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Asterión, el comic | 14/20

José Luis Pescador

Asterión, el comic | 14/20

Las malas noticias nunca llegan solas.

La violencia fanática azuzada por líderes irresponsables, es cosa bastante común en América Latina. No sólo en AL. También en Asia, Africa, Europa y Oceanía. Hordas de fanáticos persiguen, improvisadamente armados, a Asterión –y a todos los diferentes: los nadies, los que no son aunque sean.

Secuencias del laberinto, las calles del lugar, sus ruinosas edificaciones, vista general.

El polvo del camino y algunas piedrecillas que caen, delatan la presencia del minotauro y bastan para hacer que furiosos perros de presa vayan tras la liebre. Sin miramientos. Quieren la presa, olisquean la sangre. Lo olfatean sin nariz, lo ven sin ojos, ciegos y sordos, atizados con cocaína, envalentonados con anfetas, envenenados por el dogma del pastor. Como perros atacan en manada. Son los dientes del fanatismo, prestos a obedecer al amo, aquél que mueve los hilos. Son esquiroles, grupos de choque, carne de cañón, halcones, hinchas fanatizados, furiosos por complacer al vampiro de la catedral que les azuza contra el demonio con cara de toro.

Van en busca de su liberación, como lo diría San Borges, si fuera santo:

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos.

 

 

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