivo siguió componiendo, aunque su riguroso método significara que las obras eran lentas en producirse. Cada palabra que tecleaban debía pasar un estricto análisis ideológico y un enfurecido debate. Les costó seis meses producir su primer cuento, pero para entonces ya habían decidido que este género era una forma comercial y no pasaba sus estándares radicales. Subsiguientes decisiones les llevaron a concluir que la novela era “burguesa” y la poesía “elitista”.

Muchas bandas se disuelven por diferencias musicales (una manera de decir que ya no se soportan el uno al otro); muchos escritores siguen escribiendo, produciendo obras menores o rindiéndose cuando ya no les queda nada más por decir. El colectivo Beasley fue, al menos, único en esta perspectiva. Su trabajo cesó en 1982 debido a “incompatibilidad ideológica”. Por eso, al menos, merecen ser recordados aquí.

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