¡Pinche suerte!

Karen Lee Galindo

¡Pinche suerte!


A Lupe le encantaban los chismes. Y a quienes les encantan los chismes les encantan los cuentos. Lupe pensaba que las fantasías aburridas parecían realidad, y que las realidades exageradas parecían fantasía. 

Siempre creí que Lupe no sabía mucho de la vida. Y, bueno, la verdad es que yo tampoco. Pero el día que escuché esto de las realidades y las fantasías, llegué a la conclusión de que, en realidad, yo no sabía mucho de Lupe. 

 Ayer llegó a donde lavamos la ropa y empezó a maldecir. Después de lavar los calzones de su marido, salió disparada sin despedirse de nadie.

Todas empezamos a hacer suposiciones:

 -¡Si Joaquincito la trae cortita! - dijo la vecina del 45.

-A mí se me hace - murmulló en voz baja Olga - que ese viejo gordo que viene a cobrar la tele, ya anda llevándosela porque algo quiere con ella. Ya ven que últimamente anda muy amable con La Lupe.

-Cállense - interrumpió Doña Julia - no vaya a ser algo grave y nosotras aquí echando la sal.

 No cabe duda que la ropa no se lava con la boca. Yo alcancé a terminar trece blusitas con todo y la platicadita.

No les miento. Pasaron dos semanas (¿o habrán sido tres?) y otras como treinta prendas con sus respectivos chismecitos y Lupe ni sus luces. ¿A dónde habrá ido la condenada?

De repente veíamos llegar nomás muebles y chunches lujosos. Los niños seguían viviendo ahí pero ya llegaban mejor vestiditos. Bien raro, bien raro. A lo mejor Olga tenía razón. 

El otro día que me salgo a regar mis plantitas. Ya cuando casi me meto a darle de desayunar a mis chamacos, ¡ora sí! ¡que me asomo al barandal! Y ahí andaba La Lupe, pero que ni parecía La Lupe. 

Que le grito: 

-¡Comadre!

 Le grité fuerte y se hizo la sorda. Igual y ni me vio. En una de esas la confundí. Si se veía arregladita y Lupe siempre andaba bien zarrapastrosa. ¿Lupe?

 -Mijo, ven para acá, córrele - le llamé a uno de mis niños.

-A ver, asómese... Esa que está ahí de vestido moradito, ¿es su madrina?

Mi niño hizo chiquitos los ojos como para enfocarla bien y no regarla.

-Ay mamá, pos como que sí se parece. Pero quién sabe, ya ve que a mi madrina ni le gustaba arreglarse.

-Baje a investigarle y me avisa, en lo que está su desayuno.

-Ay mamá - que se me queja el escuincle desganado - pos ya para qué quiere saber. De todos modos siempre la anda criticando.

-Usted cállese y vaya a hacer lo que le digo.

 Entre que calentaba la tortilla y echaba ojito por la ventana, mi mocoso iba a paso de tortuga y a mí ya me andaba por saber.

De lejos alcanzo a ver que lo abraza y saca algo de su bolsa. Lupe nunca usaba bolsa. 

 Mi chamaco regresa corriendo conmigo.

-¡Mamá! ¡Mamá! Tenía razón... ¡Sí era mi madrina Lupe! Andaba toda pintada de la cara y con zapatotes altos. Parecía de esas que salen en las telenovelas, mamá, bien chula.

-¡Ah mira tú! ¿Y luego? ¿Qué tanto te dio?

-Unos centavitos.

-¿Cuántos centavitos?

-Un billetote de a quinientos, mamá... ¡Ahora sí soy rico!

 Dijo eso último y se fue corriendo sin que yo pudiera preguntarle más.

 Lupe siempre soñó con casarse con un muchacho adinerado pa que la tuviera llena de joyas y cosas caras. 

Ya ven que ella decía que las fantasías aburridas parecían realidad y las realidades exageradas parecían fantasía... Hoy veo a Lupe así, toda convertida en otra... Y no sé cómo.... No sé quién... No se de dónde sacó esa vida que ninguna de las que nos lavamos los nudillos todos los días mientras cotorreamos, tenemos... 

 Les digo que yo no sé nada de Lupe ya.

Pero se me hace fantástico que haya sabido exagerar sus deseos.

***
Karen Lee Galindo (León, Guanajuato, 1989) estudió Comunicación y se encuentra estudiando una maestría en Educación Artística. Sus diversas pasiones la han llevado por los caminos del teatro, la danza, la música y la literatura.

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